Hay historias que sobreviven porque fueron contadas. Y hay otras que sobreviven precisamente porque alguien decidió callar. La historia de las cautivas correntinas pertenece a esa segunda categoría.

Durante la Guerra de la Triple Alianza, cinco mujeres de familias acomodadas de Corrientes fueron tomadas prisioneras por las tropas paraguayas y trasladadas al Paraguay. Permanecieron allí durante más de cuatro años, acompañando el dramático repliegue del ejército de Francisco Solano López. Una de ellas murió en cautiverio. Las otras cuatro regresaron a Corrientes en septiembre de 1869.

Pero cuando finalmente pisaron el puerto de su ciudad, no abrazaron a sus familiares ni respondieron a quienes las esperaban. Caminaron en silencio hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Habían hecho una promesa. Y esa promesa se convirtió en uno de los mayores misterios de la historia correntina.

La historia fue reconstruida por Mario Markic en una emisión de En el camino, a partir de testimonios, documentos y entrevistas realizadas en Corrientes. En aquella recorrida, el periodista conversó con el historiador Miguel Fernando González Azcoaga, director del Museo Histórico de la Provincia de Corrientes “Tte. Gobernador Manuel Cabral de Melo y Alpoin”, y con la historiadora María Gabriela Quiñones. La investigación de ambos permite poner en contexto una historia que durante décadas permaneció rodeada de silencios.

El día en que Corrientes fue invadida

Era 13 de abril de 1865, Jueves Santo. La ciudad de Corrientes fue ocupada por tropas paraguayas. El episodio constituyó la primera gran irrupción de la guerra en territorio argentino y provocó el desplazamiento de parte de la población y de las autoridades hacia el interior de la provincia. En ese contexto, comenzó la historia de las cinco mujeres que, posteriormente, serían conocidas como Las Cautivas.

Sus nombres eran Victoria Bart de Ceballos, Carmen Ferré de Alsina, Toribia de los Santos de Sosa, María Encarnación Atienza de Osuna y Jacoba Plaza de Cabral. Todas pertenecían a familias de posición económica y social destacada y estaban vinculadas, directa o indirectamente, con hombres relacionados con la defensa de Corrientes.

¿Por qué fueron capturadas? La respuesta no es completamente clara. La historiadora María Gabriela Quiñones explica que algunas eran esposas de hombres vinculados con el ejército o con el abastecimiento de las tropas. Jacoba Plaza de Cabral estaba casada con Manuel Cabral, uno de los jefes militares. Victoria Bart de Ceballos era esposa de uno de los proveedores del ejército.

Las cautivas correntinas y Monumento a Mitre
Las cautivas correntinas y Monumento a Mitre

Pero el caso de Encarnación Atienza de Osuna resulta más difícil de explicar. Quiñones señala que pudo haber influido no solamente la posición de su marido, Santiago Osuna, sino también las relaciones familiares que vinculaban a distintas familias de la elite correntina. El propio González Azcoaga sostiene que estas cinco mujeres terminaron convirtiéndose en un símbolo de un fenómeno mucho más amplio: representaban a toda la población que había sido tomada cautiva durante la ocupación. Y allí aparece un dato que permite ampliar la mirada sobre la historia.

No fueron las únicas mujeres cautivas

La historiografía posterior convirtió a estas cinco mujeres en el rostro más conocido del cautiverio correntino. Pero las investigaciones de Dardo Ramírez Braschi permiten advertir que el fenómeno fue más amplio. En su trabajo “Saqueos en la provincia de Corrientes durante la Guerra del Paraguay”, publicado en Temas Americanistas de la Universidad de Sevilla, Ramírez Braschi señala que, además de las cinco mujeres que quedaron instaladas en la memoria histórica, existieron otras correntinas que fueron capturadas y trasladadas al Paraguay.

En su investigación, el historiador cita incluso una información publicada por Nación Argentina el 2 de agosto de 1865, según la cual el 12 de julio de aquel año 24 mujeres oriundas de la provincia de Corrientes habían sido raptadas y llevadas a territorio paraguayo.

También documenta casos de mujeres que posteriormente reclamaron indemnizaciones por los daños sufridos durante el cautiverio. La precisión es importante: “Las Cautivas” fueron cinco, pero las mujeres cautivas fueron muchas más. Con el tiempo, aquellas cinco terminarían adquiriendo una dimensión simbólica que excedería sus propias biografías.

Para la guerra del Paraguay, se reclutaban soldados
Para la guerra del Paraguay, se reclutaban soldados "voluntarios" en forma forzosa.

La presión para revelar dónde estaban sus maridos

Victoria Bart de Ceballos, la más joven del grupo, dejó el único testimonio directo conocido de una de las sobrevivientes. Según el relato recuperado por González Azcoaga y reconstruido en En el camino, las mujeres fueron interrogadas para intentar obtener información sobre los hombres que habían abandonado Corrientes para organizar la resistencia. Según el historiador correntino, los invasores les habrían preguntado insistentemente: ¿Dónde estaban sus maridos? ¿Dónde estaba la resistencia?

Ellas no respondieron. Fueran cuales fueran las razones —porque no sabían o porque se negaron deliberadamente a proporcionar información—, las mujeres mantuvieron el silencio, incluso después de ser llevadas y recluidas en el Cabildo de Corrientes.

Después fueron trasladadas hacia el Paraguay. Algunas llevaron consigo a sus hijos pequeños. Carmen Ferré de Alsina partió con su hija Carmencita y Jacoba Plaza de Cabral lo hizo con su pequeño hijo Manuel, que tenía apenas cuatro años. Para ellas comenzaba un cautiverio que se prolongaría durante más de cuatro años.

La muerte del coronel Palleja,  “La Guerra contra el Paraguay”. Tuyutí, Paraguay, 18 de julio de 1866. (Foto: 
Javier López / Bate & Cía. Biblioteca Nacional Uruguay. Bate & Cía. “Retratistas norteamericanos”).
La muerte del coronel Palleja, “La Guerra contra el Paraguay”. Tuyutí, Paraguay, 18 de julio de 1866. (Foto: Javier López / Bate & Cía. Biblioteca Nacional Uruguay. Bate & Cía. “Retratistas norteamericanos”).

Sobrevivir en medio de la retirada

Las condiciones de vida fueron cada vez más duras a medida que avanzaba la guerra. Las cautivas tuvieron que fabricar su propia ropa y alimentarse con lo que podían conseguir. González Azcoaga recuerda, a partir del testimonio de Victoria, que llegaron incluso a comer naranjas agrias.

Luego de la batalla de la derrota de Curupaytí en septiembre de 1866, Mitre dejó la comandancia de las fuerzas aliadas en manos de Caxias, un experimentado militar brasileño que llevó la guerra hasta Asunción. Combate tras combate, el ejército paraguayo se encontraba en retirada y la población civil era desplazada junto con las fuerzas que retrocedían frente al avance aliado. En ese escenario viajaban también las cautivas correntinas.

Justamente, el relato reconstruido por Markic a partir de las entrevistas con los historiadores describe a las mujeres que atravesaban arroyos, caminaban durante horas y sobrevivían prácticamente sin alimentos ni calzado. Pero el cautiverio no fue solamente una experiencia individual. Para González Azcoaga, aquellas cinco mujeres terminaron convirtiéndose en un símbolo de los numerosos civiles arrastrados por el conflicto.

Batallón 24 de abril en las trincheras de Tuyutí . “La Guerra contra el Paraguay”
Tuyutí, Paraguay, 1866 
Fotógrafo Javier López / Bate y Cía.   
Biblioteca Nacional de Uruguay
Batallón 24 de abril en las trincheras de Tuyutí . “La Guerra contra el Paraguay” Tuyutí, Paraguay, 1866 Fotógrafo Javier López / Bate y Cía. Biblioteca Nacional de Uruguay

Toribia, la que no volvió

De las cinco cautivas, solamente cuatro regresaron a Corrientes. Toribia de los Santos de Sosa murió durante el cautiverio.

Las circunstancias exactas de su muerte tampoco están completamente esclarecidas. En 1867, una epidemia de cólera causó numerosas muertes, no sólo en el frente de batalla, sino también entre la población civil. El testimonio de Victoria señala que habría muerto aparentemente de durante un brote de aquella enfermedad y sus compañeras debieron enterrarla con sus propias manos, utilizando para taparla una de las prendas que habían confeccionado durante el cautiverio. La muerte de Toribia quedó incorporada posteriormente a la representación escultórica de Las Cautivas en el Parque Mitre. En el monumento de Luis Perlotti, se la puede identificar porque es la única que lleva su cabeza tapada.

El pacto con la Virgen de La Merced

Después de la muerte de Toribia ocurrió uno de los episodios que más contribuyeron a rodear de misterio la historia. Las cuatro sobrevivientes hicieron un voto a la Virgen de La Merced, patrona de Corrientes y, tradicionalmente, vinculada con la protección de los cautivos. Prometieron que, si lograban regresar a su ciudad y no eran ultrajadas durante el cautiverio, no hablarían con nadie antes de llegar hasta los pies de la Virgen. Primero debían entrar en la iglesia. Después podrían reencontrarse con sus familias. El pacto incluía también el compromiso de no hablar públicamente de lo ocurrido durante aquellos años. Y cumplieron la promesa.

Parroquia Nuestra Señora de La Merced, Corrientes.
Parroquia Nuestra Señora de La Merced, Corrientes.

El regreso: nadie esperaba verlas así

  • El 5 de septiembre de 1869, las cuatro sobrevivientes regresaron finalmente a Corrientes. La noticia se extendió rápidamente por la ciudad. Las familias acudieron al puerto. También fueron numerosos los vecinos que se acercaron para recibirlas.
  • Pero las mujeres que bajaron del barco ya no eran las mismas que habían partido: llegaron delgadas, vestidas con harapos y profundamente afectadas por los años de cautiverio.
  • Y entonces ocurrió algo que alimentó todavía más la leyenda: no hablaron con nadie, ni con sus familiares, ni con quienes habían acudido a recibirlas.
  • Desde el puerto emprendieron el camino hacia la iglesia de La Merced. Cruzaron la Plaza de Mayo y entraron al templo. Allí, finalmente, se postraron ante la Virgen. Después de cumplir su promesa, regresaron junto a sus familias.

Desde entonces, muchas preguntas no fueron contestadas: ¿Qué les pasó exactamente durante los años de cautiverio? ¿Cuántas vejaciones o sufrimiento tuvieron que soportar antes de ser liberadas y de retornar a su ciudad? ¿Qué habían prometido exactamente?

Retratos del presidente Bartolomé Mitre; el emperador de Brasil Don Pedro II y el Mariscal Francisco Solano López. Foto: Christiano Junior, 1865. Tarjeta de visita. Biblioteca Nacional de Uruguay/Luiz Terragno, 1865. Tarjeta de visita Biblioteca Nacional de Brasil/Museo Julio Marc, Rosario, Argentina).
Retratos del presidente Bartolomé Mitre; el emperador de Brasil Don Pedro II y el Mariscal Francisco Solano López. Foto: Christiano Junior, 1865. Tarjeta de visita. Biblioteca Nacional de Uruguay/Luiz Terragno, 1865. Tarjeta de visita Biblioteca Nacional de Brasil/Museo Julio Marc, Rosario, Argentina).

Una historia marcada por el silencio

La historiadora María Gabriela Quiñones plantea una cuestión todavía más amplia. En sus investigaciones sobre las cautivas y la historiografía correntina, estudió el lugar que ocupó esta historia dentro de una sociedad atravesada por profundas divisiones políticas durante la guerra.

Corrientes tenía vínculos históricos, familiares, comerciales y culturales muy estrechos con Paraguay. La guerra produjo una fractura interna entre sectores identificados con el Paraguay y quienes defendían la causa nacional. La historiografía correntina, sostiene Quiñones, durante mucho tiempo evitó abordar de manera profunda ese conflicto. Su investigación plantea incluso una pregunta incómoda: si la historia de las cinco cautivas terminó adquiriendo tanta importancia en la memoria correntina, ¿pudo esa construcción contribuir también a desplazar otros aspectos conflictivos de la guerra, como el denominado “paraguayismo correntino”?

No se trata de negar el sufrimiento de las mujeres. Al contrario: se trata de preguntarse cómo ese sufrimiento fue transformándose en memoria histórica. Al respecto, Quiñones señala que, después de la guerra, las cautivas se alejaron de la vida social y que Victoria Bart de Ceballos fue la única que dejó un testimonio directo, recuperado primero de manera oral y, posteriormente, registrado por escrito. El silencio de las protagonistas, entonces, se convirtió también en un silencio de la sociedad.

Cándido López se hizo famoso por sus óleos detallistas sobre la Guerra del Paraguay, conflicto en el que participó como voluntario y en el que perdió la mano derecha. (Foto: Museo Nacional Bellas Artes)
Cándido López se hizo famoso por sus óleos detallistas sobre la Guerra del Paraguay, conflicto en el que participó como voluntario y en el que perdió la mano derecha. (Foto: Museo Nacional Bellas Artes)

El historiador que volvió sobre una historia incómoda

Los trabajos de Dardo Ramírez Braschi ayudaron a revisar ese período desde una perspectiva más amplia. Su investigación sobre la Guerra del Paraguay en Corrientes puso el foco en la ocupación paraguaya, sus consecuencias políticas y sociales y las divisiones que produjo dentro de la sociedad correntina. Su libro La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos (1865-1870) tuvo particular importancia en la renovación de los estudios sobre la guerra en la historiografía local.

El propio currículum académico de Ramírez Braschi registra, además, el trabajo de Miguel Fernando González Azcoaga “Las cautivas correntinas de la guerra del Paraguay: su presencia en los anales del conflicto”, publicado en 2016. Este punto es importante porque la historia de estas mujeres no quedó solamente en el terreno de la tradición oral o de la memoria familiar: durante las últimas décadas fue objeto de investigaciones que intentaron reconstruir documentos, testimonios, itinerarios y contextos.

Las cautivas correntinas
Las cautivas correntinas

El monumento que mira hacia el río

En el Parque Mitre de la ciudad de Corrientes existe una de las representaciones más poderosas de esta historia. El monumento se levanta frente al río Paraná, en un espacio estrechamente relacionado con la ocupación de Corrientes y con los combates de la guerra.

  • Inaugurado en 1941, este monumento realizado por el escultor Luis Perlotti se caracteriza por su monolito piramidal de 18 metros de altura con dos grupos escultóricos de cada lado.
  • En su frente aparece la figura de Bartolomé Mitre que mira hacia el Paraguay.
  • En la contracara, se encuentra el grupo escultórico de Las Cautivas que miran la ciudad de Corrientes y son acompañadas por dos niños.
  • Son las dos caras de una misma guerra: una representa la dimensión solemne y militar del conflicto. La otra, el sufrimiento de los civiles.

La frase que quedó grabada en piedra

En el basamento del monumento quedó una frase que resume buena parte de la memoria correntina sobre aquella guerra: “…y Corrientes dio la sangre de sus varones y el dolor de sus mujeres”. La leyenda, recuperada también al final de la emisión de En el camino, condensa en pocas palabras una memoria construida alrededor de la pérdida masculina en los campos de batalla y del sufrimiento de las mujeres que quedaron en la retaguardia.

Pero el monumento también permite recordar una contradicción. Mientras las cautivas fueron convertidas con el tiempo en heroínas, buena parte de las discusiones sobre la participación de Corrientes en la guerra quedaron durante décadas fuera del relato central. Las investigaciones de Quiñones y Ramírez Braschi muestran precisamente esa tensión entre memoria, silencio, historiografía y construcción de una identidad provincial.

Pintura de Cándido López
Batalla de Tuyutí, 24 de mayo de 1866. Los batallones 4 y 6 de Línea inician la batalla
Gentileza del Museo Histórico Nacional
Pintura de Cándido López Batalla de Tuyutí, 24 de mayo de 1866. Los batallones 4 y 6 de Línea inician la batalla Gentileza del Museo Histórico Nacional

“En veinticuatro horas en los cuarteles…”

La historia de las cautivas también puede leerse en contraste con el entusiasmo inicial con el que en Buenos Aires se recibió la noticia de la invasión paraguaya. Bartolomé Mitre llamó a la movilización y pronunció una frase que quedaría grabada en la historia argentina: “En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en Asunción”. La frase aparece documentada en investigaciones históricas sobre la guerra y sintetiza el pronóstico de un conflicto rápido que, en los hechos, se prolongó durante casi cinco años.

Para las cinco mujeres correntinas, la guerra no duró tres meses. Duró más de cuatro años. Para una de ellas, terminó con la muerte. Para las otras cuatro, con un regreso que no significó el final del conflicto, sino el comienzo de otro: el de aprender a vivir con aquello que habían visto y decidido no contar.

El Mangrullo, la carpa que servía de habitación y laboratorio a los fotógrafos montevideanos corresponsales gráficos de la guerra del Paraguay. (Foto: 
“La Guerra contra el Paraguay”
Fotógrafo Javier López / Firma Bate & Cía.
Tuyutí, Paraguay, 1866/Biblioteca Nacional del Uruguay).
El Mangrullo, la carpa que servía de habitación y laboratorio a los fotógrafos montevideanos corresponsales gráficos de la guerra del Paraguay. (Foto: “La Guerra contra el Paraguay” Fotógrafo Javier López / Firma Bate & Cía. Tuyutí, Paraguay, 1866/Biblioteca Nacional del Uruguay).

El misterio que quedó después de la guerra

Las cautivas regresaron. Cumplieron su promesa. Entraron en la iglesia de La Merced. Se reencontraron con sus familias. Y después guardaron silencio. Tal vez ese sea el aspecto más inquietante de esta historia. No sabemos todo lo que ocurrió durante aquellos años porque quienes estuvieron allí decidieron no contarlo. El único testimonio directo conocido de una sobreviviente fue el de Victoria Bart de Ceballos, recuperado años después. Por eso, más de un siglo y medio después, la historia continúa moviéndose entre documentos, testimonios, investigaciones, las memorias familiares y la tradición oral.

Las cinco mujeres terminaron convertidas en un símbolo. Pero detrás del bronce siguen estando cinco vidas concretas: Victoria, Carmen, Toribia, Encarnación y Jacoba. Cinco mujeres que fueron arrancadas de sus casas por una guerra que no habían elegido. Cinco mujeres que atravesaron más de cuatro años de cautiverio. Una que no volvió. Cuatro que regresaron. Y cuatro que, al volver, eligieron no hablar. Quizás por eso todavía hoy, frente al Paraná, el monumento de Perlotti parece contar una historia que no termina de revelarse. Algunas guerras terminan cuando callan las armas, pero otras continúan en la memoria de los que la sobrevivieron.