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Política

Lo afirma un estudio: cuando sube el ritmo cardíaco de una persona, en su perro también aumenta

Quienes conviven con un perro suelen decir que el animal “sabe” cuándo algo anda mal. Puede acercarse cuando su dueño está preocupado, mostrarse inquieto si hay tensión en la casa o permanecer especialmente atento cuando percibe nerviosismo. Ahora, una investigación sugiere que esa conexión también

Cadena LáserVía TN3 min de lectura
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Lo afirma un estudio: cuando sube el ritmo cardíaco de una persona, en su perro también aumenta

Quienes conviven con un perro suelen decir que el animal “sabe” cuándo algo anda mal. Puede acercarse cuando su dueño está preocupado, mostrarse inquieto si hay tensión en la casa o permanecer especialmente atento cuando percibe nerviosismo. Ahora, una investigación sugiere que esa conexión también puede observarse en el ritmo cardíaco.

Investigadores de la Queen’s University Belfast estudiaron a 28 perros junto con sus propietarios durante una visita a una clínica veterinaria de Dublín, un entorno especialmente interesante porque suele generar estrés tanto en los animales como en las personas que los acompañan.

Los perros tenían entre uno y 17 años. Tanto ellos como sus dueños fueron equipados con monitores que permitían registrar la frecuencia cardíaca y los cambios que se producían entre latidos a lo largo de la experiencia.

El resultado más llamativo fue que las variaciones en el ritmo cardíaco de los propietarios “predijeron significativamente” las variaciones observadas en sus perros. Cuando cambiaba el nivel de activación fisiológica de la persona, aparecía una modificación relacionada en el animal.

El estudio registró la frecuencia cardíaca y los cambios que se producían entre latidos. (Imagen ilustrativa generada con IA)
El estudio registró la frecuencia cardíaca y los cambios que se producían entre latidos. (Imagen ilustrativa generada con IA)

Lo que encontraron los investigadores fue una asociación estadística que respalda la hipótesis de que el estrés del dueño puede influir de manera inmediata sobre el estado fisiológico de su mascota.

Para analizar todavía mejor esa relación, a la mitad de los propietarios se les pidió realizar ejercicios de respiración y meditación destinados a disminuir el estrés. También leyeron frases positivas relacionadas con sus animales, como “mi perro me da alegría” o “cuido a mi perro”.

La investigación partía de una situación conocida por los veterinarios. Una consulta puede implicar para el perro confinamiento, olores desconocidos, manipulación, incertidumbre e incluso dolor, factores capaces de elevar su nivel de estrés.

Por qué la calma del dueño puede ayudar también al perro

Una de las conclusiones prácticas del trabajo es que reducir la tensión de las personas durante una consulta veterinaria podría beneficiar indirectamente a sus mascotas.

Los investigadores observaron además que la frecuencia cardíaca de los perros tendía a disminuir a medida que transcurría el tiempo y se acostumbraban al entorno. Esto refuerza la importancia de permitirles algunos minutos de adaptación antes de comenzar determinados procedimientos.

La veterinaria Aoife Byrne, una de las responsables del estudio junto con Gareth Arnott, señaló que las consultas suelen desarrollarse bajo presión de tiempo, pero que avanzar un poco más despacio podría mejorar la experiencia para todos.

La frecuencia cardíaca de los perros tendía a disminuir a medida que transcurría el tiempo y se acostumbraban al entorno. (Foto: Pixabay)
La frecuencia cardíaca de los perros tendía a disminuir a medida que transcurría el tiempo y se acostumbraban al entorno. (Foto: Pixabay)

El dato tiene incluso implicancias médicas. La frecuencia cardíaca es uno de los parámetros habituales de un examen veterinario y, si está elevada únicamente porque el perro está asustado, la medición podría no representar correctamente su estado habitual.

¿Cómo sabe el animal que su dueño está nervioso? Probablemente no exista una única vía.

Los perros son extraordinarios observadores de los seres humanos. Pueden interpretar cambios en la postura, los movimientos, el tono de voz y otras señales que una persona ni siquiera advierte que está produciendo.

A esto se suma el olfato. Otros trabajos científicos han demostrado que los perros pueden distinguir muestras de sudor y aliento tomadas de personas relajadas de aquellas obtenidas después de atravesar situaciones estresantes. Los cambios metabólicos asociados con el estrés alteran determinados compuestos volátiles que el organismo libera y que una nariz canina puede detectar.

Leé también: Veterinarios revelan a qué edad se recomienda castrar a los perros y perras para evitar problemas de salud en el futuro

También aparece el llamado contagio emocional, un fenómeno por el cual el estado de un individuo influye sobre la respuesta emocional o conductual de otro.

Un perro que lleva años viviendo con una persona dispone además de una enorme cantidad de información sobre ella. Conoce sus rutinas, movimientos, olores y comportamientos habituales, por lo que puede detectar rápidamente cuándo algo cambia.

Entre las señales de estrés canino pueden aparecer jadeo sin relación con el calor, inquietud, lamido frecuente de labios, dificultades para relajarse o cambios en el descanso. Si la situación se mantiene durante períodos prolongados, puede afectar su bienestar.

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