De las últimas horas de Cristian Maximiliano Díaz se reconstruyó casi todo lo que ocurrió durante la madrugada en la que fue asesinado. La discusión con “Pity” Álvarez en el barrio Samoré, los cuatro disparos y lo que sucedió inmediatamente. Sin embargo, hasta ahora, poco se sabía sobre qué había hecho la víctima el 11 de julio de 2018 antes de cruzarse con el músico.

Eran cerca de las 14.40 cuando Díaz llegó a Villa Lugano para ver a su hija mayor, Jacqueline. Le había avisado por WhatsApp que estaba llegando y, como ella no respondía, la llamó varias veces. Cuando finalmente se encontraron, él le entregó ropa, zapatillas y dinero. Estuvieron juntos cerca de media hora y luego el hombre se despidió. Fue la última vez que su hija lo vió con vida.

Ocho años después, Jacqueline Guzzardi reconstruyó esa tarde ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29, que juzgan a “Pity” Álvarez por el homicidio de Díaz. Su declaración no estaba prevista para este lunes. Fue incorporada a pedido del fiscal Sandro Abraldes y permitió conocer una parte de la historia de la víctima que hasta ahora había quedado en un segundo plano durante el debate.

Jacqueline tenía 16 años cuando ocurrió el crimen. Todavía iba al colegio. Hoy tiene 24 y trabaja para el Gobierno de la Ciudad. Frente al tribunal contó que en aquel momento vivía en la Torre 12 del barrio Samoré y que veía a Díaz al menos una vez por semana.

“Hablábamos todos los días”, aseguró.

La querellante Verónica Román junto a Jaqueline Guzzardi y Marita Díaz, hija y hermana de la víctima (Maximiliano Luna)

El encuentro de aquella última tarde había comenzado a gestarse unos días antes. “(Mi papá) me había mandado un mensaje para decirme que tenía ropa para traerme y me preguntó si la quería porque capaz no me gustaba”, recordó.

El 11 de julio, Díaz volvió a comunicarse con ella para avisarle que estaba llegando a Samoré. Como Jacquie no respondía, la llamó tres veces: a las 14.36, a las 14.38 y a las 14.39. Al final se encontraron en el palier y conversaron alrededor media hora. “Me preguntó qué iba a hacer en el día. Yo iba a la escuela en ese momento. Me dijo que se iba a quedar un rato más por el barrio y que después se iba. Me pidió que me cuidara y me portara bien. Después se despidió y se fue”, reconstruyó Jacqueline ante los jueces. “Lo vi normal”, sumó.

Horas después, en la madrugada del 12 de julio, Díaz murió tras recibir cuatro disparos. Jacqueline vio su cuerpo tirado junto a un charco de sangre. “Lo reconocí al verlo. Me lo quedé mirando en estado de shock, no sabía si estaba vivo, muerto o agonizando. Estuve unos veinte minutos pensando que iba a venir una ambulancia, hasta que llegó mi mamá y nos dijeron que estaba muerto”, contó años atrás en una entrevista al periodista Emmanuel Dalbe para Télam.

El músico durante la octava audiencia del juicio junto a sus abogados Luciana Comerci y Sebastián Queijeiro (Maximiliano Luna)

“No, ninguno”

El fiscal Sandro Abraldes justificó la incorporación del testimonio de Jacqueline por la necesidad de profundizar sobre las horas previas al crimen y la relación que existía entre Díaz y Álvarez, dos cuestiones centrales para una de las discusiones que atraviesan el juicio.

Cuando le preguntó concretamente si su padre tenía algún conflicto con “Pity”, la joven fue terminante: “No, ninguno”.

La respuesta cobra relevancia frente a la estrategia que anticipó la actual defensa del músico. Javier Baños y Sebastián Queijeiro sostienen que Álvarez actuó en legítima defensa y que no salió en busca de Díaz. “Él no fue y mató a una persona. Fue increpado en en un paso obligado donde se solía vender drogas a horas de la madrugada”, afirmó Queijeiro acerca de las circunstancias en las que se produjo el enfrentamiento.

Parte de esa versión encuentra respaldo en testimonios que ya se escucharon durante el juicio. C.U.S., amigo de Díaz y testigo presencial del crimen, relató que ambos comenzaron a discutir y que escuchó a la víctima decirle a Álvarez: “Vos me faltaste el respeto”. Según su declaración, Díaz se quitó luego la campera como para pelear y le dio un cabezazo a “Pity” que impactó “a modo de empujón”. Inmediatamente después, Álvarez sacó el arma y disparó.

El fiscal Sandro Abraldes (Maximiliano Luna)

Agustina Inbernoz, quien acompañaba al músico aquella madrugada, también describió a Díaz acercándose de manera agresiva. En su primera declaración sostuvo que lo invitaba a pelear y que lo provocaba para que disparara.

La defensa suma a esa reconstrucción las condiciones físicas en las que se encontraba Álvarez, quien había sido operado de la cadera tras un accidente en moto, y las características del arma utilizada. “Cristian tenía una prótesis de cadera y estaba en un estado de indefensión en absoluto”, argumentó Queijeiro. También señaló que el arma había sido diseñada por su fabricante para defensa personal, aunque aclaró que eso “no quiere decir que no sirva para ataque”.

La historia de la víctima, por otra parte, tampoco estaba exenta de episodios delictivos. Según contó su hermana a Infobae, Díaz había pasado alrededor de seis meses detenido en Ezeiza por un robo con arma blanca.

La mujer también planteó un interrogante sobre uno de los antecedentes que aparecen en la causa. En las actuaciones se menciona un conflicto anterior entre Díaz y Álvarez vinculado con una compra de drogas. La hermana cuestiona esa reconstrucción desde una pregunta: si Díaz vendía droga, ¿por qué en aquel episodio habría tenido que llevar a “Pity” hasta otro lugar para comprarla?

El músico se deshizo del arma y la tiró en una alcantarilla

Un ADN y un secreto que duró años

Hubo otro momento de la declaración de Jacqueline que llevó la historia hacia un terreno mucho más íntimo.

Durante la investigación fue necesario realizar estudios genéticos para determinar el vínculo entre Jacqueline y Díaz. El primer cotejo, realizado entre las muestras de ambos, no permitió establecer ni compatibilidad ni incompatibilidad.

A partir de ese resultado, la investigación genética se amplió: tuvieron que realizarse estudios los cuatro hermanos de Cristian Díaz para intentar determinar el vínculo. Según pudo reconstruir Infobae, el proceso comenzó en 2018 y recién concluyó en 2024.

El resultado definitivo determinó que Díaz no era el padre biológico de Jacqueline. Ella lo supo hace aproximadamente dos años y, hasta su declaración de este lunes, había preferido mantenerlo en reserva. No fue sencillo para ella hacerlo público tenía miedo “al qué dirán”.

Unos días después del crimen de su papá, la joven se tatuó una frase en su honor

Para Jacqueline, sin embargo, el resultado genético no modificó el vínculo que había construido durante toda su vida. “No sé si él lo sabía. Él siempre fue amoroso conmigo, atento”, dijo ante los jueces.

Un día después de declarar, la joven volvió sobre ese momento a través de sus redes sociales. “Ayer tuve que decir en voz alta que mi papá no era mi papá de sangre. Y creo que nunca me había dolido tanto pronunciar algo que, biológicamente, es verdad”, escribió junto a una foto de ambos.

En el mensaje explicó qué significó para ella conocer el resultado del ADN: “Durante mucho tiempo aprendí que una cosa es la sangre y otra completamente distinta es el amor. La sangre puede decir de dónde venimos, pero no puede explicar quién nos hizo sentir amados, quién estuvo, quién compartió su vida con nosotros”.

Y agregó: “Yo lo amé como a mi papá. Y lo amo como a mi papá”.

La publicación de la hija de Díaz tras su declaración ante el TOC N°29

Ese vínculo también había quedado plasmado mucho antes de que ella conociera el resultado definitivo de los estudios genéticos. El 23 de julio de 2018, apenas once días después del crimen, se tatuó en el brazo una frase dedicada a Díaz: “Siempre que te recuerde voy a sonreír, Papá”.

En abril de 2021 publicó en Facebook dos fotos junto a él y escribió: “El día que me enteré que te fuiste tuve la sensación de que todo se detenía”. En marzo de 2022 volvió a recordarlo: “Cuando miro nuestra foto te extraño”. Ambos mensajes fueron publicados antes de que supiera que Díaz no era su padre biológico.

Uno de los posteos de Jacquie

En su publicación de este martes, Jacqueline resumió esa contradicción entre el resultado genético y la historia que compartieron: “El ADN puede decir que no compartíamos sangre. Pero ningún ADN puede borrar una infancia, un amor, una historia ni todo lo que él fue para mí”.

Y cerró: “Era mi papá. Lo fue en vida. Lo sigue siendo en mi corazón. Y lo voy a amar como tal hasta el último día de mi vida”.

El lunes, antes de terminar su declaración, le preguntaron qué esperaba del juicio. “Que se haga justicia, que decidan como tienen que decidir con las pruebas que tienen. Que se haga bien, sin ningún tipo de beneficio”, respondió.