“Mandame un mensaje”. Para algunas personas, esa frase es casi una regla: pueden pasar horas chateando, pero cuando el celular empieza a sonar prefieren dejarlo pasar. Y aunque muchas veces se interpreta como timidez, desinterés o ansiedad social, la explicación puede ser bastante más amplia.
Una investigación publicada en Communication Reports analizó justamente la relación entre la preferencia por los mensajes, la ansiedad ante las llamadas y la sensación de control que permite la comunicación escrita. El estudio encontró que la posibilidad de preparar y editar lo que uno quiere decir tiene un papel importante en la elección de este medio.
El detalle que cambia todo: poder pensar antes de responder
Una de las principales diferencias entre una llamada y un mensaje está en el tiempo. Cuando alguien habla por teléfono, la conversación ocurre prácticamente en tiempo real: hay que escuchar, procesar lo que dijo la otra persona y responder.
Con un mensaje sucede algo diferente. Se puede leer varias veces, pensar una respuesta, modificarla antes de enviarla e incluso esperar un rato antes de contestar.

Un estudio publicado en CyberPsychology & Behavior ya había encontrado que las personas que preferían los mensajes valoraban este medio porque les permitía expresarse y comunicarse de una manera que sentían más controlada. La investigación, realizada sobre 158 participantes, también detectó una relación entre la ansiedad social y una mayor preferencia por los mensajes.
La investigación más reciente profundizó justamente en ese aspecto y definió la “controlabilidad” de los mensajes como la posibilidad de estar preparado y poder editar la comunicación antes de enviarla. Según sus resultados, esa percepción de control influye tanto en la preferencia por escribir como en la incomodidad frente a las llamadas.
No significa que odiar las llamadas sea tener ansiedad
Acá aparece una diferencia importante. Preferir WhatsApp antes que una llamada no alcanza para decir que una persona tiene ansiedad social.
El estudio de 2025 encontró que los adultos jóvenes, especialmente quienes tenían entre 20 y 30 años, mostraban una mayor preferencia por los mensajes y una mayor ansiedad frente a las llamadas que los participantes de mayor edad. También observó una relación entre ansiedad social, sensación de control al escribir y preferencia por los mensajes.
Es decir, ambas cosas pueden convivir. Una persona puede sentirse más cómoda escribiendo porque tiene mayor control sobre la interacción, y esa misma característica puede resultar especialmente atractiva para alguien que se pone nervioso ante una conversación telefónica.
Pero no todas las personas que prefieren chatear tienen un problema de ansiedad. También puede tratarse simplemente de una forma de comunicación que sienten más cómoda, práctica o previsible.
Por qué escribir puede resultar más cómodo
La comunicación escrita ofrece algo que una llamada no: tiempo para construir la respuesta.
Antes de mandar un mensaje se puede cambiar una palabra, borrar una frase, corregir un error o esperar unos minutos para decidir qué decir. Además, no existe la misma presión de llenar inmediatamente los silencios.
Un trabajo realizado con jóvenes de entre 18 y 20 años también encontró que los participantes valoraban los medios digitales porque les permitían detenerse y pensar antes de responder, algo que no ocurre de la misma manera durante una llamada telefónica.
Por eso, la próxima vez que alguien elija escribir en lugar de llamar, no necesariamente significa que quiera evitarte. Quizás simplemente prefiere tener unos segundos más para pensar qué quiere decir y cómo quiere decirlo.




