Un ataque obligó a Arabia Saudita a cerrar su estratégico oleoducto Este-Oeste, una de las principales vías utilizadas para evitar el estrecho de Ormuz. Si la interrupción se prolonga, podrían quedar comprometidos unos cuatro millones de barriles diarios. El Brent volvió a superar los 108 dólares en las primeras operaciones de la semana.
La nueva escalada de la guerra en Medio Oriente volvió a sacudir el mercado energético mundial y amenaza con profundizar una crisis de abastecimiento que ya llevó al petróleo nuevamente por encima de los 100 dólares por barril.
El principal foco está ahora sobre Arabia Saudita, que debió cerrar temporalmente su estratégico oleoducto Este-Oeste después de un ataque con drones.
La infraestructura permite transportar petróleo desde los grandes yacimientos ubicados en el este del país hasta el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo, evitando así el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.
El problema es que ese corredor se había vuelto todavía más importante durante los últimos meses justamente por las dificultades para movilizar crudo a través de Ormuz.
Si el oleoducto no vuelve a funcionar rápidamente, podrían quedar comprometidos hasta cuatro millones de barriles diarios, una cantidad equivalente aproximadamente al 4% de la oferta mundial de petróleo.
Reservas para apenas algunos días
El cierre no implica que esa cantidad de petróleo haya desaparecido inmediatamente del mercado.
Arabia Saudita mantiene reservas almacenadas en Yanbu que, según estimaciones de operadores internacionales, podrían sostener las exportaciones durante aproximadamente cinco a siete días.
También dispone de existencias en terminales egipcias.
La incertidumbre aparece después de ese período si el oleoducto continúa fuera de servicio.
Las autoridades sauditas todavía no informaron públicamente cuánto tiempo demandará reparar completamente la infraestructura ni el alcance definitivo de los daños.
El ataque fue realizado con drones que, según autoridades de Arabia Saudita e Irak, ingresaron desde territorio iraquí. Hasta ahora no existe una atribución definitiva que permita establecer quién ordenó la operación.
Ormuz, otra vez bajo ataque
La interrupción del oleoducto coincide con nuevos incidentes en el estrecho de Ormuz.
Este domingo se reportó otro ataque contra un buque que navegaba por esa vía marítima. Un proyectil alcanzó la embarcación y provocó un incendio, por lo que su tripulación debió ser evacuada.
En otro episodio, un barco iraní fue atacado cerca de la isla de Qeshm, con al menos una persona muerta y varios heridos.
La sucesión de ataques vuelve a colocar bajo presión una ruta que históricamente transportó cerca de 20 millones de barriles diarios, alrededor de una cuarta parte del petróleo comercializado por vía marítima en todo el mundo.
Las posibilidades de evitar Ormuz son limitadas.
Arabia Saudita dispone precisamente del oleoducto Este-Oeste ahora afectado, mientras Emiratos Árabes Unidos cuenta con otra vía hacia el puerto de Fujairah.
El resto de los principales productores del Golfo depende en gran medida del estrecho para sacar su petróleo hacia los mercados internacionales.
También crece la amenaza sobre el Mar Rojo
La crisis tiene además un segundo frente.
Los hutíes avanzaron durante los últimos días sobre posiciones estratégicas de la costa de Yemen y aumentaron la presión alrededor del estrecho de Bab el-Mandeb, otra de las grandes rutas marítimas del comercio energético mundial.
Eso genera un escenario especialmente delicado para Arabia Saudita: el país enfrenta dificultades tanto sobre su salida tradicional por el Golfo Pérsico y Ormuz como sobre las vías alternativas que permiten enviar petróleo hacia el Mar Rojo.
La guerra ya había reducido considerablemente la producción saudita. De acuerdo con estimaciones del mercado, pasó de alrededor de 10,9 millones de barriles diarios en febrero a unos 6,2 millones en agosto.
El petróleo volvió a subir
Los precios venían mostrando una fuerte volatilidad durante toda la semana.
El viernes, el Brent cerró en 104,61 dólares por barril, después de haber superado los 107 dólares durante las jornadas anteriores.
Pero la nueva escalada del fin de semana volvió a impulsar las cotizaciones apenas comenzaron las operaciones correspondientes al lunes en Asia.
El Brent avanzaba esta noche alrededor de 3,5% y se ubicaba en 108,23 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense subía cerca de 3,2% hasta 103,20 dólares.
La reacción refleja el temor de los operadores a que una crisis que hasta ahora afectaba principalmente a las rutas marítimas empiece también a paralizar las infraestructuras terrestres utilizadas para compensar esas interrupciones.
Por qué importa para Argentina
Un petróleo internacional sostenidamente por encima de los 100 dólares también puede tener consecuencias para la economía argentina.
El impacto no se traslada automáticamente ni en la misma proporción al precio de las naftas y el gasoil, ya que intervienen además el tipo de cambio, los impuestos, las decisiones comerciales de las petroleras y la política energética local.
Sin embargo, una suba prolongada del crudo internacional aumenta la presión sobre los costos de los combustibles y puede trasladarse posteriormente al transporte, la producción y los precios.
Al mismo tiempo, Argentina es un productor y exportador creciente de petróleo, por lo que precios internacionales altos también mejoran los ingresos potenciales por las ventas externas de hidrocarburos.
El Gobierno argentino tiene además pendientes incrementos de impuestos sobre los combustibles que fueron postergados hasta octubre, un factor doméstico adicional que será seguido durante las próximas semanas.
Un mercado pendiente de Arabia Saudita
La atención estará puesta ahora en cuánto tiempo permanece cerrado el oleoducto saudita.
Mientras las reservas almacenadas permitan mantener las exportaciones, el impacto físico sobre la oferta puede mantenerse acotado. Pero una interrupción prolongada podría retirar del mercado varios millones de barriles diarios justamente cuando las rutas alternativas también atraviesan fuertes amenazas.
La combinación es la que volvió a encender todas las alarmas: Ormuz bajo presión, el principal oleoducto alternativo saudita paralizado y una creciente amenaza sobre Bab el-Mandeb y el Mar Rojo.
La duración de esos tres focos determinará si el salto del petróleo de este fin de semana queda como una nueva reacción temporal del mercado o se transforma en otro shock energético global.
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