
Sofía Montenegro tuvo que aprender desde muy temprano que ganar y perder no siempre significa lo que dicen las tarjetas de los jueces. Lo descubrió de la manera más cruel y, al mismo tiempo, más inesperada: después de protagonizar una pelea sangrienta, sufrir una derrota por decisión dividida y terminar en un hospital recibiendo puntos por los cortes en su rostro, llegó la noticia que podía cambiarle la vida.
Había perdido. Pero Dana White quería que estuviera en UFC. Casi un año después de aquella noche, la cordobesa tendrá finalmente la oportunidad de demostrar por qué el presidente de la organización decidió contratarla. Este sábado 5 de septiembre, La Bruja hará su esperado debut oficial en la Ultimate Fighting Championship frente a la francesa Delphine Benouaich, en el Accor Arena de París, como parte de la cartelera preliminar de UFC París. (Se podrá ver por Paramount+ a partir de las 13 horas en Argentina).
Será el capítulo que durante meses pareció no llegar. Porque Montenegro ya había estado a las puertas de su estreno. El 28 de febrero tenía previsto enfrentar a la lituana Ernesta Kareckaitė en la Arena CDMX de México. Había cumplido con la preparación, había atravesado el campamento y estaba lista para entrar por primera vez al octágono como peleadora de UFC, pero cuatro días antes de la pelea, todo cambió.
El 24 de febrero sufrió un sangrado ginecológico abundante. Después de ser evaluada por el cuerpo médico de la organización y por su equipo, se determinó que no estaba en condiciones de competir de manera segura. La indicación fue reposo absoluto y la pelea tuvo que cancelarse. Regina Tarín reemplazó de urgencia a la argentina para enfrentar a Kareckaitė.
Otra vez, Montenegro tuvo que esperar. Y otra vez tuvo que empezar de nuevo. Ahora, finalmente, París será el escenario de su estreno.
Pero mucho antes de imaginarse caminando hacia un octágono de UFC, Montenegro era una adolescente que buscaba una forma de cambiar su vida.
Tenía 15 años y había comenzado a convivir con una realidad que la incomodaba: el sobrepeso y las inseguridades propias de la adolescencia. Probó distintos deportes hasta que llegó al kickboxing en un centro vecinal de su barrio Observatorio, en Córdoba. “Tenía sobrepeso, entonces estaba buscando algún deporte para hacer. Había intentado con varios”, recordó en una entrevista con Infobae. Lo que empezó como un intento por trabajar su físico terminó convirtiéndose en una pasión. “Cuando empecé a entrenar me veía bastante motivada y empecé mucho a bajar de peso. Eso también me hacía sentir bien. Empecé a andar mejor en mi vida en general, a mejorar mi estado de ánimo”, contó.
El cambio no fue solamente físico. El deporte le permitió recuperar confianza en una etapa en la que sentía que estaba demasiado expuesta a las miradas y los comentarios de los demás. “Por el hecho de tener sobrepeso, a esa edad, en plena adolescencia, siempre uno está a la vista de que lo señalen, de sentirse mal”, explicó.
En ese proceso también tuvo un papel importante su familia. Montenegro nació en una casa en la que el deporte era casi una obligación genética, aunque ella eligió una disciplina completamente diferente. Su padre, Ricardo Montenegro, fue futbolista profesional y tuvo un destacado paso por Talleres de Córdoba. Sus hermanos también siguieron el camino del fútbol.
Sofía, en cambio, encontró su lugar arriba de un ring. Incluso pensó en probar suerte con la pelota, pero su madre la convenció de que no era necesario que todos siguieran el mismo camino.
El kickboxing terminó ganándole al fútbol. Y, con el paso de los años, también al aula. Mientras su carrera como peleadora comenzaba a crecer, Montenegro construyó otra identidad: la de maestra.

Estudió el profesorado de educación primaria y llegó a estar cerca de recibirse a los 21 años. Por entonces ya había comenzado a entrenar MMA y su entrenador le planteó una posibilidad que implicaba tomar una decisión. Si quería dedicarse realmente a las artes marciales mixtas, debía aprovechar su juventud para competir.
La carrera podía esperar. Montenegro eligió el deporte. Durante años sostuvo su carrera de una manera que poco tenía que ver con el glamour de UFC. Trabajó dando clases de boxeo y kickboxing. Llegó a desempeñarse en cinco o seis gimnasios diferentes para poder vivir de esas clases y pagar sus entrenamientos. También daba clases particulares como maestra, aunque evitó tomar un cargo fijo porque sabía que le quitaría tiempo de preparación.
Su formación como docente, sin embargo, nunca desapareció. “Me ayudó mucho en la forma de sociabilizar, de expresarme y de tener confianza”, explicó. “Pararte frente a un aula te da herramientas”.
Aquella doble vida también refleja una parte fundamental de su recorrido: durante mucho tiempo no tuvo garantías de que las MMA fueran a convertirse en su profesión. “Uno nunca recibe de vuelta todo lo que le da el deporte”, reconoció, al mismo tiempo que afirmaba: “Tuve muchas veces ganas de abandonar, de dedicarme a otra cosa”, hasta que apareció una oportunidad que le permitió demostrar que todo aquel sacrificio había tenido sentido.

El 23 de septiembre de 2025, Montenegro se presentó en el Dana White’s Contender Series, el programa en el que peleadores de todo el mundo buscan impresionar al presidente de UFC para conseguir un contrato.
Su rival fue la brasileña Jeisla Chaves. Fueron 15 minutos de golpes, sangre y resistencia. Las dos terminaron muy castigadas. Montenegro perdió por decisión dividida y, en términos oficiales, Chaves fue la ganadora de aquella batalla. Pero el resultado no fue suficiente para borrar la impresión que había dejado la argentina. Mientras Montenegro estaba en el hospital recibiendo puntos por las heridas sufridas durante la pelea, su equipo recibió una llamada.
Dana White había decidido contratarla. “Cuando me bajé de la pelea hablé con Dana White. Me dijo que había sido una guerra y que me iba a recompensar”, contó. El propio presidente de UFC consideraba que Montenegro había hecho méritos suficientes para estar en la compañía. La derrota se transformó en contrato. Y el contrato, finalmente, en una espera que parecía interminable.
Montenegro llegará a Francia con un récord profesional de 6 victorias y 2 derrotas. La pelea frente a Benouaich, que tiene una marca de 7-2, tendrá además un condimento especial: la argentina deberá enfrentar a una rival local en territorio francés.
Pero también será una Montenegro diferente. Hasta ahora, la cordobesa había construido la mayor parte de su carrera en las 125 libras, la división de peso mosca. Para su estreno en UFC decidió bajar a las 115 libras, aproximadamente 52 kilos, para competir en peso paja. El cambio forma parte de una estrategia trabajada junto su equipo. Sus 1,68 metros de altura y su estilo de striker pueden convertirse en herramientas importantes en una categoría en la que el alcance puede marcar diferencias.
Del otro lado estará Benouaich, una francesa de 31 años que llega con experiencia y ritmo competitivo después de haber participado en la última temporada de The Ultimate Fighter.




