Llevamos décadas intentando almacenar la energía solar para utilizarla de noche. Resulta que hay otra opción: hacer que nunca deje de recibir luz

Durante décadas hemos tratado de resolver el gran problema de la energía solar de una manera bastante intuitiva: producir todo lo posible mientras brilla el Sol, almacenar el excedente y recuperarlo cuando llega la noche. Una idea propone darle la vuelta al problema. Si en la Tierra inevitablemente anochece, quizá la solución no sea guardar la luz durante horas, sino colocar los paneles allí donde prácticamente nunca deja de haberla y enviar después esa energía a las plantas solares que están a oscuras. 

La idea parece ciencia ficción, pero acaba de recaudar millones.

No es producir, es qué hacemos cuando no hay sol. La energía fotovoltaica se ha abaratado enormemente, pero sigue arrastrando una limitación imposible de eliminar desde la superficie terrestre: los paneles solo producen cuando reciben suficiente radiación solar. De ahí que buena parte de la carrera tecnológica se haya concentrado en baterías capaces de almacenar durante las horas de máxima producción la electricidad que necesitaremos después. 

Es aquí donde aparece Overview Energy, que plantea una tercera vía: en lugar de almacenar durante el día para sobrevivir a la noche, trasladar parte de la captación solar a miles de kilómetros sobre nuestras cabezas, donde un satélite puede permanecer iluminado durante muchísimo más tiempo, y utilizar esa energía para mantener trabajando las instalaciones terrestres cuando ya no reciben luz directamente.

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