Lo “cazaron” rumbo al colegio, lo mataron y su familia lo siguió esperando durante 38 días: a 24 años del caso Diego Peralta
La mañana del 5 de julio de 2002 , Diego Peralta salió de su casa rumbo al colegio en El Jagüel , en provincia de Buenos Aires. Como llovía, el adolescente de 17 años tomó un remís . Pero lo que parecía un día como cualquier otro, en cuestión de minutos cambió su historia para siempre. Diego nunca l
La mañana del 5 de julio de 2002, Diego Peralta salió de su casa rumbo al colegio en El Jagüel, en provincia de Buenos Aires. Como llovía, el adolescente de 17 años tomó un remís.Pero lo que parecía un día como cualquier otro, en cuestión de minutos cambió su historia para siempre.
Diego nunca llegó a la escuela. En el camino fue interceptado por una banda de secuestradores que lo eligió porque creía que su familia podía pagar un millonario rescate. Lo llevaron hasta una casa de Plátanos, en Berazategui, y allí comenzó un cautiverio que terminaría de la peor manera.
Veinticuatro años después, para José Vera, el abogado que representó a la familia Peralta, hay algo que permanece intacto: el impacto de aquella causa, no solo por la brutalidad del crimen sino también por las irregularidades que salieron a la luz.
“Es increíble que ya haya pasado tanto tiempo. Fue un caso que impactaba aún a un abogado acostumbrado a juicios orales y causas complejas”, recordó, en diálogo con TN.
Vera sostiene que muchas de las respuestas que necesitaban los padres de Diego no surgieron de la etapa de instrucción, sino del debate oral. “Creo que tanto la mamá como el papá tienen claro lo que sucedió a consecuencia del juicio, más que de la investigación que se hizo”, explicó.
Y fue justamente durante el debate oral donde, según el letrado, quedó expuesto cómo había actuado la banda.
“Quedó claro, por un lado, cómo organizaron cazarlo al chico camino al colegio, cómo se organizaron para tenerlo cautivo”, señaló. En este sentido, Vera resaltó que no se trató de un secuestro improvisado.
“Era una organización para un secuestro a largo plazo y había personas integrantes de la banda que son sumamente peligrosas y desagradables”, describió.
Una familia que no podía pagar el rescate
Los secuestradores empezaron exigiendo 200 mil dólares.La cifra estaba basada en una información equivocada sobre la supuesta capacidad económica de la familia. Los Peralta no tenían ese dinero.
El monto bajó primero a 50 mil dólares y finalmente se llegó a una entrega de 9.000 pesos y 2.000 dólares, reunidos con ayuda de familiares, amigos y allegados.
“Los papás no tenían un estándar de vida que les posibilitara pagar lo que les estaban exigiendo. Era un disparate”, sostuvo Vera.
Pero mientras la familia intentaba reunir ese dinero y negociar por la vida de Diego, la investigación policial quedaba bajo cuestionamientos cada vez más graves. Uno de los aspectos que más critica Vera es el operativo desplegado alrededor del pago del rescate.
“La actuación de la Policía no solo fue deficitaria. En el debate quedó claro el peligro al que expusieron al papá (de Diego) cuando fue a pagar por la vida de su hijo”, afirmó el abogado.
Y subrayó: “La policía tenía que seguirlo y lo perdieron. El hombre quedó solo en manos de los secuestradores. Fue solo a pagar el primer rescate”.
Para Vera, después de esa falla hubo intentos de ocultar la gravedad de lo ocurrido. “La Policía tratando de disimular lo que era una verdadera catástrofe de la investigación”, cuestionó.
También apuntó contra el supuesto acompañamiento psicológico brindado a la familia: “Colocaron una persona para que los asistiera y esta persona dijo que no tenía ningún tipo de capacitación para apoyar a una víctima de un delito”.
Según el abogado, aquel policía tenía en realidad otra función. “Lo mandaron para informar qué hacía la familia, si conseguían el dinero, con quiénes hablaban. Tenía cero capacitación, su única función era informar a sus autoridades”, detalló.
Diego ya estaba muerto
La familia permaneció durante 38 días atrapada en una espera desesperante. Los padres dormían vestidos, pendientes de un teléfono y rodeados por policías, sin saber que su hijo ya había sido asesinado.
De acuerdo con la confesión que más tarde haría Marcelo “Chelo” Cejas, uno de los captores, en un primer momento mantuvieron al adolescente dopado con tranquilizantes pero al tercer día decidieron matarlo porque creían que la familia no quería pagar y temían que Diego pudiera reconocerlos.
Lo apuñalaron tres veces en la espalda y lo degollaron con siete cortes, antes de arrojar su cuerpo atado a un riel en una tosquera de Ezpeleta.
Vera recuerda especialmente ese tramo de la causa por la ferocidad del asesinato. “Lo mataron de una forma muy cruel, lo habían atado con alambres a un poste para que quedara hundido (en el agua)”.
El cuerpo apareció el 12 de agosto de 2002,38 días después del secuestro.
Para el entorno más cercano de Diego, el proceso judicial significó atravesar nuevamente el horror.
Carlos Ramón "El Pipi" Garzón fue condenado a 29 años de prisión como autor material del crimen de Peralta. (Foto: gentileza Urgente 24).
“Fue una situación muy angustiante, muy revictimizante de los papás, de los amigos de Diego”, lamentó Vera.
Otro de los puntos que dejó expuestos el juicio fue que los secuestradores no solo planificaron cómo capturar a la víctima, sino también cómo evitar ser descubiertos. “No solo organizaron el secuestro sino que han previsto la impunidad, creyendo que el cuerpo no lo iban a encontrar”, reafirmó.
El letrado consideró que esa planificación y la posterior actuación policial dejaron una marca profunda en el expediente. “Hubo una serie de situaciones que tendrían que haber sido investigadas adecuadamente y no se hizo”, señaló.
Y fue todavía más contundente al evaluar el impacto de aquellas irregularidades: “Lo más estigmatizante es que la investigación no se llevó como correspondía”.
Las condenas y las respuestas que llegaron en el juicio
“Se ventiló todo a la luz de todos”, sostuvoVera en relación a los dos debates que se hicieron por el secuestro y crimen de Peralta. Y agregó: “Las respuestas de cómo sucedió, estaban”.
Así, el caso tuvo el reproche penal más severo: Marcelo Cejas, Julio César Rotela, Rosa Pistillo, Enrique Báez y David Pereyra recibieron prisión perpetua.
En un segundo juicio, Carlos Ramón “Pipi” Garzón fue condenado a 29 años de prisión.
Por su parte, el remisero que llevaba a Diego a la escuela declaró que los secuestradores se hicieron pasar por policías y fue absuelto.
Sin embargo, queda una pregunta imposible de responder: qué habría ocurrido si la investigación hubiera sido diferente.
“Con una investigación adecuada, con personal capacitado, con un despliegue en base a experiencia —que hasta ese momento había muy poca en este tipo de delito— y tecnológica que no se contaba, hubiese mejorado al menos la performance de la investigación”, reflexionó el abogado.
Pero inmediatamente puso un límite a cualquier especulación: “No sabemos, porque esta gente era altamente peligrosa”.
“Cada vez que paso por la autopista miro el lugar”
A más de dos décadas del crimen, el caso sigue acompañando a quienes estuvieron cerca de la familia. Vera contó que cada vez que circula por la autopista Buenos Aires-La Plata -el lugar donde hallaron el cuerpo de Diego que actualmente sigue señalizado- vuelve mentalmente a aquellos días.
“Cada vez que paso por ahí tengo el recuerdo firme. Siempre miro. Tanto es así que hasta mi familia sabe que ese es el lugar”, confesó el abogado. Y añadió: “Tengo la congoja por la familia de Diego,por lo que debe seguir sufriendo por todo lo que pasó en aquel momento”.
La conmoción que provocó el caso en la sociedad tuvo una explicación sencilla: cualquiera podía sentirse reflejado en aquella familia.
“Era gente de clase media, que trabaja en un almacén y el chico iba al colegio en un remís”, resumió Vera a TN, al explicar el impacto que tuvo el caso en una Argentina atravesada por la crisis económica y por una ola de secuestros extorsivos.
Y concluyó: “Vi mucha solidaridad y mucho acompañamiento. El interés en lo que sucedió, porque a cualquiera le podía pasar”.