Isabel Laguna
Ceuta, 27 ago (EFE).- A punto de cumplirse un mes de la entrada de más de 70.000 personas desde Marruecos a Ceuta, los ánimos en la ciudad autónoma, en la que aún permanecen miles de migrantes, están cada vez más crispados y la violencia ha comenzado a entrometerse en las concentraciones que los vecinos, organizados en grupos de Whatsapp o Telegram, organizan para reivindicar soluciones.
"La tensión se corta con un cuchillo, porque la gente está muy cansada", comenta a EFE una joven de Huelva que trabaja en una cafetería del centro de Ceuta y que describe con "tristeza" cómo ha cambiado en estas semanas una ciudad que le fascinó por su multiculturalidad y la convivencia de distintos credos. "Yo he vivido en muchos países y ciudades y no había visto nada igual", asegura.
Esa convivencia se ha resquebrajado hasta el punto de que anoche, unas 400 personas, de las miles que participaron en una concentración de ceutíes, se dirigieron a la playa del Trampolín e intentaron agredir a los migrantes que allí esperan una salida a su situación y terminaron arrojando al mar sus mantas, colchones y otras pertenencias.
Tras esos disturbios, un grupo de migrantes apedreó un vehículo con cuatro militares, que consiguieron huir con lesiones. La Policía y la Guardia Civil lograron detener a doce de ellos.
"No es el mensaje que el pueblo de Ceuta quiere; cuando se usa la violencia, se pierde la razón", dice a EFE por teléfono Clara, una mujer de 32 años que prefiere ser identificada con este nombre ficticio y que de forma "fortuita" fue la impulsora de los grupos de Whatsapp que se han creado y que unen a los vecinos de los distintos barrios. Es en esos chats en los que se van proponiendo concentraciones como en la que ayer acabaron produciéndose los disturbios.
"Empecé a hacer los grupos como vía de escape, porque los ceutíes necesitamos hablar y desahogarnos. Para que si alguien necesitaba ayuda la pudiera pedir, porque los vecinos necesitamos escucharnos. Al final se corrió la voz", explica.
Dice que "hay gente que está aprovechando para malmeter y sabotear actos pacíficos" con los que los ceutíes quieren expresar su "descontento", añade esta mujer, hija y nieta de mujeres musulmanas.
Cuenta que los ceutíes están "agotados, cansados y psicológicamente muy mal".
"A mí me ha cambiado la vida, tengo un hijo de 3 años. Llevamos un mes sin ir a la playa, sin ir al parque porque su salud es frágil y me da pavor que contraiga alguna enfermedad", indica.
Ella, desde que se inició esta situación, sale o acompañada de su marido o de su perro y con su espray de pimienta por miedo a encontrarse con algún problema de seguridad por la presencia de migrantes que aguardan solución en las barriadas y playas ceutíes.
"El miedo es también psicológico", dice un funcionario local, que también considera que los ceutíes tienen derecho a estar enfadados: "A nadie le gusta que le invadan su casa".
Él, también musulmán y orgulloso de vivir en una ciudad en la que "cuatro culturas y credos se llevan muy bien", opina que la solución es difícil porque, además del reto migratorio, en lo que ha ocurrido en Ceuta también pesa una coyuntura de política internacional en la que intervienen los intereses de otros países.
Los periodistas de los medios de comunicación que están en la ciudad autónoma son también el objeto de la ira de algunos ceutíes, que no dudan en llamar "traidores" a otros vecinos de la ciudad que defienden que los migrantes que malviven en esta tensa espera en las barriadas no pueden ser el caldo de cultivo de discursos xenófobos.
"Está más que visto que hay grupos de ultraderecha que están promoviendo una cacería de inmigrantes en Ceuta", dice el presidente de una asociación de vecinos que trabaja como voluntario en la ayuda a los campamentos de menores no acompañadas que aguardan una salida desde que llegaron a Ceuta el pasado 31 de julio pensando que España se había abierto a darles un futuro.
"Esto es una pesadilla", dice un taxista ceutí sobre las dificultades para que la ciudad, en la que la presencia de las fuerzas de seguridad es palpable, vuelva a la normalidad. EFE