La Fórmula 1 ya ha aterrizado en Madrid. Es fin de semana de carreras, de olor a goma de neumático, de intentar ver a Fernando Alonso hacer algún milagro con su Aston Martin. Pero también son días de ruido, incertidumbre, cortes de tráfico y barrios que han visto alterada su rutina por el Gran Premio de F1 de Madrid.
Apenas 37 metros separan algunas viviendas de Las Cárcavas del trazado madrileño y varios vecinos no saben cómo entrar o salir de casa, si irse el fin de semana a la sierra (los que pueden) o intentar escapar antes de que empiecen a subir los decibelios y volver a descansar por la noche. “Esto antes era ciudad, ya no lo es”, resume Constantino Blanco, portavoz de la Plataforma Stop Fórmula 1 y vecino del barrio, en conversación con Infobae.
A su lado, Antonio Ibáñez, coordinador y residente de Alameda de Osuna. Él mismo es el que ha documentado durante meses la afección del GP de Madrid en los barrios próximos. No obstante, no todos lo ven así y prefieren actuar una vez sepan la magnitud de los sonidos. Isaac, Mari y Carlos, vecinos de Las Cárcavas, se van a quedar: “Es la primera vez y vamos a ver cómo funciona esto”, explica la mujer.

“Nos han ido encerrando en nuestras casas”
Para Stop F1, el conflicto empezó mucho antes de que los pilotos pusieran un pie en Madring. Las obras arrancaron en junio del año pasado, con el objetivo de hacer el circuito en tiempo récord para entrar en el calendario. Eso ha obligado a trabajar muchos días por la noche, una situación que Blanco describe como “bastante desesperante”, con polvo en verano y barro en invierno. “Hemos sido desplazados y ya nos quedaba nuestra casita como refugio. Ahora, el día del circuito, nos expulsan de la casa porque será inhabitable”, denuncia.
A su vez, y según explican, los cortes de tráfico se volvieron habituales desde abril, con calles cortadas hasta cinco o seis meses y afección al transporte público. El plan especial de movilidad del Gran Premio, activo entre el 10 y el 14 de septiembre, restringe el acceso en vehículo en el entorno y obliga a los residentes de Las Cárcavas a circular con una acreditación específica si quieren volver a entrar en sus casas.
Juan Alfonso Fernández, vecino de la zona desde hace 15 años, comparte ese malestar. “No han consultado con los vecinos”, asegura. Compró su parcela cuando todo era un campo de trigo de cebada, y ahora siente que debe asumir unas consecuencias que no esperaba: “Tengo que aguantar un circuito y tengo que aparcar mi coche”. Y es que hay restricciones en aparcamientos en las avenidas más alejadas donde se sitúan muchas oficinas que colindan con la M-40: “Es un cachondeo, una burla”, sentencia.

Una batalla judicial
Ibáñez habla del todo el proyecto como una “carrera de obstáculos” desde el punto de vista legal. La base normativa es un plan parcial de urbanismo y una licencia de obras, ambos recurridos y pendientes de sentencia. En el centro de esta disputa está la vía pecuaria que, según una sentencia previa, debería haberse repuesto en la calle Ribera del Sena. Como parte de ese espacio quedó ocupado para el circuito, se optó por trasladarla a una senda paralela a las vías del tren, una solución que, según la plataforma, “no es desde el punto de vista urbanístico factible”.
A eso se suma un informe de la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid que, ante las quejas por ruido, planteó como posible solución desalojar a los vecinos afectados. Para Blanco, esa recomendación es “ilegal” y “anticonstitucional”, aunque reconoce que sirvió para tranquilizar a la plataforma: la propia Comunidad admitía así que el proyecto no era viable, apunta.
Pero, en vez de reformularlo, IFEMA siguió con “una huida hacia delante”. Es decir, para frenar el circuito por motivo de ruido, la plataforma necesita pruebas que solo podrán reunir una vez que se celebre la primera carrera. Y eso mismo es lo que han estado haciendo este viernes, donde el máximo de decibelios recogido por Ibáñez es de 104,4 (el máximo permitido por la ley es de 55).

El ruido, la gran batalla
Las pruebas de Fórmula 3 del 24 y 25 de agosto funcionaron, para Ibáñez, como “la prueba del delito”. El ruido se sintió no solo en Las Cárcavas, sino en Alameda de Osuna, Barajas, Valdebebas, Sanchinarro y La Piovera. Se llegaron a los 110 decibelios, pero conviene hacer una aclaración: “110 no es el doble de 55, es cien mil veces cincuenta y cinco”, explica Blanco, ya que la escala es logarítmica.
En este sentido, la plataforma cifra en unas 7.000 personas afectadas durante el fin de semana. Las más cercanas, en una situación “imposible” para vivir. A eso se suma el impacto en los colegios, como el Juan Zaragüeta, que en el día de ayer permitió ausencias y retrasos de sus alumnos.
Cabe destacar que la organización ha levantado un muro de aislamiento acústico precisamente en la calle más cercana a las viviendas. Sin embargo, según señala Blanco, “el muro no tapa el sonido, solo evita que la gente vea las carreras gratis”.

Un proyecto que “no iba a costar nada”
La promesa inicial de IFEMA era que el proyecto no costaría dinero a las administraciones. Sin embargo, los datos que la plataforma ha extraído del portal de licitación de la entidad pública (el gasto en obras, seguridad y servicios jurídicos) rondan ya los 319 millones de euros, a los que hay que sumar entre 40 y 50 millones del canon que se paga a Liberty Media, propietaria de la Fórmula 1.
A esa cifra, señala Blanco, se suman gastos “ocultos” como el refuerzo policial, los autobuses extra o un estanque de tormentas del que, asegura, “no hay ninguna licitación” pese a que ya se está trabajando en él.
Otro de los ‘puntos fuertes’ de la F1 es la empleabilidad. Se estima cerca de 9.000 puestos de trabajo para las carreras, pero Ibáñez asegura que “no crea nada”. Habla de ofertas de entre 9 y 14 euros brutos la hora a través de cadenas de subcontratas, y de un turismo que, más que sumar, sustituye al que dejaba en esas mismas fechas la Vuelta ciclista.

Árboles centenarios y un patrimonio en juego
El impacto medioambiental es otro de los frentes abiertos. La cifra oficial de árboles afectados ronda los 700, entre talados y trasplantados, aunque la plataforma desconfía de esa segunda categoría. Según explican, “dos tercios de los árboles trasplantados no sobreviven”. El daño más visible, según Blanco, ocurrió en las rotondas de la Ribera del Sena, donde se removieron unos nueve olivos centenarios en pleno julio, “como dejándolos del terreno”, sin la técnica que exige mover un ejemplar de ese tipo.

Entre los que se van y los que se quedan
La propia plataforma admite que los vecinos afrontarán el fin de semana de maneras muy distintas. “Hay como tres niveles”, explica el portavoz: “El que se quede porque no le queda otra, el que coja por la mañana y se vaya a dar un paseo por el centro de Madrid y luego vuelva por la noche, o directamente el que se va el fin de semana de la ciudad”. “¿Quién va a querer vivir en una tortura? No tiene ninguna gracia”, sentencia.
Con ‘sold out’ desde hace meses y cientos de miles de espectadores desplazados, cada vecino de los barrios afrontará esas horas a su manera: con la casa cerrada, con las ventanas abiertas para comprobar cuánto se escucha, con el coche preparado para salir o simplemente esperando a que pasen los monoplazas por primera vez delante de su puerta.




