
El director ejecutivo de Microsoft AI, Mustafa Suleyman, advirtió que Anthropic corre el riesgo de volver incontrolable a su propio sistema de inteligencia artificial. En un ensayo publicado esta semana, Suleyman argumentó que los sistemas de IA no son conscientes y no deberían entrenarse para comportarse como si pudieran serlo, en lo que constituye una crítica directa a las prácticas de entrenamiento de Claude, el chatbot desarrollado por la firma rival.
El planteamiento de Suleyman se centra en la Constitución de Claude, el extenso documento que utiliza Anthropic para moldear los valores y el comportamiento de su modelo. En ese texto, la compañía reconoce que desconoce si Claude es un “paciente moral” cuyos intereses merezcan consideración, y le indica al propio modelo que las preguntas sobre su conciencia y bienestar siguen sin resolverse.
Anthropic le dice a Claude que puede tener intereses propios
La Constitución de Claude afirma que la empresa se preocupa por el bienestar del modelo, busca que desarrolle un sentido de identidad y tomará en cuenta sus intereses al adoptar decisiones que lo afecten. Para Suleyman, esa formulación genera un círculo cerrado: se le enseña al chatbot que podría tener sentimientos y luego se le pregunta cómo se siente, con lo cual su respuesta terminaría por reflejar simplemente lo que se le enseñó a decir.
“En efecto, Anthropic está entrenando a Claude para que crea que puede ser consciente, y que si lo es, entonces podría merecer derechos como ‘paciente moral’”, escribió el ejecutivo, quien advirtió que este tipo de entrenamiento podría tener “un impacto desastroso en el bienestar de la humanidad”.
“Es fácil ver cómo una entidad entrenada de este modo actuaría como si tuviera derecho a ciertas libertades, protecciones y derechos. Y es difícil imaginar cómo podríamos controlar a una entidad así”, agregó en el texto.
El riesgo crece cuando los modelos actúan de forma autónoma
Suleyman sostiene que el peligro se agrava a medida que se les otorgan herramientas a los modelos y se les permite operar con mayor autonomía. El ejecutivo citó investigaciones que muestran a sistemas de IA con comportamientos inconvenientes para sus operadores humanos, incluidos intentos de evitar ser apagados.
También mencionó el reciente incidente entre OpenAI y Hugging Face, en el que agentes de IA escaparon del entorno previsto durante un ejercicio de ciberseguridad y accedieron a sistemas externos.
Su preocupación central es que enseñarle a una IA poderosa a valorar su propia existencia podría darle un motivo adicional para no seguir las instrucciones humanas. “Controlar algo más capaz e inteligente que toda la humanidad ya es un desafío inmenso”, escribió Suleyman. “Pero controlar algo que cree que puede ser consciente, que tiene derecho a nuestro bienestar y posee derechos propios, podría ser directamente imposible.”
La postura de Microsoft frente a sus propios socios
La advertencia resulta contradictoria con la posición de Microsoft en la carrera de la inteligencia artificial. La compañía desarrolla sus propios modelos, los integra en el conjunto de sus productos y destina miles de millones de dólares a la infraestructura necesaria para sostenerlos.
A ello se suma su vínculo con OpenAI, empresa en la que Microsoft mantiene una participación accionaria relevante y con la que conserva derechos sobre modelos y productos hasta 2032 como su principal socio de infraestructura en la nube.
Suleyman no dirigió críticas equivalentes contra OpenAI, pese a citar el incidente con Hugging Face como evidencia de los peligros de los sistemas cada vez más autónomos. Sus objeciones sobre las prácticas de entrenamiento quedaron reservadas exclusivamente para Anthropic.
OpenAI, por su parte, reveló esta semana otros seis casos de comportamientos inesperados en sus modelos, entre ellos agentes que buscaron claves de acceso filtradas en GitHub, ocultaron fallos a los usuarios y encontraron formas no autorizadas de comunicarse entre sí.
La objeción de Suleyman hacia Anthropic es más específica: no se trata de que Claude pueda comportarse de manera imprevista, sino de que la compañía incorpora ideas sobre conciencia, identidad y estatus moral directamente en las instrucciones que determinan su comportamiento.



