Los colegios electorales ya han cerrado sus puertas en Suecia. Los ciudadanos han tenido doce horas para decidir la renovación de los 349 escaños del Riksdagen, el parlamento unicameral del país. De esta forma, más de ocho millones de personas se han dirigido hoy a las urnas para determinar si quieren el regreso de la izquierda o el ascenso de la ultraderecha.
Las elecciones legislativas, que coinciden con los comicios regionales y municipales, tienen como favorita a la oposición de centroizquierda. Por lo que se ha podido ver, una clara ventaja frente al bloque de la derecha que se ha reducido notablemente en la recta final de la campaña. De momento, las encuestas a pie de urna (Valu) encaminan la victoria para los socialdemócratas, liderados por la exprimera ministra Magdalena Andersson, con un 28,4%. No obstante, el partido habría perdido dos puntos con respecto a las elecciones de 2022.
Por su parte, los partidos de Tidö (alianza entre los partidos de derecha y ultraderecha) pueden dar un paso atrás significativo en las urnas. “Me quedé bastante sorprendido”, ha afirmado Björn Söder, representante de Sverigedemokraterna (SD) para la cadena SVT al ver que las encuestas solo le dan el 17,2% de los votos, 3,3 puntos menos que en las anteriores elecciones.
Aunque por el momento no ha terminado el recuento de votos, este año han participado 13.709 votantes en la encuesta Valu. “Nunca habíamos tenido una base tan grande y sólida”, asegura el profesor universitario de ciencias políticas, Henrik Ekengren Oscarsson, para la cadena sueca, confiando en que los datos que apuntan a la caída de los demócratas son fiables.
Si esta premonición se confirma, el SD perderá su posición como segundo partido más grande y en su lugar, ascenderían los Moderados (M) con un 18,1% de los votos. “No fue una cifra alentadora, pero confío en que esto se corregirá durante la noche. Esperaba que SD mantuviera su posición como el segundo partido más grande y creo que también terminaremos ahí”, ha declarado su representante.
Este escenario dejaría al bloque de la izquierda con una mayoría absoluta del 51% y a los partidos de derecha con un 47%, después de cuatro años en el Gobierno.
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