
A un año del siniestro, las imágenes de una enorme columna de fuego, vehículos envueltos en llamas y personas corriendo para escapar de la explosión permanecen como uno de los recuerdos más dolorosos de la capital.
La tragedia ocurrió en una zona estratégica y altamente transitada del oriente de la Ciudad de México, en los límites con el Estado de México y cerca de Santa Martha, un punto de conexión utilizado diariamente por miles de automovilistas, peatones y usuarios del transporte público.
Aquella tarde, alrededor de las 14:20 horas, una pipa que transportaba aproximadamente 49 mil litros de gas LP sufrió una volcadura en la zona del distribuidor vial La Concordia. La fuga del combustible provocó una nube de gas que, segundos después, se incendió y desató una explosión de enormes proporciones.
La tarde en que el fuego cubrió La Concordia
Los primeros reportes hablaban de decenas de personas heridas y varias víctimas mortales.
La magnitud del accidente quedó clara desde los primeros minutos. La explosión alcanzó vehículos que circulaban por la zona y convirtió uno de los principales accesos entre la Ciudad de México, el Estado de México y Puebla en un escenario de destrucción.

Las llamas alcanzaron automóviles, motocicletas y unidades que se encontraban cerca del lugar donde ocurrió la volcadura. Decenas de personas sufrieron quemaduras de distinta gravedad y fueron trasladadas de emergencia a hospitales de la capital y del Estado de México.
El saldo fue aumentando conforme transcurrieron las horas y los días.
La noche del 10 de septiembre, el Gobierno de la Ciudad de México reportaba cuatro personas fallecidas y 90 lesionadas. En los días posteriores, la cifra de muertos siguió creciendo debido a la gravedad de las lesiones que presentaban varias de las víctimas.
Una semana después de la explosión, el número de fallecidos ya había ascendido a 15. Para finales de septiembre, las autoridades reportaban 32 víctimas mortales, mientras varias personas continuaban hospitalizadas debido a quemaduras y lesiones de extrema gravedad.
Entre las víctimas hubo automovilistas, trabajadores, estudiantes y personas que simplemente se encontraban en el lugar equivocado cuando ocurrió la explosión.

La tragedia también dejó historias que conmocionaron a todo el país, entre ellas la de Alicia Matías, quien protegió con su cuerpo a su nieta durante el incendio y sufrió graves quemaduras.
La investigación: qué provocó la explosión
Mientras hospitales y cuerpos de emergencia luchaban por salvar la vida de los lesionados, comenzó una investigación para determinar qué había ocurrido aquella tarde en el Puente de La Concordia.
Las primeras versiones generaron cuestionamientos sobre las condiciones de la vialidad, el estado mecánico de la unidad y la velocidad a la que circulaba la pipa.
Sin embargo, los avances presentados posteriormente por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México descartaron que baches o daños en el pavimento hubieran provocado el accidente.
Tampoco se encontraron fallas mecánicas en la unidad que explicaran la pérdida de control.
La Concordia: un año de la explosión que dejó 32 muertos
A un añoNo. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México descartó que baches o daños en la vialidad hubieran provocado el accidente.
Tampoco se encontraron fallas mecánicas en la pipa que explicaran la pérdida de control del vehículo.
El conductor perdió el control al tomar una curva rumbo a la autopista México-Puebla e impactó contra un objeto sólido, lo que dañó el tanque.
La investigación incluye posibles responsabilidades por homicidio culposo, lesiones culposas y daños a la propiedad.
La Fiscalía informó que las investigaciones apuntaban a que el conductor perdió el control de la pipa al tomar una curva rumbo a la autopista México-Puebla.
Los peritajes establecieron que la unidad impactó contra un objeto sólido, lo que provocó daños en el tanque y la posterior fuga del gas. La nube inflamable encontró una fuente de ignición y provocó la explosión que alcanzó a decenas de personas y vehículos.
La investigación incluyó posibles responsabilidades por homicidio culposo, lesiones culposas y daños a la propiedad, mientras la empresa propietaria de la unidad manifestó disposición para colaborar con las autoridades y participar en los mecanismos de reparación para las víctimas.
Una tragedia que cambió decenas de vidas
La explosión de La Concordia no terminó cuando los bomberos lograron apagar las llamas.
Para decenas de familias, las consecuencias continuaron durante semanas en hospitales, salas de terapia intensiva y funerarias.

Muchas de las víctimas sufrieron quemaduras severas que requirieron tratamientos especializados y prolongados. Algunas personas fallecieron días después del accidente debido a las complicaciones provocadas por la gravedad de sus lesiones.
La tragedia también abrió un debate sobre la circulación de vehículos que transportan materiales peligrosos en zonas urbanas densamente pobladas y durante horarios de intenso tránsito.
La cercanía del accidente con una de las principales zonas de conexión del transporte público del oriente de la capital mostró el riesgo que representa el traslado de grandes cantidades de sustancias altamente inflamables en áreas por las que circulan diariamente miles de personas.
A un año de aquella tarde, La Concordia sigue siendo sinónimo de una tragedia que marcó a Iztapalapa y al oriente de la Ciudad de México.
Lo que comenzó como un accidente de tránsito terminó convirtiéndose en una explosión que destruyó vehículos, alteró una de las principales vialidades de la capital y, sobre todo, cambió para siempre la vida de decenas de familias.
Un año después, permanecen las historias de quienes perdieron la vida, de quienes sobrevivieron con lesiones que requirieron largos procesos de recuperación y de las familias que todavía recuerdan el momento en que una enorme columna de fuego cubrió el cielo del Puente de La Concordia.
La cifra de 32 muertos convirtió aquel accidente en una de las tragedias más graves ocurridas en la Ciudad de México en la última década y dejó una pregunta que sigue vigente a un año de distancia: cómo evitar que el transporte de materiales peligrosos vuelva a poner en riesgo a miles de personas en una de las ciudades más pobladas del mundo.



