Más del 21% de los registros de rayas diablo correspondió a interacciones con pesquerías, un dato que refuerza el impacto de la captura dirigida e incidental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio basado en fotos de turistas, registros científicos y datos pesqueros confirmó la presencia de rayas diablo en 17 países del Atlántico occidental y el Caribe, donde estas especies en peligro crítico enfrentan una fuerte presión de la pesca y siguen siendo poco conocidas por la ciencia.

La investigación fue publicada en la revista Endangered Species Research y reunió información obtenida en países como Honduras, Venezuela, Brasil, Uruguay, Colombia y México, entre otros, a partir de un rastreo que también incluyó redes sociales.

El trabajo analizó tres variedades de rayas diablo: Mobula tarapacana, Mobula mobular y Mobula thurstoni. En total, los especialistas recopilaron 970 avistamientos de 1.866 individuos, según Mongabay.

La bióloga marina Gabriela Ochoa, una de las autoras, explicó que la búsqueda incluyó un seguimiento de imágenes compartidas por turistas y centros de buceo: “Nos tocó buscar en redes sociales, en YouTube, en Instagram, en centros de buceo, en todos lados”.

La especie más registrada amplió su rango

Mobula tarapacana fue la raya diablo con más registros y el estudio amplió su distribución hacia el norte hasta Massachusetts, en Estados Unidos (Gentileza, estudio Distribución de tres especies de rayas mobúlidas, publicado en Endangered Species Research)

Según el estudio, el tipo con más registros fue M. tarapacana, con 608 avistamientos y 1.378 individuos. La investigación extendió su avistamientos hacia el norte, frente a Salem, Massachusetts, donde en agosto de 2007 apareció un ejemplar muerto de 3,4 metros que al principio fue identificado por error como una mantarraya.

Las rayas diablo son parientes más pequeños y difíciles de observar que las mantarrayas, aunque pueden alcanzar hasta 3,7 metros de envergadura. Además, son animales pelágicos, es decir, viven en mar abierto, se desplazan de forma constante y pueden recorrer largas distancias.

La bióloga marina explicó que “están en constante movimiento y a veces pasan por zonas costeras donde son víctimas de la pesca”. También indicó que en lugares como las Islas de la Bahía de Honduras o Bonaire se observan con más frecuencia porque hay aguas profundas cerca de la costa, lo que facilita sus desplazamientos verticales.

La captura apareció en más de una quinta parte de los registros

El área entre isla Margarita y isla La Blanquilla, en Venezuela, surgió como una zona crítica para las rayas diablo y podría funcionar como hábitat reproductivo (Gentileza, estudio Distribución de tres especies de rayas mobúlidas, publicado en Endangered Species Research)

Uno de los datos centrales del estudio es que 208 de los 970 registros, es decir, más del 21%, correspondieron a interacciones con pesquerías. Ese hallazgo atraviesa todo el análisis y refuerza la preocupación por el efecto de la captura dirigida e incidental sobre estas especies.

En el caso de M. thurstoni, la situación resultó especialmente preocupante. Aunque solo se reunieron 99 avistamientos de 167 individuos, el 62,6% de sus registros en la región provino de capturas pesqueras.

La investigación identificó como punto más crítico a Venezuela, en particular el área entre isla Margarita y isla La Blanquilla. Allí se documentaron 94 individuos desembarcados por pescadores locales, entre ellos hembras preñadas de M. mobular y M. thurstoni, ejemplares inmaduros y machos adultos de M. tarapacana.

Zona clave para la reproducción

La investigación publicada en Endangered Species Research analizó a Mobula tarapacana, Mobula mobular y Mobula thurstoni y reunió 970 avistamientos de 1.866 individuos (Gentileza, estudio Distribución de tres especies de rayas mobúlidas, publicado en Endangered Species Research)

La presencia simultánea de hembras gestantes y animales en distintas etapas de desarrollo llevó a los autores a sugerir que esa zona venezolana podría funcionar como un hábitat reproductivo crítico para las especies.

En el caso de M. thurstoni, la mayoría de los ejemplares caribeños fueron observados en interacciones con la pesca, incluidos 33 individuos desembarcados en isla Margarita, entre ellos 7 hembras preñadas. Algunas de estas rayas fueron vistas frente a las Islas de la Bahía, en Honduras, en los cayos de Belice y en la isla de Granada.

En este país se detectó otro problema, la investigadora indicó que “si capturan una raya de manera incidental, la filetean y venden la carne, pero no es algo que hagan de forma sistemática”. Sin embargo, explicó que muchas veces los animales mueren antes de que los pescadores retiren las redes.

La científica agregó que “como caen en los trasmallos y estos los colocan por mucho tiempo, ya están muertas cuando los van a recoger”. Un panorama similar fue descrito para el Atlántico sudoccidental, donde la mayoría de los 35 avistamientos de este grupo en Brasil y Uruguay también estuvieron ligados a capturas accidentales.

El comercio de placas branquiales

Las rayas diablo viven en mar abierto, recorren largas distancias y aparecen con más frecuencia cerca de la costa en zonas con aguas profundas como las Islas de la Bahía y Bonaire (Gentileza, estudio Distribución de tres especies de rayas mobúlidas, publicado en Endangered Species Research)

La disminución de estos grupos se vincula con la demanda internacional de sus placas branquiales, estructuras usadas en algunos mercados asiáticos dentro de la medicina tradicional. Ochoa explicó que se trata de “la parte por donde están asentadas las agallas por donde filtran el agua y obtienen su alimento”.

La bióloga sostuvo que “existe tanta demanda en el comercio asiático por las gill plates que sus números han disminuido drásticamente”. Añadió además que “ya no se deberían poder exportar ningún producto derivado de estas especies”, en referencia al deterioro de sus poblaciones.

Ese contexto coincidió con una decisión tomada en 2025 durante una reunión de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) en Uzbekistán, donde todas las variedades de rayas diablo pasaron del Apéndice II al Apéndice I, la categoría más restrictiva y la que prohíbe la exportación comercial de productos derivados.

Áreas prioritarias para investigar y conservar

La demanda internacional de placas branquiales impulsó la caída de las poblaciones de rayas diablo y en 2025 la CITES prohibió la exportación comercial de productos derivados al pasarlas al Apéndice I (Gentileza, estudio Distribución de tres especies de rayas mobúlidas, publicado en Endangered Species Research)

Las tres especies analizadas figuran en peligro crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Aun así, los autores remarcan que persisten grandes vacíos de información sobre sus zonas de reproducción, crianza, alimentación y estructura poblacional.

Aunque de manera parcial, se conoce la función que estas rayas desempeñan dentro del ecosistema. Debido a que filtran y se desplazan continuamente desde aguas profundas hacia las superficiales y viceversa, estos animales transportan nutrientes entre diversas áreas del océano.

Entre los sitios prioritarios para futuras investigaciones, el estudio menciona la costa nororiental de Estados Unidos, la franja entre el sur de Brasil y Uruguay, isla Margarita y sectores como las Islas de la Bahía, Bonaire y las Islas Caimán. Allí, según el trabajo, se concentran datos relevantes o situaciones de riesgo por la actividad pesquera.

Además de ampliar el mapa de distribución, el informe plantea que esta información puede servir para que autoridades y gestores ambientales determinen si estos ejemplares amenazados habitan sus aguas y definan medidas de manejo para reducir su captura.