
El director surcoreano Lee Chang-dong ha presentado en el Festival de Venecia su última película y, a pesar de la gran competencia por el momento, lo ha conseguido: se ha convertido en la mejor valorada por la crítica especializada y cuenta con una doble ambición: representar a Corea del Sur en los Oscar y situarse entre las principales apuestas de Netflix para la temporada de premios.
La película, que se titula Possible Love, Un amor posible en España, ha sido recibida con una ovación de entre seis minutos y siete en la Sala Grande, en una ‘première’ en la que el reparto rompió a llorar y el personal del certamen terminó por cortar los aplausos para dar paso a la siguiente proyección.
El regreso del cineasta tiene un peso añadido por el tiempo transcurrido desde su último largometraje. Es su primera película en ocho años, desde Burning en 2018, y su vuelta a la competición de Venecia tras casi un cuarto de siglo, desde que ganó el León de Plata con Oasis en 2002.
Lee explicó antes del estreno por qué el proyecto ha tardado tanto en llegar: “No soy el tipo de cineasta que puede hacer películas con facilidad”. Y añadió: “Antes de empezar una película, tengo que estar seguro de lo que significa: para mí, para el público y para el propio cine”.
Una película sobre las diferencias de clase
La historia sigue a dos matrimonios separados por una brecha económica profunda cuyos destinos terminan entrelazados. En el centro están Ho-seok, un obrero despedido tras una huelga en una fábrica metalúrgica, y su mujer Mi-ok, que entran en contacto con Ye-ji, una aspirante a documentalista interesada en contar la situación de los trabajadores desplazados, y con su marido Sang-woo, heredero de una familia inmensamente rica.
El reparto reúne a viejos colaboradores del director y a intérpretes nuevos en su filmografía. Regresan Jeon Do-yeon, protagonista de Secret Sunshine, y Sul Kyung-gu, rostro de Peppermint Candy y Oasis; se suman Zo In-sung y Cho Yeo-jeong, conocida internacionalmente por Parásitos.
La película también concentra nombres de peso detrás de la cámara. Lee la ha ‘coescrito’ con Oh Jung-mi, con quien ya trabajó en Burning; la fotografía corre a cargo de Kim Ji-yong, asociado a Decision to Leave y El juego del calamar; y la música la firma Jung Jae-il, compositor de Parásitos y también de El juego del calamar.
El largometraje gira en torno al décimo mandamiento, “no codiciarás” y es también un homenaje al fallecido director polaco Krzysztof Kieślowski, y a su Decálogo. Antes del estreno, el director resumió así el sentido del título: “Plantea una pregunta: ¿qué es un amor que es posible?”.

La crítica de IndieWire, que le otorga una calificación de A, dice que es una obra maestra del cine moderno y describe la película como un drama de 164 minutos en el que las relaciones entre los personajes se tensan a medida que el conflicto laboral, el resentimiento de clase y los deseos cruzados van desplazando el foco desde lo social hasta lo íntimo. La publicación sitúa el detonante de la trama en la represión violenta de una huelga y en el posterior acercamiento entre la pareja obrera y el matrimonio acomodado que quiere filmar un documental sobre ese mundo.
Un original de Netflix que competirá en los Oscar
La posición industrial del filme es casi tan relevante como su recepción crítica. The Hollywood Reporter señala que Netflix no solo lo produce y financia íntegramente, algo poco habitual tanto para la plataforma como para Lee, sino que lo ha colocado entre sus principales candidatas para los premios de 2026.
Corea del Sur lo ha elegido además como su representante para el Oscar a mejor película internacional. Es la cuarta vez que una obra de Lee compite por el país ante la Academia, después de Oasis, Secret Sunshine y Burning, y la plataforma prevé impulsar también su candidatura en categorías principales más allá del apartado internacional.
Tras Venecia, la película seguirá un recorrido por festivales que incluye Toronto, Nueva York, San Sebastián, Zúrich, Vancouver y Busan. Ese itinerario servirá de antesala a un estreno internacional escalonado.
La comparación con Parásitos resulta inevitable, ya que también esta película gira en torno al choque de clases, la precariedad laboral y la situación económica en Corea del Sur. En cualquier caso, son temas que ya habían estado presentes en la filmografía de Lee Chang-dong, uno de los grandes maestros del cine coreano que ahora vuelve a demostrar su inmenso talento gracias a esta obra que podría valerle el León de Oro en el certamen.




