Crisantemos. (Adobe Stock)

El otoño se acerca y con él las ganas de que todo sea naranja y amarillo. El crisantemo es una de las plantas más asociadas a esta época del año, que se puede plantar en toda la temporada, por sus tonos vivos, pero también por ser una flor asociada al día de Todos los Santos como símbolo de recuerdo, entre otras asociaciones.

El cuidado de crisantemos no exige conocimientos avanzados de jardinería, aunque sí algunos gestos precisos que marcan la diferencia entre una planta que florece cada año y otra que se agota tras la primera temporada. El crisantemo incluso tiene beneficios inesperados como el de ahuyentar a las chinches, esos insectos tan molestos que en primavera y verano aparecen con más freciencia.

Uno de los problemas más comunes ocurre con los ejemplares comprados ya floridos en septiembre. Los adictos a la jardinería descubren meses después que la planta no vuelve a producir flores. Detrás de este malentendido suele haber errores de ubicación, riego o poda que se pueden evitar. A continuación, ocho claves para lograr que tus crisantemos crezcan fuertes y florezcan de forma abundante cada temporada.

Los consejos que marcan la diferencia en el cuidado de los crisantemos

La combinación de todos estos consejos reduce significativamente el riesgo de plagas y enfermedades. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La floración es la etapa que más se disfruta sin duda, pero una planta sin un buen cuidado no puede prometer esas flores tan bellas después. Un crisantemo mal ubicado o plantado en tierra inadecuada difícilmente producirá los capullos esperados, sin importar cuántos cuidados adicionales se apliquen después.

Un lugar soleado

Los crisantemos necesitan al menos seis horas de luz solar directa al día para generar la energía suficiente y producir numerosos capullos. En macetas de patio o balcón, la orientación sur u oeste es la más recomendable. Sin suficiente luz, la planta desarrolla tallos alargados y débiles, y su floración se reduce de forma notable. Por este motivo, nunca debe plantarse a la sombra de árboles grandes ni junto a paredes que bloqueen el sol.

Una tierra rica en nutrientes y bien drenada

El crisantemo es originario de regiones templadas de Asia y del noreste de Europa. No requiere nutrientes en abundancia pero rechaza la humedad estancada, en especial durante el invierno, cuando puede provocar la pudrición de las raíces. En plantación directa, conviene enriquecer el suelo con compost maduro o estiércol bien descompuesto justo después de la siembra; si la tierra es pesada o arcillosa, añadir arena gruesa o grava mejora el drenaje. En maceta, lo recomendable es usar un sustrato de calidad, rico en materia orgánica, mezclado con un tercio de perlita o puzolana, además de una capa de arcilla expandida en el fondo del recipiente.

Riega y fertiliza con criterio

Durante primavera y verano, en plena temporada de crecimiento, el riego debe ser abundante y regular, sin encharcar la tierra: incluso una falta leve de agua dificulta la formación de los capullos y amarillea el follaje. Ya en otoño, con la planta en floración, la tierra debe mantenerse ligeramente húmeda, con riegos dirigidos a la base y no al follaje ni a las flores, para evitar enfermedades fúngicas como el mildiú. En cuanto a la fertilización, entre junio y finales de agosto se recomienda un abono líquido rico en potasio cada dos semanas, ya que este nutriente favorece la floración. Los fertilizantes ricos en nitrógeno, en cambio, deben evitarse en este período porque estimulan el crecimiento del follaje por encima de las flores.

El riego de los crisantemos debe ser abundante y regular, sin encharcar la tierra (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una vez garantizadas estas condiciones de base, entran en juego técnicas más específicas que determinan la cantidad y calidad de las flores que producirá la planta a lo largo de la temporada.

Pellizca los tallos sin dudar

El despunte es, según explica el sitio especializado Binette & Jardin, uno de los secretos más eficaces para lograr una floración abundante. Consiste en cortar la punta de los tallos jóvenes durante la primavera y principios del verano. Cuando los brotes alcanzan entre 15 y 20 centímetros de altura, se retira con los dedos o con tijeras de podar limpias la punta de cada tallo principal. Esta técnica detiene el crecimiento vertical y estimula la aparición de ramas laterales. El proceso se repite cada tres o cuatro semanas y se interrumpe a mediados de julio, para que los nuevos tallos puedan desarrollar sus capullos antes del otoño. Sin este despunte, la planta tiende a formar tallos largos y débiles, con flores escasas.

Vigila plagas y enfermedades

Una planta enferma no produce flores abundantes ni vistosas, de modo que la vigilancia constante resulta clave. Los pulgones suelen instalarse en brotes tiernos y capullos en desarrollo; ante una infestación, el jabón negro diluido o la introducción de insectos beneficiosos, como las larvas de mariquita, ayudan a controlarlos. Las babosas y los caracoles, por su parte, atacan sobre todo los brotes de primavera. El oídio, una enfermedad fúngica que se manifiesta como una capa blanquecina en las hojas, aparece con noches frescas y húmedas combinadas con follaje mojado; para prevenirlo conviene separar bien las plantas, regar siempre en la base y aplicar un tratamiento preventivo con abono de cola de caballo.

Limpia la planta después de la floración

El fin de la floración no implica el fin de la planta. De hecho, muchos crisantemos que se colocan en las tumbas para el Día de Todos los Santos terminan en la basura una vez marchitos, cuando en realidad podrían conservarse y trasplantarse al jardín. En el caso de los ejemplares ya plantados en tierra, una vez terminada la floración, el tallo seco debe cortarse a diez centímetros del suelo con tijeras de podar bien desinfectadas.

Crisantemos. (Adobe Stock)

Protege la planta del frío

En regiones con inviernos rigurosos, la base de los crisantemos necesita una capa generosa de hojas secas, paja o compost. Los ejemplares en maceta, cuando las temperaturas bajan de forma regular por debajo de los -5 °C, deben trasladarse a un espacio luminoso, sin calefacción y libre de heladas, como una terraza cerrada, un garaje con luz o un invernadero frío. Durante ese periodo, el riego se reduce de forma drástica hasta la llegada de la primavera siguiente, cuando la planta reanuda su ciclo de crecimiento.

Respeta el ciclo natural de la luz

Este es un detalle que se pasa por alto con frecuencia, pero resulta determinante: no conviene colocar un crisantemo en maceta bajo una farola o un foco que permanezca encendido durante la noche. Como planta de día corto, el crisantemo florece en respuesta a la disminución progresiva de las horas de luz a partir de finales de agosto, y una fuente artificial constante altera esa señal natural.

La combinación de todos estos consejos reduce significativamente el riesgo de plagas y enfermedades. Prolonga también la vida útil de una especie, que lejos de limitarse a los cementerios puede aportar color en balcones y jardines.