207 partidos, 125 goles y 68 asistencias después, suena improbable que Lionel Messi haya sido suplente en su primer partido en un Mundial. Pero así fue. El 11 de junio de 2005, Argentina perdió 1-0 ante Estados Unidos por el Grupo D de la Copa del Mundo disputada en Holanda. Messi recién saltó al campo en el entretiempo, en lugar de Emiliano Armenteros. Gustavo Oberman y Pablo Vitti completaron el ataque en la alineación inicial.
La Pulga no pudo torcer el resultado: Chad Barrett, a los 39 minutos de la primera parte, anotó el único gol del encuentro. Tras ese hito, cimentó una carrera en la MLS, de la que nunca salió. Se retiró en 2018, aunque llevaba varios meses sin jugar. Para Messi, en cambio, fue una anécdota. Ganó ese Mundial como goleador (seis tantos) y máxima figura. Luego, con el conjunto nacional, obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, las Copas América 2021 y 2024, la Finalissima 2022 y el Mundial de Qatar, además de llegar a otras dos definiciones en el certamen ecuménico. Tanta historia no cabe en sus botines. Ni en sus vitrinas.
Esa anécdota, la del debut como suplente y la derrota inesperada, tomó otro cariz luego del retiro del atacante de la Albiceleste. AFA Estudio, el canal de streaming de la Selección, hizo un programa especial repasando su historia con el combinado nacional. Y surgieron detalles desconocidos respecto de la decisión del entrenador, Francisco Ferraro, de dejar entre los relevos a Messi, quien daba dos años de ventaja en la competencia.
Fue Pablo Zabaleta, titular en aquel desliz, quien puso en palabras los coletazos de la caída. “Una de las lindas anécdotas que recuerdo de Leo Messi en el Mundial Sub 20 de Holanda fue que él, en el primer partido del Mundial contra Estados Unidos, empieza como suplente, entra en el segundo tiempo, la rompe, pero perdimos uno a cero. Entonces, en el entrenamiento del día después, Leo no hablaba, estaba callado”, prologa.
“Yo en un momento me acerqué a pedirle que estuviera tranquilo, porque al final yo creo que todos nosotros estábamos convencidos de que tenía que jugar desde el minuto uno. Pero bueno, con un poco de preocupación para el siguiente partido, porque sabíamos que ya no teníamos margen, si no ganábamos ya podíamos complicarnos con la clasificación. Decidimos entre Biglia, Ustari, Fernando Gago, un poco los capitanes del equipo, ir a consultarle a Pancho Ferraro a ver si Messi iba a ser suplente el siguiente partido o iba a arrancar de titular”, reveló la determinación, más propia de jugadores experimentados que de incipientes estrellas.
“Entonces, cuando tocamos la puerta y Pancho abrió, la primera pregunta fue con respecto a Leo. Él nos contestó: ‘Quédense tranquilos, no me hagan perder el tiempo, porque el próximo partido es Messi y diez más’. Después de esa charla se lo dijimos a Leo, Leo se quedó más tranquilo, terminamos siendo campeones del mundo y él fue el mejor jugador del torneo. El resto es historia”, completó.
El relato de aquella intervención provocó la broma en plena transmisión de Jonás Gutiérrez: “Eh, qué camarillero este Pablito Zabaleta”. Sentado en la misma mesa estuvo Hugo Tocalli, personalidad clave en el desembarco de Messi en la Selección y quien lo había dirigido en el Sudamericano de 2005. El ex arquero e histórico formador le echó un chorro de luz a una leyenda popular del mundo del fútbol.
“Cuando termina ese partido, Julio (Grondona, entonces presidente de la AFA) se viene. Habíamos perdido uno a cero y cuando llega va derecho a buscarme: ‘Llamá por teléfono, por favor, llamá a Pancho Ferraro, que ponga a ese chico de titular’”, describió una escena que era un secreto a voces, aunque el entrenador lo haya minimizado en más de una oportunidad ante los micrófonos.
“Se dijeron muchas cosas sobre Grondona en ese Mundial y no pasó nada. Tuvimos muchas conversaciones, pero nada más. En la última práctica antes del partido con Estados Unidos vi que Messi no tenía la chispa habitual y es porque estaba con una molestia en el posterior. Como no era grave lo llevé al banco y lo puse unos minutos. Ese día jugamos mal y perdimos bien, pero Julio no tuvo nada que ver en eso”, supo desmentir el ex Colón y Gimnasia de Jujuy en diálogo con TNT Sports.
Esa dolencia fue el argumento histórico para explicar aquella suplencia. Además, la velocidad de Messi, entonces un extremo supersónico, representaba un arma sin solución para los rivales cuando las piernas pesaban, en el complemento: “El médico me informó que Lionel tenía una fatiga muscular y que lo mejor era que jugara sólo el segundo tiempo”.
De todos modos, esa decisión no incidió ni en el vínculo con Ferraro ni en el camino del combinado nacional hacia el trono. En el segundo partido, Messi fue titular y la Albiceleste superó 2-0 a Egipto, con goles de la Pulga y del citado Zabaleta. La avanzada de los jóvenes referentes a la habitación de Ferraro no tenía base solo en los comentarios elogiosos que acompañaban a la evolución del rosarino en Barcelona. Ellos mismos habían quedado deslumbrados desde las primeras prácticas y sabían lo que podía ofrecerles, un valor agregado que no tenía ninguna otra selección.
“Estábamos en un entrenamiento. Leo hizo una jugada en mitad de campo, le tiró un sombrero a su marcador, creo que era el Chaco Torres. Cuando él barrió para bajarlo, Messi ya estaba en el área. Ahí todos dijimos: ‘¡Guau!’”, supo evocar el flash Nereo Champagne, uno de los arqueros campeones del mundo.
“En la primera práctica arrancó y dije ‘éste está en 420, no en 220. Tenía velocidad y precisión”, develó el preparador físico Gerardo Salorio, quien fue uno de los que le dio la bienvenida en el complejo de Ezeiza.
Con Messi como faro, Argentina fue segunda en el grupo detrás de Estados Unidos (que se mancó en octavos de final) y, en el mano a mano aceleró. Colombia, España, Brasil y Nigeria (en ese orden) se consagraron como víctimas en su tránsito hacia el título. La obsesión del ídolo en construcción por jugar cada minuto ya se había instalado en su espíritu indomable y competitivo. Lo volvió a probar en el triunfo 1-0 ante Alemania, el último en la fase de grupos.

“En el segundo tiempo del partido con Alemania, hice el cambio que hacía siempre: salió Oberman y entró el Kun (Agüero). Al ratito nomás, el Chaco Torres se cae, toca la pelota con la mano y lo expulsan por doble amarilla. Ganábamos 1 a 0, Tojo (Miguel Ángel, su ayudante de campo) me preguntó a quién iba a poner. ‘Traeme a Biglia’, le dije. Y me consultó: ‘¿Quién sale?’, ‘Messi’, le respondí. Cuando hice el cambio, Lionel estaba a 40 metros, lo vi venir, pero no con buena cara. Sin hablar ni gesticular, su expresión lo decía todo. Pasó, le acaricié la cabeza y se sentó en el banco. Entró Lucas, ganamos por la mínima diferencia, pasamos a la ronda eliminatoria y esa noche, en la cena, el profe Salorio me avisó que Leo quería hablar conmigo", detalló Ferraro en una entrevista con Infobae.
El cara a cara, a juzgar por la secuencia, asomaba álgido. Pero no todo es lo que parece. “Le pregunté: ‘¿Qué pasa, Leo?’. Me respondió: ‘Te quería hablar, Pancho. Hoy estuve mal. Te puse mala cara porque me sacaste’. Le dije: ‘“No pasa nada’. Y me insistió: ‘Sí, estuve mal y te pido perdón’. Le volví a repetir: ‘No pasa nada. ¿Por qué lo hiciste?’. ‘Porque yo quiero jugar siempre’, me contestó. Al mismo tiempo, le remarqué: ‘Está bien, Leo, pero había entrado el Kun hacía diez minutos, y tenía que poner luego un volante central, y vos venías con el trámite del partido encima. No pasa nada, quedate tranquilo, pero no me lo hagas más a mí ni a otro técnico’. Al final se lo hizo a todos, je", se divirtió a distancia Ferraro.
Al fin y al cabo, juntos alzaron el anteúltimo trofeo en un Mundial Sub 20 para Argentina. Y, más allá del affaire de la suplencia, el hilo rojo del éxito los ató con la fuerza de la historia. “La noche anterior a dar la charla para la final contra Nigeria, vi junto a Miguel Tojo otra vez el partido contra Brasil. Ahí recién vi una jugada en la que Pablo Zabaleta se tira de cabeza. Al otro día les mostré la jugada a los chicos y les dije ‘si tenemos un poco de esta actitud, mañana ganamos la final’. Ahí saltó Messi y, con toda su tranquilidad, me dijo ‘Pancho, quédate tranquilo que mañana ganamos’. Lo hizo con una naturalidad increíble”, Los dos goles, de penal, los anotó el hoy astro del Inter Miami, que ante Benín, el próximo 6 de octubre en el Monumental, disputará su último partido con la selección argentina.

Después de la vuelta olímpica en Países Bajos, Messi y Ferraro tuvieron dos encuentros cumbre, que demostraron el cariño que continúan prodigándose. “Nos vimos en el predio de Ezeiza, cuando estaban disputándose las Eliminatorias para Brasil 2014 con Alejandro Sabella como entrenador. Allí, me encontré con varios futbolistas que tuve en la Selección y me quedé hablando con Lionel durante 15 minutos. Estaba tensionado porque le faltaba poco tiempo a su esposa Antonela para ser mamá. No hablamos tanto de fútbol, sino de la vida, del cambio que iba a tener por recibir a su hijo (Thiago). Me gustó muchísimo esa charla con él. Cuando nos despedimos con un abrazo, me dijo: ‘¿Ya te vas?’. Le dije que terminaba de saludar y me iba. A los cinco minutos, apareció Marito (De Stéfano, el utilero de la Selección) con una bolsa: ‘Te la manda Messi’. Era su camiseta firmada y dedicada. Enseguida la puse en un cuadro, y acá la tengo, colgada en el museo que me hice en casa con todas las cosas de fútbol que tengo", narró el DT.
Y en otra ocasión, Ferraro le pidió a Messi que no lo interrumpiera para poder expresarle sus sentimientos: “Se me quedó mirando y le empecé a contar lo que nos dio, lo que sentimos yo y los argentinos por él, lo que es él, un embajador nuestro en todo el mundo. Lo que es como padre, con su familia, es un ejemplo para nuestra juventud. Cuando terminé le di un abrazo y le dije que lo quiero mucho. Él me respondió ‘Pancho, yo también’”. “Eso te lo llevás para siempre”, resaltó la huella de aquella frase, mucho más profunda que la que dejó el primer título del astro con la Albiceleste.





