
Una investigación de la Universidad de Cardiff y la Universidad de Nottingham concluyó que las peleas de osos con perros ya eran un entretenimiento establecido en Inglaterra durante el siglo XII, tras analizar documentos, restos óseos e imágenes medievales.
El estudio publicado en la revista Society & Animals indica que la llegada de osos vivos aumentó después de la conquista normanda de 1066, aunque no prueba que ese hecho iniciara la práctica.
Según el artículo divulgado en Earth.com, los investigadores reconstruyeron el desarrollo de esta actividad, conocida como hostigamiento de osos, en la que un animal era retenido mientras se lanzaban perros contra él como espectáculo.
Los registros sitúan el espectáculo en ciudades

El doctor Liam Lewis, de la Universidad de Cardiff, sostuvo que “la combinación de análisis literarios, de archivo, arqueológicos y visuales nos permite concluir de forma definitiva que las peleas de osos eran una actividad establecida en Inglaterra en el siglo XII”.
Antes de ese período, los osos pardos ya no vivían en estado salvaje en Gran Bretaña. Por eso, la aparición de huesos de animales vivos en Londres y el norte de Yorkshire después de 1066 apunta a un incremento de las importaciones desde el exterior.
Sin embargo, los autores advierten que la conquista normanda no puede considerarse el origen comprobado de estos combates. Un registro de Norwich sugiere que, antes de 1066, se entregaron al rey 1 oso y 6 perros.
El hostigamiento de osos atraía también al público urbano

Además, uno de los relatos detallados más tempranos procede de Ardres, en el norte de Francia, durante la década de 1080. En ese episodio, habitantes de la localidad enfrentaron a sus perros con un oso grande procedente de Inglaterra.
El público pedía la repetición del espectáculo durante los días festivos, al mismo tiempo que crónicas del siglo XII mencionan también persecuciones en Londres y Chester.
“Nuestra investigación demuestra que la práctica de la caza con cebo, si bien se asociaba con matrimonios, pasatiempos aristocráticos y festividades bulliciosas en relatos y sermones medievales, era claramente un entretenimiento popular también entre el público en general”, explicó Lewis.
Los huesos confirman la presencia de osos vivos

Los restos arqueológicos fueron una de las claves para establecer que hubo osos vivos en territorio inglés: los investigadores explicaron que los huesos de las patas pueden permanecer unidos a una piel, mientras que piezas procedentes de varias zonas del esqueleto ofrecen un indicio más sólido de que el animal entero estuvo en ese lugar.
En Plantation Place, Londres, aparecieron tres restos de oso de distintas partes del cuerpo, fechados aproximadamente entre los años 1050 y 1150. En cambio, otros hallazgos aislados de piezas óseas de patas probablemente correspondían a pieles comercializadas y no a animales trasladados con vida.
Un omóplato localizado en Richmond, North Yorkshire, fue sometido a datación por radiocarbono una técnica que calcula la antigüedad de un organismo a partir de una forma radiactiva de carbono conservada tras su muerte. El resultado situó el hueso entre 1024 y 1155, con mayor probabilidad entre 1078 y 1155.

La profesora Hannah O’Regan, de la Universidad de Nottingham, señaló que “la nueva datación por radiocarbono del oso hallado en Richmond, North Yorkshire, demuestra que los osos estaban muy extendidos desde principios de la Edad Media”.
El cuidado de los animales exigía recursos y personal especializado
Mantener a los osos implicaba gastos, instalaciones y trabajadores. Un registro de 1252 describe a un oso blanco procedente de Noruega en la Torre de Londres, que tenía cuidador, bozal, cadena de hierro y una cuerda resistente. El animal era llevado al río Támesis para pescar.
Los autores consideraron que esos requerimientos hacen aún más relevante la presencia de animales en varios pueblos ingleses. “Esto ocurre a pesar de que los osos deben importarse a Inglaterra desde el extranjero y, por lo tanto, presumiblemente, conllevan costes de importación, transporte y manutención”, indicó Lewis.

Un ejemplar hallado en Colchester presentaba una enfermedad dental grave: había perdido en vida un colmillo superior y la cavidad se infectó, con inflamación que alcanzó el seno nasal y el hueso cercano. El estudio no pudo determinar si el diente fue retirado de forma intencional, se rompió por accidente o resultó afectado durante el cautiverio.
Las colecciones antiguas ayudan a reconstruir los espectáculos medievales
Las imágenes de la época complementan la información material, aunque no permiten probar por sí solas que cada oso fuera empleado en peleas. El Tapiz de Bayeux muestra un ejemplar con bozal frente a una persona que levanta una espada, pero los especialistas discuten el sentido de esa escena.
Manuscritos posteriores representan animales encadenados a estacas, golpeados por personas o atacados por perros. El Salterio Luttrell, elaborado entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV, muestra un oso con bozal y atado a una estaca mientras los canes lo rodean y un grupo observa.

“La fecha de Richmond, en una escápula hallada en 1864 y conservada en el Museo de Yorkshire, demuestra la importancia de conservar muestras y examinar colecciones antiguas, ya que aún nos queda mucho por aprender”, afirmó Lewis.
El investigador añadió que “Richmond también se menciona en una de las primeras referencias a un ‘guardián de osos’ medieval con nombre propio: Spenellus, que vivió allí a principios del siglo XIII”.
Las peleas con estos animales parecen haber surgido de manera gradual durante un período prolongado, de acuerdo a los registros, en vez de iniciarse en una fecha precisa. Aunque estuvo asociada a festividades organizadas por personas adineradas, los habitantes urbanos también asistían como público.




