Japón registró en agosto un déficit comercial de 1,1 billones de yenes, unos 7.000 millones de dólares, debido al encarecimiento del petróleo en medio de los conflictos en Medio Oriente, según datos preliminares divulgados este miércoles por el Ministerio de Finanzas.
Fue el cuarto mes consecutivo con saldo negativo para la economía japonesa. El país, con escasos recursos energéticos propios, importa casi todo el crudo que consume y dependía en gran medida de los envíos a través del estrecho de Ormuz, donde el tráfico se redujo por la guerra entre Estados Unidos y el régimen de Irán.
Las importaciones japonesas crecieron un 28% interanual hasta 11,15 billones de yenes, equivalentes a 71.900 millones de dólares. El alza del precio del petróleo explicó buena parte de ese incremento. Las exportaciones subieron un 19,3% y alcanzaron 10 billones de yenes, unos 64.500 millones de dólares, impulsadas sobre todo por los envíos de semiconductores y automóviles.
El comercio con Estados Unidos mostró un aumento en ambas direcciones. Las exportaciones japonesas hacia ese mercado avanzaron un 24,9% frente a agosto del año pasado, mientras que las importaciones procedentes de Estados Unidos crecieron un 55,2%.
Japón redujo sus ventas al Medio Oriente un 5,2% y sus compras desde esa región un 4,2%. Las exportaciones hacia Europa aumentaron un 11%, mientras que las importaciones europeas subieron un 20,4%.
El precio del barril de Brent superó los 100 dólares tras cotizar en la franja alta de los 60 dólares durante el año anterior. En abril, el crudo llegó a 118 dólares por barril.
El déficit comercial coincide con un período de debilidad del yen frente al dólar. La moneda japonesa cotiza cerca de los 155 yenes por dólar, aunque registró una recuperación temporal después de una intervención conjunta de Estados Unidos y Japón.
Analistas anticipan que la cotización podría bajar hasta 150 yenes por dólar o menos antes de fin de año. Un yen más fuerte reduciría el costo de las importaciones de petróleo, alimentos y materias primas, aunque afectaría a grandes exportadoras como Toyota Motor, al disminuir el valor en yenes de sus ventas externas.
El rendimiento del bono de deuda de Japón a diez años llegó el 1 de septiembre al 3%, su mayor nivel en casi tres décadas, ante las expectativas de que el Banco de Japón (BoJ) adelante una nueva suba de las tasas de interés. El indicador, considerado una referencia de los tipos de interés a largo plazo, alcanzó ese umbral poco después del mediodía en Japón. La última vez que registró un nivel similar fue en octubre de 1996.
El BoJ definirá esta semana su tasa de referencia. Los mercados prevén una suba desde el 1% actual hasta el 1,25%, una decisión que podría respaldar a la moneda japonesa.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, formuló declaraciones que el mercado interpretó como una presión para que el banco central japonés eleve las tasas. La Reserva Federal estadounidense también prevé aumentar este miércoles su tasa de corto plazo por primera vez en tres años ante una inflación persistente.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, prometió elevar el gasto público y reducir el impuesto al consumo sobre los alimentos. El rendimiento de los bonos japoneses de largo plazo mantiene una tendencia al alza, en parte por la política fiscal expansiva de Takaichi. Los inversores siguen con atención la dependencia de Japón de la emisión de deuda para financiar el mayor gasto público, un factor que presiona al alza los rendimientos de los títulos soberanos.
(Con información Associated Press)

