La grasa que no se ve: el factor que podría aumentar un 51% el riesgo de incontinencia urinaria
Toser fuerte, cargar changuitos del súper, saltar en una clase de gimnasia: para muchas mujeres, esos gestos tan cotidianos terminan en un episodio incómodo que casi nadie comenta en voz alta. La pérdida involuntaria de orina ante un esfuerzo físico es uno de los cuadros más frecuentes en la salud f
Toser fuerte, cargar changuitos del súper, saltar en una clase de gimnasia: para muchas mujeres, esos gestos tan cotidianos terminan en un episodio incómodo que casi nadie comenta en voz alta. La pérdida involuntaria de orina ante un esfuerzo físico es uno de los cuadros más frecuentes en la salud femenina y, a la vez, uno de los que menos llega al consultorio por vergüenza.
“El esfínter uretral, los músculos del suelo pélvico o ambos se han debilitado y no pueden retener la orina de forma fiable”, explica el urólogo Martín Lerner (M.N. 99.513) sobre el mecanismo detrás del problema. Según detalla, eso ocurre por dos caminos posibles: o la vejiga y la uretra pierden el sostén que las mantiene en su lugar cuando sube la presión abdominal, o directamente el músculo que cierra la salida de la orina cede bajo esa presión, aun sin ganas previas de ir al baño. El parto vaginal figura entre los factores que más pesan, sobre todo cuanto más grande fue el bebé o más partos hubo de por medio.
El dato que pocas conocían
Un equipo de investigadores de la Universidad Federal de São Carlos, en Brasil, sumó una pieza que no estaba en el radar habitual: la grasa visceral, esa que se acumula entre los órganos y no se ve a simple vista, elevó en un 51% el riesgo de sufrir este tipo de incontinencia. No fue la grasa corporal en general ni la más próxima a la zona pélvica; fue puntualmente esa grasa profunda la que mostró mayor asociación, según el estudio publicado en European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology.
(Foto: Adobe Stock)
“Es esa fuga urinaria la que ocurre cuando aumenta la presión dentro del abdomen y el suelo pélvico no puede contenerla”, explicó la brasileña Patricia Driusso, profesora de fisioterapia de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) y directora del estudio, en un comunicado de la institución. El hallazgo llamó la atención incluso del propio equipo de investigación porque aparece también en mujeres de peso normal: no hace falta tener sobrepeso para que la distribución de la grasa juegue en contra.
Qué se puede hacer al respecto
La primera respuesta frente a este cuadro es la fisioterapia del suelo pélvico, con mejoras que suelen notarse en unos tres meses de trabajo constante. Ahí aparece un obstáculo frecuente: cerca del 30% de las mujeres no logra contraer esos músculos de manera correcta por su cuenta, e incluso algunas hacen el movimiento al revés, lo que empeora el cuadro en lugar de mejorarlo. Por eso la guía de un profesional entrenado resulta clave desde el primer ejercicio.
Una alternativa mínimamente invasiva
Cuando la fisioterapia no alcanza, existe desde hace más de tres décadas un procedimiento ambulatorio que no requiere internación ni cortes. Consiste en aplicar, a través de la uretra y con sedación, un elastómero de polidimetilsiloxano: una sustancia biocompatible que ayuda a cerrar mejor la uretra y así reduce o directamente elimina la pérdida de orina. Lerner cuenta que esta técnica ya se usa en distintos países y está aprobada por organismos como la FDA en Estados Unidos y ANMAT en la Argentina, aunque aclara que no es una solución universal: la indicación depende de una evaluación médica particular que tenga en cuenta el tipo de incontinencia, los antecedentes clínicos y otros estudios.
Ni la fisioterapia ni el procedimiento mínimamente invasivo reemplazan una consulta a tiempo. Lo que cambia, con estos hallazgos, es la lista de sospechosos: además de mirar el parto o la edad, ahora también conviene prestarle atención a esa grasa que no se ve.