
El crecimiento de la movilidad eléctrica y de los sistemas de almacenamiento de energía está aumentando la presión sobre una cadena de suministro que combina materias primas críticas, procesos industriales distribuidos entre distintos países y múltiples niveles de proveedores. En ese escenario, la trazabilidad comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante para determinar de dónde provienen los materiales y bajo qué condiciones fueron obtenidos y procesados.
La cadena de baterías de iones de litio comprende seis grandes etapas, desde la extracción de materias primas hasta el reciclaje al final de su vida útil, y presenta una fuerte dispersión geográfica.
Mientras buena parte de los minerales necesarios se concentra en determinados países productores, las fases de procesamiento, fabricación de componentes y producción de celdas se encuentran agrupadas en otros mercados industriales. Esa configuración aumenta las dependencias entre regiones y vuelve más complejo seguir el recorrido completo de cada insumo.
El desafío no pasa solamente por conocer al proveedor directo. A medida que crecen los requisitos regulatorios y las condiciones exigidas por clientes, inversores y otros participantes de la cadena, las empresas necesitan ampliar la visibilidad hacia proveedores indirectos, instalaciones productivas y etapas anteriores del abastecimiento.
Del proveedor directo a la trazabilidad de toda la cadena
La producción de una batería involucra materiales como litio, cobalto, níquel y grafito, cuyos principales centros de extracción y procesamiento no necesariamente coinciden con los mercados donde finalmente se fabrican las celdas o se ensamblan los productos terminados.
El informe señala que países como Chile, Australia, República Democrática del Congo, Indonesia y China tienen un papel relevante en la provisión de materias primas, mientras que las etapas posteriores de la cadena se concentran especialmente en China, Japón, Corea del Sur, Europa y Estados Unidos. China, además, mantiene una posición particularmente importante en el procesamiento de materiales, la fabricación de componentes y la producción de celdas.
Esta concentración obliga a gestionar simultáneamente riesgos de abastecimiento, ambientales, sociales y regulatorios en distintas jurisdicciones. Para hacerlo, el documento propone evaluar cada cadena considerando tanto la actividad realizada como la ubicación de proveedores e instalaciones, y complementar ese análisis con auditorías, certificaciones, autoevaluaciones e información aportada por terceros.
La lógica implica un cambio relevante para las áreas de abastecimiento. La evaluación de proveedores deja de limitarse a variables como precio, capacidad productiva, calidad o cumplimiento de entregas, y suma información vinculada con la procedencia de los materiales, las condiciones en las que fueron producidos y la capacidad de acreditar esos datos a lo largo de distintos niveles de la cadena.
El propio análisis identifica a las etapas iniciales, fundamentalmente minería y procesamiento de materiales, entre las más expuestas a riesgos. Allí aparecen cuestiones relacionadas con el consumo de agua, emisiones, contaminación, seguridad laboral y condiciones de trabajo, cuya incidencia puede variar según el país y la actividad involucrada.

Nuevos requisitos aumentan la necesidad de información
La evolución regulatoria agrega otra dimensión. El Reglamento de la Unión Europea sobre baterías incorpora requisitos vinculados con sostenibilidad, trazabilidad y economía circular y contempla un Pasaporte de Baterías destinado a reunir información sobre aspectos como la huella de carbono, la procedencia de materiales y la reciclabilidad.
Más allá del mercado europeo, el informe describe una tendencia más amplia hacia sistemas de información y evaluación que permitan seguir el desempeño de las baterías y sus componentes a través de la cadena de valor. El objetivo es disponer de datos comparables y verificables, capaces de respaldar procesos de debida diligencia y detectar puntos de riesgo antes de que deriven en problemas de abastecimiento o acceso a determinados mercados.
Esto obliga a construir una trazabilidad que acompañe al producto desde mucho antes de su fabricación final. Para una compañía que adquiere componentes o materiales procesados, conocer únicamente a su proveedor inmediato puede resultar insuficiente si debe demostrar el origen de un mineral extraído varios eslabones antes o las condiciones existentes en una instalación ubicada en otro país.
El documento plantea por eso una gestión continua: mapear la cadena, identificar los segmentos con mayor exposición, aplicar medidas específicas y mantener mecanismos periódicos de monitoreo y verificación. La información obtenida puede utilizarse para priorizar proveedores o instalaciones que requieran un seguimiento más profundo y anticipar posibles vulnerabilidades.
La expansión global de las baterías convierte así a la visibilidad sobre la cadena de suministro en una variable cada vez más ligada a su continuidad y competitividad. En una red productiva distribuida entre numerosos países y proveedores, conocer el origen de los materiales y poder reconstruir su recorrido deja de ser únicamente una cuestión documental: pasa a formar parte de la gestión cotidiana del abastecimiento y de las condiciones necesarias para operar en mercados con mayores exigencias.