A principio de cuatrimestre, un docente entra a un aula universitaria colmada y se encuentra con una postal cada vez más habitual: estudiantes que recién terminaron el secundario comparten bancos con personas que ya llevan años de experiencia laboral.
Hay jóvenes que empiezan su primera carrera y adultos que regresan a estudiar después de una o, incluso, varias décadas. Cuando se busca entender por qué, no aparece una única respuesta: mejores oportunidades laborales, especialización, un cambio de profesión o, simplemente, una cuenta pendiente que finalmente encuentra su momento.
Una universidad para distintas etapas de la vida
La idea de que la universidad es una etapa que empieza a los 18 o 20 años y termina con un título empieza a quedar atrás. Un relevamiento de UFLO Universidad sobre sus inscripciones de 2026 muestra que cada vez más adultos con experiencia laboral regresan a las aulas para completar una formación, especializarse o directamente elegir otro camino profesional.
Los números marcan el cambio. El Ciclo de Licenciatura en Esterilización registró una edad promedio de poco más de 40 años entre sus 56 inscriptos; la Tecnicatura Universitaria en Artes Marciales promedió 39 años entre 30 alumnos y el Ciclo de Licenciatura en Administración, 35 años entre 51 estudiantes. A nivel general, la edad promedio de los ingresantes de UFLO pasó de 25 años en 2025 a 27 en 2026. También aumentó con fuerza la proporción de estudiantes que trabajan: pasó del 44,2% al 58,6%.

Para Juana Jurado, investigadora en Psicología de UADE, el cambio está relacionado con una transformación más amplia: las personas viven y trabajan durante más tiempo y eso habilita a que aparezcan nuevas profesiones y conocimientos. Lo que antes podía servir durante décadas, hoy requiere actualización permanente. “La formación tiene un comienzo, sí, ¿pero un final? Cada vez menos”, plantea.
La experiencia laboral, además, modifica la manera de transitar una carrera. El adulto que vuelve a estudiar llega con conocimientos del mundo del trabajo, logros y frustraciones, pero también con mayor claridad sobre lo que quiere. Puede buscar mejores ingresos, una especialización o retomar un interés que había quedado postergado.
Cuando volver a estudiar también significa cumplir un sueño
La vuelta a la universidad no siempre responde a una necesidad inmediata del mercado laboral. Para Analía Verónica Losada, vicerrectora de Docencia e Investigación de UFLO, también hay personas que en algún momento quisieron estudiar una carrera pero postergaron ese proyecto por el trabajo, la pareja o la llegada de los hijos.
“Una franja de la sociedad intentó estudiar en la universidad y la vida misma, como trabajo, pareja e hijos, en muchos casos postergó ese deseo, pero no lo sepultó porque resurge ahora a los fines de una mejora en el contexto laboral, pero más aún para permitir cumplir un sueño”, explica.
Una mayor estabilidad laboral y familiar puede abrir nuevamente esa posibilidad. Y ese regreso también está vinculado con vidas laborales cada vez más extensas. Las personas viven más y, en consecuencia, permanecen durante más tiempo vinculadas al mundo del trabajo y a la necesidad de seguir formándose.
Para Losada, esto obliga a dejar atrás la idea de que el estudiante universitario es necesariamente un adolescente recién salido de la escuela secundaria: la formación puede comenzar, retomarse o completarse en distintas etapas de la vida.

La reconversión frente a un mercado que cambia
La universidad también empieza a funcionar como una herramienta de reconversión. Para Jurado, el mercado laboral acelera esa necesidad: actualizar conocimientos, especializarse o incluso cambiar de rumbo profesional se vuelve cada vez más necesario frente a un escenario que cambia rápidamente.
La actualización tecnológica aparece también como uno de los motores de estas nuevas decisiones. Daniel Escribano, decano del Departamento de Comunicación de la Universidad Nacional de Avellaneda, advierte que no necesariamente se trata de un fenómeno generalizado, pero sí de una necesidad que empieza a atravesar a determinados profesionales.
En este escenario, la vuelta a la universidad no implica necesariamente repetir el camino ya recorrido. Para la arquitecta Ruth Fische, rectora de UFLO Universidad, puede significar también repensar el propio recorrido profesional y animarse a explorar nuevas posibilidades. “La vuelta a la Universidad puede incluir una actualización, pero más aún rediseñarse, pensarse en otro ejercicio profesional y el desafío que ello genera”, señala.
Además, suma Escribano, “una persona que terminó la carrera hace 15 años seguramente no debe tener la formación necesaria en términos de actualización de la disciplina a un nuevo escenario laboral”. A eso se agrega una demanda cada vez mayor por conocimientos específicos: muchas áreas requieren hoy especializaciones que van más allá de la formación generalista.
En este escenario, la universidad ya no tiene solamente el desafío de formar para el primer empleo. También debe acompañar trayectorias laborales más largas, cambiantes y menos lineales.
Según Jurado, “el mercado laboral está acelerando enormemente esa necesidad”. La investigadora sostiene que, cuando existe incertidumbre, las personas buscan proteger su empleabilidad y ampliar sus posibilidades.
Pero no todo pasa por el trabajo. Escribano señala que muchas personas mayores que vuelven a estudiar no lo hacen estrictamente para conseguir empleo, sino también por curiosidad, por el deseo de formarse y como una forma de acceder a nuevas herramientas de pensamiento crítico.
“A los 40 no se empieza de cero”

Si una persona de 40 años piensa que ya es tarde para volver a estudiar, los profesionales coinciden en que la edad no debería ser un límite.
Para Jurado, la experiencia acumulada durante años de trabajo puede convertirse justamente en un punto de partida. “A los 40 no se empieza de cero. Se empieza con experiencia, con conocimiento del mundo laboral, con habilidades construidas durante años y, muchas veces, con mucha más claridad sobre lo que uno quiere y lo que no quiere para su vida”, sostiene.
Desde la universidad, Losada es todavía más contundente: “¡Nada más equivocado!”. Sostiene que los saberes adquiridos durante los años de trabajo pueden profesionalizarse y materializarse en una titulación, con una formación actualizada que puede convivir con la familia, los amigos y el trabajo.
Escribano coincide: “Yo creo que nunca es tarde para volver a estudiar. Para nada”. Y pone el foco en una realidad que ya puede verse en las aulas: estudiantes de 18 años comparten espacios con personas que superan los 50 y deciden iniciar una carrera.
La elección de una profesión, entonces, deja de sentirse como una decisión definitiva. Cambiar de carrera, retomarla después de años o iniciar una segunda formación puede ser parte de una trayectoria profesional cada vez menos lineal.
A los 40, volver a estudiar no necesariamente significa empezar de nuevo. Puede significar volver a elegir cómo reencontrarse con lo que a uno le apasiona.


