El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, defendió este martes que los combates en Ucrania y las negociaciones diplomáticas pueden desarrollarse en paralelo, sin que el inicio de conversaciones de paz implique necesariamente un alto el fuego. En una entrevista con la televisión pública rusa, el jefe de la diplomacia del Kremlin declaró: “Combates y diplomacia. No veo razón alguna por la que no puedan desarrollarse en paralelo y simultáneamente, como ha ocurrido en la historia”.
La afirmación llega en un momento de intensa actividad diplomática entre Washington, Moscú y Kiev, apenas dos días después de que los enviados especiales del presidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, completaran una gira que los llevó primero a Moscú y luego, por primera vez desde el inicio de la guerra, a la capital ucraniana.
Lavrov enmarcó su postura actual en lo que Moscú considera un antecedente: la retirada de tropas rusas de las inmediaciones de Kiev en 2022, que el Kremlin describe como un “gesto de buena voluntad” dentro de las negociaciones de aquel momento. Kiev y buena parte de los analistas occidentales ofrecen una lectura distinta de ese episodio: sostienen que la retirada respondió al fracaso militar de la ofensiva rusa sobre la capital ucraniana, frenada por la resistencia local y por problemas logísticos del Ejército invasor, no a una concesión diplomática. El repliegue, además, dejó al descubierto las matanzas de civiles halladas en Bucha e Irpin, documentadas por Naciones Unidas, que endurecieron la posición ucraniana y precipitaron el colapso de las conversaciones de Estambul.
Según el canciller ruso, después de aquel repliegue Kiev rechazó sellar la paz bajo las condiciones que entonces se negociaban, lo que llevó a Putin a determinar que Rusia no suspendería sus objetivos militares mientras continuaran las conversaciones diplomáticas. “Esa política se mantiene vigente también hoy en día”, insistió, en referencia a unas tratativas que Moscú recuerda como el episodio fundacional de su desconfianza hacia los compromisos de alto el fuego, y que Kiev, en cambio, describe como una negociación bajo coacción que se rompió al conocerse las atrocidades cometidas por las tropas rusas en retirada.
Este relato de fondo, difundido por la diplomacia rusa desde hace más de dos años, sirve al Kremlin para justificar que continúe con operaciones militares —incluidos ataques con misiles y drones contra infraestructura ucraniana— incluso en las semanas en que se multiplican los contactos con emisarios estadounidenses.
Las declaraciones de Lavrov se producen inmediatamente después del viaje de Witkoff y Kushner, que se reunieron durante más de tres horas con Putin en Moscú el cinco de septiembre y viajaron al día siguiente a Kiev para entrevistarse con el presidente Zelensky, en su primera visita oficial a la capital ucraniana desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Fue, según relató la propia comitiva, la octava visita de Witkoff a Moscú y la tercera de Kushner, mientras que ninguno de los dos había pisado antes Kiev, un contraste que había generado malestar entre funcionarios ucranianos.
La gira concluyó sin anuncios de acercamiento entre Moscú y Kiev sobre los puntos en disputa, en particular el control del Donbás, región del este de Ucrania donde Rusia ocupa más del 80% del territorio y que Putin reclama en su totalidad como condición para poner fin a la guerra. Zelensky evitó dar detalles sobre posibles fórmulas de resolución y se limitó a subrayar la relevancia del asunto. El único resultado tangible de la visita a Kiev fue un compromiso de coordinación futura entre Ucrania, Estados Unidos y los asesores de seguridad nacional de Alemania, Francia y Reino Unido, que participaron en los encuentros.
Horas antes de la entrevista de Lavrov, el Kremlin confirmó que Trump mantuvo este martes una llamada telefónica de una hora con Putin centrada en evaluar los resultados de la misión de Witkoff y Kushner. Según el asesor de política internacional del Kremlin, Yuri Ushakov, Trump “expresó con claridad la idea de que sería deseable un pronto fin del conflicto, lo que allanaría inmediatamente el camino al pleno restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia”.
El mandatario estadounidense manifestó además su interés en que ese avance se concrete antes de que termine su mandato, en enero de 2029. Ushakov añadió que Putin trasladó a Trump que Rusia no alberga “intenciones hostiles” hacia Europa, en respuesta a las advertencias que varios gobiernos europeos han formulado tras incidentes atribuidos a Moscú, como el ocurrido en agosto con un dron en el aeropuerto alemán de Leipzig.
Lavrov había explicado también que Rusia continuará negociando con Washington porque acepta “la realidad sobre el terreno” y rechaza el ingreso de Ucrania en la OTAN, condición que Moscú considera innegociable desde 2022. Ninguna de las partes ha fijado plazos concretos para un acuerdo.

