
La región de Centroamérica atraviesa un momento crítico en materia de consumo de drogas, según el más reciente Informe Mundial sobre Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
El documento identifica que la cocaína se ha consolidado como el principal estimulante consumido en Centroamérica, desplazando a otros como las metanfetaminas y los nuevos psicoactivos. Esta tendencia, marcada por una oferta creciente y una expansión del mercado interno, plantea desafíos inéditos para los sistemas de salud, la seguridad y las políticas públicas de la región.
De acuerdo con el reporte de la UNODC, la producción mundial de cocaína alcanzó en 2024 un récord histórico con aproximadamente 4,100 toneladas, cifra que representa más de cuatro veces el volumen registrado una década atrás.
Este auge productivo, impulsado principalmente por países de Sudamérica, ha repercutido de manera directa en Centroamérica, tanto por su papel como ruta de tránsito hacia Estados Unidos y Europa, como por el crecimiento sostenido de su propio mercado local.
El informe, citado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, resalta que “el consumo de cocaína ha ganado un espacio cada vez más relevante en Centroamérica, donde ocupa el lugar de principal estimulante entre los usuarios de drogas”. Entre 2020 y 2024, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá reportaron que la cocaína es la sustancia estimulante más disponible y consumida en sus respectivos territorios.
La posición geográfica estratégica de Centroamérica ha convertido a la región en un corredor clave para el tráfico de drogas, asegurando abundante disponibilidad local de cocaína. Las organizaciones criminales han diversificado sus operaciones, incrementando el volumen que permanece en la región para satisfacer un mercado doméstico en expansión. La UNODC detalla que, a la par de su función como zona de paso, la región enfrenta una presión creciente por el consumo interno.

Un dato relevante destacado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito es el aumento de las incautaciones de cocaína por parte de las autoridades centroamericanas. Estas acciones han ido acompañadas de una disminución de los precios mayoristas, lo que sugiere un crecimiento notable de la oferta y mayor accesibilidad para los consumidores locales. Además, se registra un incremento en las consultas y solicitudes de tratamiento vinculadas al uso de cocaína y sus derivados, como el “crack”, especialmente en poblaciones más vulnerables.
El análisis de la UNODC muestra que el consumo de cocaína en polvo predomina entre adultos jóvenes con mayor poder adquisitivo. Sin embargo, el uso de “crack” se ha extendido entre jóvenes y personas en situación de exclusión social, lo que agrava los riesgos sanitarios y sociales. El informe también advierte sobre la proliferación de mezclas peligrosas, donde la cocaína se consume junto a cannabis, alcohol o fármacos, aumentando las complicaciones de salud asociadas
El reporte señala que la expansión del uso de cocaína guarda relación con cambios en los patrones de socialización y la integración de la droga en contextos tan diversos como el ocio nocturno, ámbitos laborales y actividades cotidianas. Esta normalización en ciertos segmentos de usuarios dificulta la eficacia de las políticas preventivas y representa un reto para los sistemas de salud pública.
A diferencia de lo que ocurre en Norteamérica, donde los estimulantes sintéticos, principalmente las metanfetaminas, presentan tasas de consumo ascendentes, en Centroamérica la cocaína mantiene el liderazgo como principal estimulante. La UNODC sostiene que las metanfetaminas solo se consideran una preocupación emergente en algunos países del istmo, lejos del protagonismo que exhiben en Asia o Estados Unidos. Los llamados nuevos psicoactivos, por su parte, presentan una circulación y consumo limitados en la región.

El predominio de la cocaína como droga estimulante genera retos significativos para la salud pública. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, los sistemas de atención presentan serias limitaciones para ofrecer tratamiento y rehabilitación efectivos, agravadas por el estigma y la baja cobertura de servicios especializados. “La relación entre el consumo de drogas, la violencia y la criminalidad es especialmente marcada en la región centroamericana, donde la cocaína es a la vez fuente de rentas ilícitas y factor de vulnerabilidad social”, señala el informe.
La UNODC urge a los gobiernos de Centroamérica a fortalecer la prevención, ampliar el acceso a tratamiento y consolidar la cooperación regional frente al fenómeno de la cocaína. El documento advierte que el desafío es multidimensional y exige respuestas integrales e innovadoras que prioricen la salud y la seguridad de las comunidades.