España se ha llevado un batacazo en la novena edición del informe PISA, que realiza una radiografía del sistema educativo internacional, al obtener su peor nota del siglo en matemáticas, ciencias y lectura, las tres categorías que mide la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Además, sus resultados han quedado por debajo de la media y el retroceso es mayor que el registrado en otros países.
El mayor descenso en el informe de 2025 se registra en comprensión lectora, donde los alumnos españoles han obtenido 451 puntos, 8 por debajo de la media de la UE (459 puntos) y 10 menos que el promedio de la OCDE (461 puntos), mientras que en matemáticas la cifra cae hasta los 457 puntos y en ciencias 477, lejos de los informes anteriores. Según los expertos, el deterioro responde a varios factores, como la expansión de las pantallas y su impacto sobre la atención, y el uso de inteligencia artificial para sustituir tareas y procesos que forman parte del aprendizaje.
Sin embargo, otros indicadores de esfuerzo recogidos por PISA sitúan al alumnado español entre los mejor valorados, por encima de varios países con resultados académicos más altos. España registra, por ejemplo, un índice de perseverancia en el aprendizaje de 0,26, frente al 0 de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el -0,04 del conjunto de la Unión Europea, tanto entre las alumnas como entre los alumnos. Este indicador mide la capacidad de mantener el esfuerzo y la implicación en las tareas escolares incluso ante dificultades, frustración o incertidumbre.
“Por suerte, vemos ciertos brotes verdes en España como en el sentimiento de pertenencia, porque cuando un alumno se siente parte del centro, se siente aceptado, aumenta su vinculación con la escuela, lo que favorece ya no solo su disposición, sino incluso la propia asistencia y participación”, señala a Infobae Álvaro Moraleda, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Camilo José Cela. Este factor, añade, contribuye a un clima escolar más seguro y reduce riesgos como el absentismo, el malestar o la desconexión del alumnado.

Moraleda subraya el valor de la perseverancia entre los alumnos de contextos socioeconómicos más vulnerables, pues “la capacidad de sostener el esfuerzo ante los obstáculos permite a los estudiantes más desfavorecidos amortiguar, al menos en parte, esa brecha”. Por ello, considera que los centros educativos también “deberían reforzar las habilidades no cognitivas, como la perseverancia o la tolerancia al error, actitudes que además se pueden fomentar tanto en el aula como en casa”. “El mensaje es sencillo: si una tarea resulta difícil, hay que seguir intentándolo; si aparece un error, conviene entenderlo como parte del aprendizaje y no como un fracaso. Eso realmente diferencia la experiencia del estudiante”, añade.
Curiosidad por las ciencias
El informe también atribuye al alumnado español una mayor curiosidad por las ciencias que la media internacional, al alcanzar 0,12 puntos, mientras que los promedios de la OCDE y el de la UE se sitúan en 0. En este indicador, las chicas muestran una mayor disposición a interesarse por el aprendizaje científico, tanto en España como en el conjunto de los países evaluados. Moraleda vincula este dato con una actitud que considera básica para aprender: “La curiosidad lleva a hacerse preguntas, buscar respuestas y querer entender más allá de lo imprescindible para aprobar un examen o completar una tarea. Los estudiantes curiosos no se conforman con el aprobado, no se quedan en el cinco, quieren ir más allá”, sostiene.
En ese sentido, destaca el decano, un punto positivo de la inteligencia artificial es que facilita el acceso a información y a enfoques distintos, lo que puede alimentar la curiosidad del alumnado si se utiliza para formular nuevas preguntas y profundizar en los contenidos. “La clave está en que no sustituya el proceso de aprender, sino que mantenga al estudiante activo y con ganas de seguir comprendiendo”, señala. Moraleda advierte, no obstante, de una paradoja: aunque el alumnado español muestra una curiosidad por las ciencias superior a la media, el rendimiento en esta materia ha empeorado respecto de ediciones anteriores y queda por detrás del registrado en otros países.

Bajos niveles de acoso escolar y ciberacoso
Otra de las variantes en las que España destaca en el informe PISA 2025 es el vínculo que el alumnado declara con su centro educativo. Su índice de sentido de pertenencia alcanza 0,46, muy por encima del 0,09 de la media de la OCDE y del 0,12 del conjunto europeo. Los estudiantes españoles se cuentan así entre quienes expresan una mayor integración en la vida escolar, una tendencia que se mantiene tanto entre chicas y chicos como en los distintos niveles socioeconómicos.
Por otro lado, España figura entre los países con menor exposición al acoso escolar de los analizados por PISA. El índice nacional se sitúa tanto por debajo de la OCDE como del conjunto de la Unión Europea, lo que refleja una incidencia comparativamente menor de estas situaciones. También es inferior a la media de la OCDE la proporción de estudiantes que afirma haber sufrido acoso. El dato, no obstante, incluye una señal de alerta: la exposición ha aumentado respecto al ciclo anterior, tanto en España como en el promedio de países de la OCDE.



