Salma Hayek  (REUTERS/Gonzalo Fuentes)

Ya es abuela. Hace apenas unos días, Salma Hayek confirmó con un video publicado en sus redes sociales que había nacido su primer nieto, François, fruto de la unión de su hijastro François Pinault Jr y la condesa Lara Cosima Henckel von Donnersmarck. Y sí: el tiempo pasa para todos. Incluso, para las estrellas de Hollywood. Sin embargo, la actriz y productora mexicana, que este miércoles 2 de septiembre está cumpliendo 60 años, sigue tan vigente y radiante como siempre.

Casada desde 2009 con el empresario François-Henri Pinault, con quien tuvo a su hija Valentina Paloma Pinault, de 18 años, Salma disfrutó siempre de la familia que ensambló con su marido. Y, por eso, este momento termina siendo trascendental en su vida. “Siempre quise tener muchos hijos y no pude. Mi cuerpo, como un milagro, tuvo uno. La enorme bendición que he tenido es que mi esposo tiene otros tres hijos. Así que tengo cuatro y todos son muy diferentes”, declaró en una entrevista.

Sin lugar a dudas, la actriz logró llegar a las seis décadas de la manera más plena. Por un lado, su presente personal no podría ser más óptimo, ya está feliz junto al hombre que ama. Pero, por el otro, su carrera profesional ha marcado un antes y un después en la industria cinematográfica estadounidense, porque quizá sin proponérselo le ha abierto las puertas a muchísimas figuras de Latinoamérica gracias a su consolidación en más de 30 películas.

Salma junto a su marido, Francois-Henri Pinault (REUTERS/Mario Anzuoni)

Nació en Coatzacoalcos, en Veracruz, como Salma Valgarma Hayek Jiménez. Su padre, Sami Hayek Domínguez, era un empresario de origen libanés y, su madre, Diana Jiménez Medina, una cantante de ópera con ascendencia española. Pero ella siempre supo que quería ser actriz. Por eso, aunque se anotó en la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México, no tardó mucho en dejar sus estudios académicos para dedicarse a los escenarios.

Tenía apenas 23 años cuando se le abrieron las puertas de la televisión. Su primer protagónico fue en la telenovela Teresa, de Televisa, que se convirtió en un verdadero suceso nacional. Así, su rostro imponente terminó seduciendo a todo el país, que se paralizaba frente al televisor cada día para verla. Desde entonces, estuvo claro que Salma tenía pasta de estrella. Y, en 1991, tomó la difícil decisión de ir a probar suerte a Los Ángeles.

Eran otros tiempos. Y, para una mujer latina, las posibilidades de ser tenida en cuenta por los grandes directores eran muy escasas. Salvo si se trataba de papeles secundarios, marginales y cargados de estereotipos. Sin embargo, ella no se amedrentó. Primero se encargó de perfeccionar su inglés. Y, después, se puso a tomar clases de actuación con la maestra Stella Adler. El esfuerzo valió la pena porque, en 1995, fue elegida por Robert Rodríguez para protagonizar el film Pistolero junto a Antonio Banderas. Y, desde entonces, no paró de trabajar.

Hayek junto a Antonio Banderas (Foto: Sony Pictures Home Entertainment - captura de pantalla)

Sin embargo, había algo que no terminaba de conformarla. Hayek sentía que los papeles que le proponían no eran demasiado profundos. Y quiso ir por más. Así que, en 1999, fundó su propia productora: Ventanarosa. Entonces puso manos a la obra. No le resultó nada fácil conseguir el financiamiento necesario. Pero, en 2002, estrenó Frida, el film sobre la vida de la pintora mexicana Frida Kahlo, que se convirtió en un éxito de taquilla y terminó de consagrarla como una referente de Hollywood. La película obtuvo seis nominaciones a los premios Oscar, incluida la de Salma como Mejor Actriz lo que implicaba un gran reconocimiento.

Fue entonces cuando, ya instalada a nivel profesional, en 2006 Hayek conoció al empresario francés, ligado a marcas de lujo como Gucci, Balenciaga y Saint Laurent, de quien se enamoró perdidamente. Él ya tenía tres hijos, François y Mathilde de su matrimonio con Dorothée Lepère y Augustin James de su relación con la modelo Linda Evangelista. Juntos trajeron al mundo a su hija -la única de la actriz- en 2007. Y, dos años más tarde, se casaron en París en el Día de San Valentín para, meses después, festejar a lo grande en el Teatro La Fenice de Venecia.

Mucha gente se quedó muy sorprendida de que me casara con quien me casé. Y algunas personas se sienten intimidadas por mí ahora”, dijo la actriz al ser consultada sobre los comentarios perspicaces de quienes la señalaban por haber contraído enlace con un hombre de fortuna. Pero lo cierto es que Salma siempre mantuvo su autonomía financiera. Y dejó en claro que estos comentarios tenían que ver con otra forma de discriminación, ya que quienes los realizaban no podían soportar que una mexicana lograra el estilo de vida que ella había alcanzado.

La mexicana en el rol de Frida (Foto: Productora Lionsgate)

Lo cierto es que, ahora que llegó a la madurez, Salma también se ve obligada a luchar contra los cánones de belleza que parecen señalar el paso del tiempo como algo inadmisible. Y más, para las mujeres. Por eso, sostiene que prefiere “sentirse joven” en lugar de “parecer joven”, dejando en claro que no piensa librar una batalla que está perdida de antemano. Se cuida, sí, sobre todo la piel. Pero no se obsesiona por lo que le devuelve el espejo. “Hubo un tiempo en el que yo era la chica sexy. Pero gracias a Dios la edad llegó y me dio la capacidad de expandirme en otros territorios. Aunque sigo siendo sexy y me fascina”, declaró sin tapujos.

Hoy, Hayek sigue muy activa y se prepara para protagonizar el film Without Blood, bajo la dirección de su amiga Angelina Jolie. Disfruta de su relación con su hija adolescente, con la que la une una excelente conexión. “Ella sabe que puede decirme cualquier cosa. No siente que tenga que contenerse ni que vaya a ser juzgada. Puede gastarme bromas y ser ella misma. Es muy divertida… Es maravilloso poder hacer cosas juntas, pasarlo bien y disfrutar de ser madre e hija”, explica. Y, además de seguir felizmente casada, hoy se da el gusto de malcriar a Panchito, como rebautizó a su flamante nieto.