Más de 2,7 mil millones de personas respiran tabaco ajeno en este momento. Entre ellas, 767 millones son menores de 14 años. Un análisis global publicado en The Lancet Public Health acaba de confirmar lo que parece imposible de creer en pleno 2026: no existe exposición segura. Respirar el humo que otros dejan en el aire mata.

El dato que resuena en todos lados

Según el estudio Global Burden of Disease (GBD), 1,66 millones de muertes prematuras estuvieron vinculadas al humo de segunda mano en 2023. A eso se suma una cifra aún más devastadora: 44,8 millones de años de vida saludable perdidos. Pero hay algo más que alarma a los especialistas.

“No existe un nivel seguro de inhalación”, afirmó el equipo detrás de la investigación, haciendo énfasis en que ni la menor cantidad es tolerable.

A quiénes golpea más

Lo que emerge del análisis es un patrón sobrecogedor: mientras que los fumadores activos controlan su riesgo (parcialmente), quienes rodean al fumador inhalan una mezcla aún más tóxica. El humo secundario —ese que flota en el aire— no está filtrado. Contiene concentraciones más altas de compuestos cancerígenos que lo que aspira el propio fumador.

Las infecciones respiratorias afectan a millones anualmente. (Foto: Adobe Stock)
Las infecciones respiratorias afectan a millones anualmente. (Foto: Adobe Stock)

Las mujeres cargan desproporcionadamente con esta exposición. En regiones donde el tabaquismo femenino es históricamente bajo, la prevalencia es casi 1,8 veces superior a la de los hombres. Los niños, por su parte, sumaron más del 12% de la carga de enfermedad derivada del humo ajeno en 2023:

  • 5,2 millones de infecciones respiratorias documentadas solo ese año
  • Pérdida de 8,45 millones de años de vida saludable en menores
  • La cardiopatía isquémica como principal causa de muerte relacionada

Dónde está el riesgo más concentrado

En países como China, India e Indonesia, la exposición alcanza proporciones alarmantes: 664 millones, 444 millones y 142 millones de personas respectivamente. El Sudeste asiático toca el pico máximo global con el 48,4% de la población expuesta.

Lo inquietante es que aunque la prevalencia de fumadores bajó desde hace décadas, el número absoluto de expuestos se mantuvo prácticamente sin cambios. En África subsahariana, de hecho, casi se duplicó.

La acción que falta

“A pesar de esta importante carga, la exposición al humo de segunda mano rara vez se reconoce como un factor de riesgo importante para la salud de las mujeres”, señaló el informe. Esa omisión sigue siendo un eslabón débil en las políticas de salud pública.

Los autores son claros: se necesitan restricciones más estrictas en lugares públicos, espacios laborales y hogares, junto con limitaciones voluntarias en vehículos privados. Sin eso, seguiremos viendo cómo personas que nunca encendieron un cigarrillo absorben el riesgo de quienes sí lo hacen.