
México podría prevenir eventos cardiovasculares en la próxima década si la presión arterial de la población adulta se normaliza. Las estimaciones plantean la posibilidad de evitar entre 943 mil 364 y 1,119,060 casos mediante mejores acciones de detección, tratamiento y control de la hipertensión.
El documento Hipertensión Arterial en México: La Epidemia Silenciosa, difundida por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), expone que 29.1% de los adultos de 20 años o más vive con este padecimiento. El problema adquiere mayor dimensión porque las enfermedades del corazón fueron la primera causa de muerte en el país durante 2024, con 192,518 defunciones registradas.
La proyección de eventos evitables deriva de dos escalas de riesgo. Globorisk calcula que podrían impedirse 943,364 casos en 10 años, mientras que la estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) eleva la cifra a 1,119,060. Ambas mediciones parten de una reducción general de las cifras elevadas de presión.
La hipertensión suele avanzar sin señales perceptibles. Esa condición retrasa la atención y permite que el daño se acumule antes de que las personas conozcan su diagnóstico. Medir la presión de forma periódica abre una oportunidad para intervenir antes de un infarto o un evento vascular cerebral.
La falta de diagnóstico limita el control de la hipertensión
Solo 62.9% de los adultos mexicanos con hipertensión sabe que la tiene. Esto significa que una parte de la población permanece fuera de la atención médica, sin medicamentos ni cambios en sus hábitos, pese a que enfrenta un riesgo mayor de padecimientos cardiacos y cerebrovasculares.
La mayor ruptura en la ruta de atención ocurre antes del diagnóstico, de acuerdo con los datos de la Ensanut Continua 2021-2024. La brecha se amplía en las localidades rurales, donde la detección enfrenta más obstáculos y retrasa el inicio del seguimiento clínico.

Entre las personas mayores de 60 años alcanza 60.9%, una proporción 5.4 veces superior a la observada entre los jóvenes de 20 a 39 años, grupo en el que se ubica en 11.3%. Las diferencias aparecen también por escolaridad y pertenencia indígena. El padecimiento afecta a 49.4% de quienes no cuentan con estudios, frente a 19.1% de las personas con licenciatura o un nivel superior. En la población indígena, la proporción llega a 31.9%.
Se recomienda que el personal de salud tome la presión arterial en cada consulta, sin importar el motivo de atención. También plantea que los adultos inicien una revisión anual desde los 20 años y la incrementen después de los 40 años o cuando existan antecedentes familiares.
Sonora y Chihuahua concentran las prevalencias más altas
Las brechas entre entidades muestran que el acceso a tratamiento no garantiza que la presión arterial permanezca en niveles adecuados. Sonora registra una prevalencia de 40.6%, seguida de Chihuahua, con 37.4%, las cifras más altas señaladas en el informe.
En algunos estados del norte, una alta proporción de pacientes recibe atención farmacológica, pero el control sigue incompleto. En Baja California, por ejemplo, 94.7% accede a tratamiento, aunque solo 48.2% logra mantener cifras controladas.

Más de la mitad de las personas diagnosticadas no ha modificado su estilo de vida. Entre quienes no consumen sus medicamentos de manera regular, 53.5% considera, de forma errónea, que no los necesita.
Los expertos proponen reducir el consumo de algunas sustancias y actividades que pueden reducir el riesgo de sufrir hipertensión arterial:
- Reducir el consumo de sal, sodio y alcohol.
- Mantenerse en activo físicamente.
- Evitar el consumo de tabaco y vapeo.
- Buscar mantener un peso equilibrado.
El próximo 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón. La campaña 2026 de la World Heart Federation, “Que no te falte un latido”, plantea reforzar la detección comunitaria y colocar el control de la hipertensión dentro de la cobertura universal de salud.



