El estudio liderado por Melinda Webster y publicado en Nature Reviews Earth & Environment amplió con 15 a 20 años de datos el análisis sobre el hielo marino del Ártico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La temporada de pérdida de hielo marino en el Ártico dura hoy aproximadamente siete días y medio más que en 1979, según una investigación que actualiza las tendencias registradas durante los últimos 50 años. El cambio responde, sobre todo, a que el hielo se forma más tarde en otoño, un retraso que incrementa la absorción de calor por parte del océano y prolonga un ciclo que reduce la cobertura helada.

El trabajo, encabezado por Melinda Webster, investigadora científica del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington, fue publicado en Nature Reviews Earth & Environment. La científica visita el Ártico al menos una vez por año desde 2009 y, en algunas campañas, permaneció allí hasta cinco meses.

Para gran parte de la población, el Ártico y la Antártida son paisajes lejanos, conocidos a través de fotografías, relatos de expediciones o imágenes de medios de comunicación. Son pocas las personas que han viajado al Ártico y todavía menos las que han puesto un pie en la Antártida. Incluso para quienes solo observaron Groenlandia desde la ventanilla de un avión, dimensionar la transformación de esas regiones puede resultar difícil.

Webster, en cambio, la ha observado de cerca. “El hielo marino del Ártico no tiene muchos colores. Es una gama de azules y grises; un paisaje helado impresionante y austero que te hace apreciar lo duro y frágil que es el medio ambiente”, afirmó. Para la investigadora, “el estado de la capa de hielo es tanto un indicador como un amplificador del cambio climático”.

La nieve sobre el hielo marino del Ártico se volvió más delgada y la superficie más lisa, un cambio que afecta a osos polares y focas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El océano abierto absorbe más calor que una superficie cubierta de hielo

Las investigaciones ya habían establecido que el Ártico se calienta a un ritmo cuatro veces superior al promedio mundial. También habían documentado la disminución de la extensión y el espesor del hielo marino. El nuevo análisis amplía ese panorama con entre 15 y 20 años adicionales de datos y se concentra en las propiedades del hielo, con especial atención al denominado hielo perenne.

Ese término alude al hielo marino que logra sobrevivir al deshielo del verano. Sin embargo, la subida de las temperaturas reduce la proporción de esa cobertura que consigue permanecer de una estación a otra. Un ejemplo quedó registrado el 31 de julio de 2020, cuando un témpano de hielo perenne se derritió por completo, según una imagen atribuida a Webster.

La pérdida de esa superficie tiene efectos sobre el equilibrio térmico. El hielo marino refleja entre el 60% y el 90% de la luz solar que recibe, debido a su elevado albedo. En contraste, el agua oscura del océano devuelve solo el 7%. La diferencia importa: el mar abierto absorbe mucha más energía solar, eleva su temperatura y demora la formación de nuevo hielo durante el otoño.

Cuando la temporada fría finalmente permite que vuelva a congelarse el océano, se forma un hielo estacional más fino. Esa capa tiene menos posibilidades de resistir la primavera y el verano siguientes. El resultado es un mecanismo de retroalimentación: menos hielo deja más océano expuesto, el océano absorbe más calor y el sistema climático acumula más energía con el paso del tiempo.

El océano abierto absorbe más calor que el hielo marino porque refleja menos luz solar, lo que retrasa la congelación otoñal y refuerza el cambio climático. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La capa de nieve también se adelgazó y afecta a osos polares y focas

La investigación identifica otro cambio en la superficie helada del norte: la nieve sobre el hielo marino del Ártico se ha vuelto más delgada y el hielo presenta una textura más lisa. Esa transformación puede afectar a los osos polares y las focas, animales que dependen de esas condiciones para construir madrigueras y criar a sus crías.

Las consecuencias alcanzan, además, a la cadena alimentaria marina. Los cambios en la cobertura de nieve y hielo alteran las condiciones de luz para las algas, que constituyen la base de ese sistema. Adaptadas a ambientes con muy poca iluminación, estas algas quedan expuestas a una mayor entrada de luz solar cuando disminuyen la nieve y el hielo.

Según Webster, las algas “se queman con el sol” ante esa exposición. El deterioro de esos organismos repercute sobre los niveles superiores de la cadena alimentaria y abre interrogantes para la pesca en el Ártico y el subártico. Menos alimento podría traducirse en menos peces, una posibilidad que suma preocupación sobre la disponibilidad de recursos y el funcionamiento de esos ecosistemas.

El desplazamiento de un entorno adaptado al hielo hacia condiciones de océano abierto modifica la dinámica habitual de las especies. La alteración no se limita a una capa superficial: afecta la relación entre la luz, las algas, los animales que se alimentan de ellas y las poblaciones de peces.

La menor cobertura de nieve y hielo altera la luz que reciben las algas, impacta la cadena alimentaria marina y plantea dudas sobre la pesca en el Ártico y el subártico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Antártida registró pérdidas récord de hielo

El estudio también examina las diferencias entre los dos polos. La Antártida es una masa continental cubierta de hielo y rodeada de agua, mientras que el Ártico es un océano circundado por tierra. Aunque ambos comparten fenómenos asociados al frío y al hielo marino, sus sistemas físicos no son equivalentes y sus respuestas frente al cambio climático tampoco lo son.

Durante mucho tiempo, la extensión del hielo marino antártico no mostró una disminución comparable a la del Ártico. Esa tendencia cambió en los últimos cuatro años, período en el que la región registró pérdidas récord de cobertura de hielo.

Comprender el fenómeno presenta obstáculos logísticos. El despliegue de instrumentos en la Antártida resulta más difícil que en el Ártico y las mediciones disponibles tienen menor precisión, debido a la complejidad del sistema de hielo marino antártico. El artículo identifica el análisis de esos cambios recientes como una prioridad para las próximas investigaciones.

La publicación aparece cuando la comunidad científica comienza los preparativos para el quinto Año Polar Internacional, cuyo período de mayor actividad se prevé para la temporada 2032-33. Estas campañas de observación se realizan desde finales del siglo XIX, con intervalos de entre 30 y 50 años, para impulsar la investigación en las regiones polares y seguir la evolución ambiental.

La Antártida registró pérdidas récord de hielo marino en los últimos cuatro años y la comunidad científica prepara el quinto Año Polar Internacional ante la aceleración del cambio climático. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La próxima edición tendrá una particularidad: se celebrará apenas 25 años después del último Año Polar Internacional, que ocurrió en 2007. La reducción del intervalo responde a la aceleración del cambio climático y a la necesidad de reforzar las observaciones en el Ártico y la Antártida.

Para Webster, la respuesta de fondo exige reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. “Ese es el meollo del problema”, sostuvo. La investigadora reconoció que existen propuestas de geoingeniería, aunque señaló que hay poco consenso acerca de su seguridad y utilidad.

La científica planteó la necesidad de establecer regulaciones internacionales, elaboradas por comunidades representativas, que determinen qué investigaciones deben realizarse antes de aplicar cualquier medida de geoingeniería, en caso de que alguna llegue a ponerse en práctica. A su juicio, esas intervenciones solo podrían funcionar como un paliativo frente a la causa principal.

“Necesitamos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para abordar la causa subyacente del cambio climático, en lugar de limitarnos a tratar sus síntomas”, afirmó Webster. La investigadora dijo mantener una visión optimista sobre las soluciones para disminuir esas emisiones, a partir del avance de la innovación tecnológica y científica.