Junto a su madre Francisca Caballero, quien fue una figura fundamental en su vida y una gran inspiración para su universo cinematográfico

Siempre se consideró un fabulador, desde pequeño y con su vasta imaginación construyó una carrera con 24 largométrajes hasta la fecha. La historia de este ninió comenzó el 25 de septiembre de 1949, en un pequeño pueblo español llamado Calzada de Calatrava, en una familia donde el padre era arriero y la madre, ama de casa. Aquel mundo cotidiano, atravesado por las mujeres, las conversaciones de patio y las historias que circulaban de boca en boca, terminaría convirtiéndose en su gran fuente de inspiración, contó en entrevistas.

Sus primeros años transcurrieron entre distintos pueblos y más tarde en Parla, Madrid y cursó el bachillerato en Cáceres con los padres salesianos y franciscanos. Fue durante esa etapa cuando empezó a aficionarse al cine. La pantalla le ofrecía algo que iba mucho más allá del entretenimiento: una puerta hacia otra realidad.

“Sucedió muy pronto, cuando era adolescente e iba al cine de mi pueblo. Soy un niño de los años 50, lo que significa que nací en una época muy mala para España, una época muy sobria, una década de hambre y precariedad”, recordó años después en una entrevista con la revista Esquire. Al final de aquella década comenzó a ir al cine y a coleccionar cromos. Tenía dos álbumes “cuajados de estrellas de Hollywood”.

“Solo por el hecho de coleccionarlos sentía que estaba en contacto con otra realidad paralela que, además, sabía que existía”, contó. Y esa realidad le interesaba cada vez más: “A mí todo aquello me interesaba más que mi propia vida diaria, que era la cotidianidad de un niño manchego”.

Todavía no sabía exactamente qué era lo que quería hacer con aquellas historias que veía en la pantalla. Pero sí había descubierto dónde quería vivir. “Entonces no tenía ni idea en que consistía el cine, pero fue cuando sentí que, para la vida que yo hacía, la realidad en la que a mí me gustaba vivir era la de las películas”.

También desde muy chico mostró una facilidad especial para contar historias. Cuando iba al cine con sus hermanas, que eran algo mayores, ellas le pedían que les relatara la película al regresar. Él se entusiasmaba tanto con el relato que terminaba modificándolo. “Al final, les contaba otra historia. Y a ellas les encantaba que yo narrara las películas que habíamos visto juntos, pero desde mi punto de vista. Siempre he sido un fabulador. Esa ha sido mi verdadera vocación”, recordó.

A los 18 años se trasladó a Madrid con la intención de estudiar cine, pero no pudo matricularse porque la Escuela de Cine acababa de cerrar. Entonces tuvo que buscar otros caminos. Trabajó en distintos empleos hasta conseguir un puesto de ordenanza en Telefónica, donde permaneció durante doce años.

Pero mientras cumplía con ese trabajo, se sumergía de lleno en el ambiente cultural de la capital. Fue integrante del grupo teatral Los Goliardos, donde conoció a dos personas que serían importantes en su trayectoria, y también formó parte de un dúo musical de punk-glam rock paródico.

La infancia, sin embargo, siguió acompañándolo. Creció rodeado de mujeres y años después explicó cuánto había observado de ellas desde muy pequeño.

El futuro cineasta a los 3 años  ----   Archivio GBB

“Yo me eduqué con mujeres, desde muy pequeñito. La primera infancia, sobre todo. Hasta los 8 años, mi madre me llevaba al río o me dejaba en un patio con las vecinas si ella tenía que hacer mandados. Para mí aquello era la vida”, narró en el podcast A vivir que son dos días.

En esos patios ocurría todo. Se hablaba de los vecinos, de embarazos y de situaciones familiares y casos incestuosos; también se cantaba y se hacían bolillos. Él escuchaba todo.

“Ellas hablaban porque yo era un niño y creían que no me enteraba de nada pero a mí todo se me quedó grabado”, reveló.

Aquel niño que observaba las conversaciones de las mujeres y que encontraba en el cine una realidad paralela terminaría llevando muchas de esas experiencias a sus películas. Primero llegó su debut, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, realizada con unas 500.000 pesetas que consiguió de sus amigos. El reconocimiento popular llegaría unos años después, con ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, protagonizada por Carmen Maura.

Para entonces, aquel niño que había descubierto el cine en una época gris ya había encontrado la forma de convertir en historias todo lo que durante años había observado, escuchado e imaginado. A lo largo de su carrera lleva dirigidos 24 largometrajes y acumula 184 premios ganados y 238 nominaciones.

Respuesta: el niño de la foto es Pedro Almodóvar.