
Un estudio publicado en Nature identificó 1.260 variantes genéticas asociadas a uno o más de los Cinco Grandes rasgos de personalidad, a partir del análisis de datos de entre 611.000 y 1,14 millones de personas. El hallazgo, basado en datos de entre 611.000 y 1,14 millones de personas, volvió a poner en primer plano la discusión sobre cuánto pesa la genética en dimensiones como la extroversión, la amabilidad, la responsabilidad, el neuroticismo y la apertura a la experiencia.
El trabajo, que fue destacado por el médico y divulgador científico Eric Topol en su cuenta de X, fue coordinado por un consorcio internacional que reunió información de 46 cohortes y usó cuestionarios estandarizados para medir los llamados rasgos de personalidad de los Cinco Grandes.
La investigación se presenta como el mayor estudio de asociación del genoma completo sobre personalidad realizado hasta ahora. Para cada rasgo, el número de participantes varió entre 611.000 y 1,14 millones. Según el estudio, las variantes genéticas comunes explican una parte acotada de la variación observada en esos rasgos dentro de la población, pero la señal detectada resultó más robusta frente a ciertos factores de confusión que la observada en otros rasgos socioconductuales.
El análisis se apoyó en datos de personas que habían respondido cuestionarios usados de forma habitual en psicología para medir personalidad. Los autores aclararon que estos instrumentos no son la única forma de captar estos rasgos y que sigue abierto el debate sobre su capacidad para reflejar toda la complejidad del comportamiento humano, pero señalaron que continúan siendo una referencia extendida en investigación.
Más de 800 asociaciones no habían sido detectadas en trabajos previos

Uno de los datos centrales del artículo es que más de 800 de las 1.260 variantes asociadas no habían sido identificadas antes. El avance fue especialmente visible en algunos rasgos. En responsabilidad, el número de variantes vinculadas pasó de tres a 131. En neuroticismo, el salto fue de 224 a 706.
Los investigadores subrayaron, sin embargo, que el efecto de cada variante individual es pequeño. En otras palabras, el estudio no encontró “genes de la personalidad” con capacidad de definir por sí solos un rasgo, sino una gran cantidad de asociaciones débiles que, consideradas en conjunto, permiten describir parte de la arquitectura genética de estos perfiles psicológicos.
La contribución genética existe, pero explica una fracción limitada de la variación

Según los resultados, las variantes genéticas comunes explican entre el 5 y el 16% de la variación observada en los cinco grandes rasgos, según cuál se analice y qué método estadístico se aplique. Ese rango marca una influencia detectable, aunque lejos de cualquier lectura determinista.
El artículo insiste en ese punto. La personalidad surge de la interacción entre predisposiciones biológicas y factores ambientales, y los autores evitaron presentar sus hallazgos como una fórmula para traducir el ADN en una descripción individual del carácter. La propia magnitud de los efectos observados apunta en sentido contrario: cada señal genética aporta muy poco por separado.
Los autores descartan un uso útil del ADN para predecir la personalidad de una persona

Michel Nivard, epidemiólogo genético de la Universidad de Bristol, codirigió el estudio y sostuvo que el objetivo no es anticipar la personalidad de individuos concretos a partir de su composición genética. En declaraciones recogidas por Nature, señaló que si alguien quisiera conocer la personalidad de una persona, la vía más directa seguiría siendo medirla con herramientas psicológicas, no inferirla desde el genoma.
Ese planteo marca uno de los límites más claros del trabajo. Los resultados pueden ser útiles para estudiar patrones poblacionales y relaciones entre rasgos, salud y conducta, pero no para construir perfiles personales con valor práctico. El estudio amplía el mapa de asociaciones genéticas; no ofrece una herramienta clínica ni predictiva de uso inmediato.
La investigación vinculó ciertos rasgos con hábitos y resultados de salud

A partir de las correlaciones genéticas detectadas, el equipo exploró la relación entre personalidad y otras variables. La responsabilidad apareció asociada con menor índice de masa corporal, menos tabaquismo y menos hospitalizaciones. La extroversión, por su parte, mostró vínculos con mayor riesgo de infección por COVID-19, mientras que la apertura a la experiencia se relacionó con actividad nocturna y con preferencias por sabores adquiridos, como café, vino, quesos fuertes y encurtidos.
Los autores pidieron cautela al interpretar estas conexiones. Parte de esos análisis se apoyó en estudios de aleatorización mendeliana, una herramienta que busca indagar relaciones causales entre rasgos y resultados de salud. Nivard advirtió que esas lecturas pueden sobredimensionarse si se aplican sin suficiente cuidado metodológico, por lo que recomendó no presentar esas asociaciones como pruebas concluyentes de causa y efecto.

Otro de los puntos destacados del trabajo surgió de análisis con personas emparentadas, entre ellas gemelos, padres, madres y hermanos. Allí, los investigadores hallaron pocas pruebas de que el entorno familiar compartido explique las asociaciones genéticas observadas en personalidad.
Ese resultado llamó la atención del propio equipo, que esperaba encontrar una mayor influencia indirecta del ambiente moldeado por los genes parentales. Según el estudio, tampoco aparecieron señales fuertes de que las personas tiendan a elegir parejas con perfiles de personalidad muy similares al propio, al menos en un grado que altere de forma decisiva las asociaciones genéticas identificadas.
El trabajo busca darle a la genética del comportamiento una base más sólida

Durante años, los estudios genéticos sobre personalidad quedaron por detrás de otras áreas del comportamiento humano, en parte por la falta de muestras lo suficientemente grandes y comparables. Este trabajo intenta cubrir ese vacío con una base de datos mucho más amplia y con resultados que, según expertos citados por Nature, podrían servir como punto de partida para nuevas investigaciones en genética del comportamiento y genómica social.
Aysu Okbay, genetista del comportamiento del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, señaló al medio que el campo esperaba desde hace tiempo un estudio de asociación del genoma completo sobre personalidad con una escala suficiente. Andrea Ganna, genetista estadística de la Universidad de Helsinki, consideró que la búsqueda de variantes asociadas a estos rasgos parece estar menos expuesta a factores de confusión que la de otros rasgos socioconductuales. Esa evaluación refuerza el valor del trabajo como base para estudios posteriores.
El resultado no cierra el debate sobre cuánto define la biología y cuánto el ambiente en la personalidad, pero deja un volumen de datos que puede ordenar mejor esa discusión.




