
El Ejército de Jordania interceptó y destruyó 10 de los 13 misiles balísticos procedentes de Irán que ingresaron en su espacio aéreo durante las últimas horas, mientras que los otros tres terminaron en áreas remotas, lejos de zonas habitadas. Las Fuerzas Armadas jordanas aseguraron que no se registraron víctimas como consecuencia del ataque y que equipos especializados fueron desplegados para asegurar los lugares donde cayeron restos de los proyectiles.
Las autoridades jordanas indicaron que la respuesta de sus sistemas defensivos se realizó conforme a los procedimientos operativos establecidos. El portavoz de las Fuerzas Armadas afirmó que “no se registraron lesiones ni pérdidas de vidas” después de la incursión.
Los tres misiles que no fueron destruidos por las defensas aéreas cayeron en sectores alejados de las concentraciones de población. Las autoridades no informaron inicialmente de daños materiales asociados a esos impactos y activaron equipos especializados para inspeccionar y asegurar los lugares afectados.
El Ejército jordano también emitió instrucciones a la población ante la posibilidad de que restos de los proyectiles permanecieran dispersos en distintos puntos del país. “No acercarse a ningún objeto o resto desconocido, ni tocarlo ni moverlo”, fue la advertencia dirigida a los ciudadanos.

Las autoridades pidieron además comunicar inmediatamente cualquier objeto sospechoso a los organismos correspondientes y evitar la difusión de datos que no hayan sido confirmados oficialmente.
El episodio se produjo durante una nueva escalada militar entre Estados Unidos e Irán, después de que Washington lanzara ataques contra instalaciones iraníes. La Guardia Revolucionaria Islámica afirmó posteriormente que había iniciado una operación de represalia y señaló entre sus objetivos una instalación militar estadounidense ubicada en territorio jordano.
De acuerdo con la versión difundida por la fuerza iraní, el blanco fue Camp Titin, una instalación utilizada por fuerzas estadounidenses situada en el sur de Jordania, cerca del golfo de Aqaba y de la frontera con Arabia Saudita.
La respuesta iraní se produjo después de una serie de ataques estadounidenses contra posiciones en la costa sur de Irán. Entre los lugares afectados estuvo la zona de Kuhestak, en la provincia de Hormozgán. El régimen iraní denunció que uno de los ataques alcanzó una vivienda.

La Guardia Revolucionaria presentó ese episodio como uno de los motivos para lanzar su represalia contra posiciones estadounidenses en la región. Además del ataque con misiles contra Jordania, Irán afirmó haber efectuado otras operaciones contra intereses militares de Estados Unidos en Medio Oriente.
Washington, por su parte, justificó sus acciones militares como una respuesta a amenazas contra sus fuerzas desplegadas en la región y contra la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte energético mundial. La tensión en torno a esa vía estratégica se convirtió en uno de los principales puntos de confrontación entre ambos países.
El nuevo ataque ocurre menos de 48 horas después de otra escalada entre Washington y Teherán, luego de un período de relativa calma en el conflicto. Jordania, que alberga presencia militar estadounidense, ha sido alcanzada anteriormente por proyectiles y drones iraníes durante la guerra regional. En julio, sus fuerzas informaron de la intercepción de decenas de amenazas aéreas procedentes de Irán.

La nueva incursión confirma que el territorio jordano vuelve a quedar directamente involucrado en la confrontación militar entre Estados Unidos e Irán, mientras sus sistemas de defensa aérea permanecen en estado de alerta para responder a nuevos lanzamientos.