
La codictadora Rosario Murillo dio este viernes una tregua verbal a sus ataques contra opositores y exiliados al afirmar que “al mundo bizarro no lo tocamos hoy”, en un giro temporal de tono que coincidió con un nuevo aumento de la presión internacional sobre el régimen de Nicaragua por las gestiones en la Organización de los Estados Americanos para discutir la situación del país.
El cambio llegó después de varios días en los que Murillo dedicó buena parte de sus intervenciones a descalificar a sus adversarios con una cadena de insultos.
La escalada se produjo mientras el oficialismo reaccionaba a las maniobras diplomáticas dentro de la OEA para convocar a los cancilleres del continente.
Durante su comunicación habitual con medios oficialistas, la codictadora dijo que esta vez prefería hablar del “mundo bueno”.
La frase marcó distancia con una semana en la que, casi a diario, se refirió a opositores y exiliados con expresiones como “Judas”, “traidores”, “mequetrefes”, “mercachifles”, “arrastrados”, “lame suelas”, “chompipes inflados” y “malas vichuchas”.
Murillo reemplazó los insultos por un llamado a dejar atrás la confrontación
En lugar de dedicar largos tramos de su discurso a atacar a sus adversarios, Murillo habló de “buen juicio, serenidad, sabiduría” para enfrentar los tiempos de lucha que, según sostuvo, atraviesa el país. También planteó que las dificultades deben encararse con amor y fortaleza ante una “comunidad humana” a la que describió como más conflictuada que nunca y afectada por la desarmonía.

La codictadora insistió en que Nicaragua debe avanzar para dejar atrás una “obsoleta mentalidad de confrontación”. Sumó a esa idea la necesidad de abandonar una “obsoleta mentalidad de imposición” y otra que, a su juicio, busca la subordinación del país.
Ese cambio de tono no modificó uno de los argumentos centrales del discurso oficialista. Murillo mantuvo la presentación de las críticas y presiones internacionales contra el régimen de Daniel Ortega y ella misma como intentos de imponer decisiones desde el exterior.
La pausa en los agravios contrastó con intervenciones recientes en las que expresó la “repugnancia” que, según dijo, sienten los “verdaderos nicaragüenses” hacia quienes acusa de actuar subordinados a intereses extranjeros. En ese mismo marco, también comparó a sus adversarios con Judas y los acusó de haber “vendido” a Nicaragua.
El anuncio sobre el sistema electoral volvió a poner el foco en el rumbo político
En otras comparecencias, Murillo recurrió además a calificativos como “ilusos fachentos”, “presuntuosos”, “lame suelas” y “malas vichuchas”. A eso añadió referencias al infierno, demonios y figuras religiosas para desacreditar a quienes cuestionan al régimen.

Días antes, otra de sus intervenciones había provocado polémica por el uso repetido de la expresión “vade retro” al hablar de sus adversarios en términos religiosos y asociarlos con el mal. Sus palabras fueron leídas por críticos y publicaciones periodísticas como una suerte de “conjuro”, una interpretación que luego rechazó mientras volvía a apoyar su mensaje en referencias a la fe cristiana, Dios y la lucha entre el bien y el mal.
En medio de esta tregua verbal, Murillo anunció que el martes 1 de septiembre, desde León, el oficialismo presentará los resultados de una consulta relacionada con cambios al sistema electoral. El anuncio cobró relevancia después de declaraciones de Ortega sobre el futuro de las elecciones en Nicaragua, que generaron nuevas reacciones internacionales y devolvieron la situación nicaragüense al debate regional.
Ese es el dato político central de la jornada: el oficialismo prevé exponer en León las conclusiones de una consulta sobre el sistema electoral, un movimiento que puede ofrecer nuevas señales sobre el rumbo que Ortega y Murillo buscan imprimir al sistema político y electoral del país.