
Ha pasado más de un mes desde la entrada masiva de migrantes a Ceuta y la asistencia sanitaria continúa en tensión. Los últimos datos del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria para Ceuta y Melilla (Ingesa) notifican más de 300 atenciones en el último día tan solo a la población extranjera que llegó a finales de julio.
La mayor parte de la presión recae sobre las enfermeras: al hospital y centros de salud llegan pacientes para tratarse heridas y otras patologías que competen a estas sanitarias. A la sobrecarga se le une una sensación de inseguridad, acrecentada cuando salen de su centro sanitario para realizar atenciones domiciliarias. Los sindicatos han demandado que se contrate vigilancia privada para acompañar a estas profesionales cuando visitan a los pacientes en sus hogares.
“Los tres centros de salud, el consultorio de Benzú y toda la atención domiciliaria que se cubre por el Servicio de Urgencias de Atención Primaria está abandonada a su suerte”, asegura Elisabeth Muñoz, portavoz del sindicato SATSE Ceuta. A la hora de hacer las rondas por la ciudad, las enfermeras acuden muchas veces solas y se sienten desprotegidas.
La portavoz sindical apunta que, por el momento, no han tenido que lamentar ataques al propio personal, pero “sí hemos visto agresiones entre los propios migrantes en las que las profesionales se han visto en medio”, señala. “Se les ha increpado por las calles, se les ha gritado, se les ha pedido dinero y, cuando han dicho que no, las profesionales han sido insultadas y amedrentadas. Esta es la realidad que se está viviendo en la calle”, describe.
Asistencia en parejas y viajar en ambulancia para protegerse
Para Alejandro Artero, responsable de Sanidad en CSIF Ceuta, el problema es la falta de control. “Seguimos sin tener identificadas a las personas que han venido, no se les puede hacer un seguimiento como tal”, explica. “Estas personas andan deambulando por la ciudad sin ningún tipo de control, así que irte a realizar un domicilio te supone un riesgo, no sabes lo que te puede pasar”, describe.
La tensión entre las sanitarias creció después del ataque sufrido por una vigilante de seguridad del Hospital de Ceuta, a quien agredieron con arma blanca. “Después de ese momento, sí se puso custodia militar en los accesos del hospital, sobre todo en el servicio de urgencias”, explica. Pero cuando salen del centro, nadie les acompaña.
La situación es más compleja, dice, en zonas como el Tarajal. “Llegas y hay cincuenta personas acostadas en el suelo; no sabes cómo van a reaccionar cuando vean a una compañera sola por el camino”, comenta. Para intentar ir más protegidas, las enfermeras han empezado a hacer estos viajes en pareja y a acudir en ambulancia a los domicilios, pero “sigue siendo igual de vulnerable”, afirma Artero.

El portavoz de CSIF lo compara con las atenciones que prestan los profesionales en la playa del Trampolín: “Ahí, si no estamos con escolta de militares y policías, no puedes atender a los pacientes, porque sabes que tiene un riesgo”, dice.
Por el momento, el Ingesa ha establecido seguridad privada para un grupo de siete enfermeras del centro de salud de El Tarajal, unas medidas que desde SATSE califican de “insuficientes”. El sindicato pide que se extienda la iniciativa a todos los profesionales que realizan atención domiciliaria.




