
Desde hace décadas, varios países se esfuerzan por evitar la extinción de una especie que hace siglos gozó de una amplia distribución: el ibis eremita (Geronticus eremita). Esta ave de plumaje negro, cabeza calva roja y un pico largo y curvado pasó de ocupar el norte de África, buena parte de Oriente Medio y el sur y centro de Europa a, a finales del siglo XX, solamente sobrevivir en Marruecos.
Los proyectos de recuperación llevados a cabo en lugares como España, Alemania o Italia para evitar la desaparición definitiva de este animal, que llegó a estar catalogado como “en peligro crítico de extinción”, están permitiendo que la emblemática ave retorne a lugares que históricamente ya había ocupado. Estos buenos frutos, sin embargo, siempre pueden revertirse, sobre todo cuando se aprueban medidas que ponen en peligro la supervivencia de especies protegidas y vulnerables.

Esto es precisamente lo que podría ocurrir en la región italiana de la Toscana, donde se ha autorizado la caza del ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus) en todas las zonas cinegéticas desde el 20 de septiembre de 2026 hasta el 31 de enero de 2027, sin límites diarios o estacionales de captura.
La medida se corresponde con un intento de erradicación de esta especie, que es invasora. El problema se encuentra en que el ibis sagrado es difícil de distinguir del ibis eremita en condiciones reales de caza y especialmente en vuelo. Así lo denuncian desde la asociación Waldrappteam, que se encarga de guiar con ultraligeros a los ibis eremita del centro de Europa en su migración hacia el norte de Italia o el sur de España.

“El ibis sagrado no es originario de Europa y ha establecido poblaciones invasoras en Italia y en otros lugares. Su gestión es necesaria, ya que la especie puede afectar a las aves acuáticas autóctonas mediante la depredación de huevos y polluelos y perturbando las colonias de cría”, explican en un comunicado. “Por lo tanto, la necesidad de una gestión efectiva no se discute. La cuestión es si una caza a nivel regional sin límites de captura es un método científicamente fundamentado y proporcionado para alcanzar este objetivo, especialmente cuando ya se han identificado riesgos para especies protegidas”, señalan, refiriéndose sobre todo al ibis eremita, una especie muy parecida que podría ser abatida por error.
Es algo que, además, ya ha ocurrido con anterioridad. En 2025, en la región de Lombardía se introdujo la caza intensiva del ibis sagrado, provocando que en solo tres meses fuesen derribados tres ibis eremita, una cifra considerablemente alta, si se tiene en cuenta que en los 20 años anteriores solamente se habían confirmado dos disparos de este tipo en toda la zona.

“Los disparos ilegales ya representan alrededor del 30% de las pérdidas registradas de ibis eremita en Italia”, explican desde Waldrappteam, donde añaden que “la caza intensiva de un ibis superficialmente similar”, como es el sagrado, “podría aumentar el riesgo de disparos accidentales no solo de ibis eremita, sino también de otras especies protegidas con un perfil de vuelo similar”.
El ibis sagrado, una especie invasora procedente de África
El ibis sagrado es originario de África y se distribuye de forma natural por los países africanos al sur del Sáhara, Madagascar, el sur de Irak y la isla de Aldabra. Como especie exótica invasora, se ha extendido a distintas regiones del mundo, como el oeste y el sur europeo, la península arábiga, Taiwán o la península de Florida. En Europa existen poblaciones asentadas estables en Francia, Países Bajos e Italia.

En España, esta especie no está establecida, pero sí se han registrado ejemplares y casos de reproducción esporádica en libertad, por lo que se encuentra incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Tal y como destaca en la ficha de la especie el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), su introducción se debe principalmente a escapes de parques zoológicos.
Un caso destacado de la presencia del ibis sagrado en nuestro país se localizó en Barcelona, donde entre 1983 y 1985 se asentó en libertad en el zoológico un máximo de 18 de estas aves, que estuvieron criando hasta 2001. La especie aún se mantiene en el zoo, pero fuera del medio natural. También se han observado individuos solitarios o en pequeños grupos en la costa mediterránea y en la cantábrica, llegando incluso hasta Pontevedra. Además, existen datos de la reproducción esporádica de este animal en Canarias desde 1997.

La introducción y asentamiento de esta especie invasora tiene impactos sobre las especies autóctonas, ya que puede depredar taxones amenazados como insectos, anfibios y otras aves reproductoras de medios acuáticos. Además, compite por los recursos tróficos y los lugares de reproducción con otras especies, por lo que las desplaza.
Junto a esto, el ibis sagrado modifica los hábitats por el aumento de la eutrofización en humedales, puede afectar a zonas de aprovechamiento de salinas y, debido a su habitual presencia en basureros, podría contribuir a la diseminación de patógenos.
La gestión de esta y otras especies invasoras es necesaria en materia de protección de la fauna y flora autóctonas, más aún en un contexto en el que su introducción es cada vez mayor por la acción deliberada o accidental del ser humano. Sin embargo, las medidas llevadas a cabo para el control de estas especies, en ocasiones, pueden interferir precisamente sobre aquello que se pretende proteger.

La autorización de la caza de ibis sagrados en la Toscana podría derivar en la muerte de ejemplares de una especie que hace menos de 10 años estaba catalogada como “en peligro crítico de extinción” y que desde 2018 está descrita en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como “en peligro de extinción”. La mejora del estado de conservación del ibis eremita precisamente se ha conseguido gracias a años de esfuerzos en su gestión y reproducción.
Cádiz, un lugar clave para la recuperación del ibis eremita
En las últimas décadas, España se ha erigido como uno de los bastiones del ibis eremita, pues la suelta de ejemplares en el sur peninsular ha conseguido comenzar a recuperar poblaciones. Hacía 400 años que en nuestro país no se observaba el vuelo de esta especie, pues se extinguió en el siglo XVII en España, al igual que en el resto de Europa.
El programa Eremita, iniciado en 2004 por el Zoobotánico Jerez (Cádiz) y la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, ha conseguido que en Andalucía comiencen a establecerse colonias. “La población ha ido aumentando poco a poco en libertad, aunque, en los últimos años y como en todos los proyectos de reintroducción, nos hemos encontrado con imprevistos o mortalidades no esperadas”, señalan desde el Proyecto Eremita. “La tasa de mortalidad natural en las aves de primer año es parecida a la que se ha registrado en poblaciones silvestres de cigüeña blanca, rondando el 60% de los pollos volados”.

En la actualidad, se estima que en Andalucía hay 300 ejemplares de ibis eremita, a los que se suman otros cerca de 300 en el centro de Europa y unos 700 en Marruecos. También en el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà (Girona) se ha llevado a cabo este año la suelta de 19 ejemplares a través de un proyecto impulsado por la Fundació Alive.
En los trabajos de recuperación de la especie, España no solo se erige como lugar de cría. Desde 2023, el proyecto Waldrappteam Conservation and Research ha elegido el sur de nuestro país como zona de invernada para el ibis eremita. Desde 2004, el equipo de Waldrappteam orienta la migración de estas aves a bordo de aeronaves ultraligeras. De esta manera, los ejemplares son guiados hasta áreas más cálidas durante el invierno para facilitar la conservación de la especie.
Entre la gestión de las especies invasoras y la conservación de las protegidas
Los esfuerzos para evitar la desaparición del ibis eremita están dando buenos frutos. Sin embargo, “la población sigue siendo vulnerable y las pérdidas adicionales evitables podrían socavar el progreso alcanzado hasta ahora”, destacan desde el equipo de Waldrappteam, que teme que la caza del ibis sagrado interfiera considerablemente en la conservación del ibis eremita.
La asociación, junto con WWF Italia y otras organizaciones de conservación, ha hecho un llamamiento a la región de la Toscana para que se suspenda la medida y se sigan las recomendaciones científicas del Instituto Nacional para la Protección y la Investigación Ambiental de Italia (ISPRA), que se ha opuesto a la autorización y ha advertido de los errores a los que podría llevar.
“La gestión de una especie invasora es necesaria, pero las medidas de erradicación deben estar científicamente fundamentadas, ser proporcionadas y diseñadas de manera que no generen nuevos problemas de conservación para las especies autóctonas protegidas”, concluyen.