Segovia, 13 sep (EFE).- Los escritores Lorenzo Silva, Marta Robles y Rosa Ribas han defendido durante una conversación celebrada en el Hay Festival de Segovia que la novela negra permite explorar las zonas más oscuras de la condición humana a través de historias que, en ocasiones, nacen de sucesos reales y de las relaciones cotidianas.

El encuentro, moderado por Ana Gavín, ha reunido a tres autores con personajes característicos de sus respectivas obras: los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, creados por Silva; el detective Tony Roures, protagonista de las novelas de Robles, y la familia de detectives Hernández, de Ribas.

Silva ha explicado que la idea de sus investigadores surgió en el verano de 1994, cuando se planteó escribir ficción criminal. Desde el principio consideró que la personalidad del investigador era fundamental y buscó una propuesta que resultara original, pero que estuviera vinculada a la realidad.

Así, optó por una pareja de guardias civiles, una elección que consideró natural porque son los agentes que acudirían a investigar un cadáver aparecido en una cala de Mallorca.

El escritor quiso además que sus protagonistas respondieran a perfiles que ya existían dentro de la institución, incluidos agentes con formación universitaria y mujeres, cuya presencia no era entonces tan conocida.

Marta Robles ha recordado que su interés por la ficción criminal se remonta a las lecturas de infancia y a la fascinación por intentar descubrir el desenlace antes que el autor.

Su detective Tony Roures nació de la influencia de los personajes de la novela negra clásica, pero también de su deseo de crear un protagonista con cicatrices y experiencia de la condición humana en situaciones extremas.

Robles ha explicado que eligió ese nombre en memoria de su padre, con quien se reconcilió poco antes de que falleciera, después de una etapa de distanciamiento por su decisión de dedicarse al periodismo y a la escritura.

Rosa Ribas ha señalado que sus personajes surgieron de un proceso diferente. Su intención inicial era escribir una saga familiar sobre las relaciones entre sus miembros, los secretos y las formas en que se construyen alianzas dentro de una familia.

La familia Hernández está formada por un padre que ha fundado una agencia de detectives, sus tres hijos y una madre que no ejerce esa profesión, pero que tiene una personalidad brillante y desequilibrada.

Ribas ha destacado que sus personajes investigan asuntos cotidianos, como infidelidades, desapariciones o falsas bajas laborales, y no grandes crímenes, que corresponden a la policía.

Durante la conversación, los autores han explicado cómo las noticias de prensa han influido en algunas de sus obras.

Robles ha relatado que un reportaje sobre un asesinato machista le llevó a recuperar la historia de una familia que había conocido años antes y que acabó convirtiéndose en 'Amada Carlota', una novela sobre bebés robados, abusos y silencios de las mujeres.

Ribas ha abordado la vergüenza y la culpabilización que sufren las víctimas de estafas amorosas, a partir de un caso de dos mujeres mayores engañadas por ciberdelincuentes.

Ha sostenido que el castigo social puede impedir que las víctimas denuncien y que la soledad y la confianza son elementos que los delincuentes utilizan para manipular a sus víctimas.

Silva ha advertido de que los engaños resultan cada vez más fáciles por la potencia de las herramientas disponibles y por el distanciamiento entre las personas.

También ha explicado que la desaparición de un cadáver puede convertirse en una forma de prolongar el sufrimiento de las familias y que esa idea ha inspirado una de sus historias.

Los tres escritores han coincidido en que la familia, el amor y la confianza constituyen espacios de vulnerabilidad y que la novela negra permite observar cómo las personas se relacionan, se engañan y se enfrentan a sus propias contradicciones. EFE

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