“Los chicos aprenden en casa y trabajan la tierra”. Así se presenta a la familia Porter en el video que mostró una forma de crianza alejada de la rutina urbana. William Porter y su esposa, Natalie, dejaron Estados Unidos junto a sus seis hijos para instalarse en la provincia de Napo, Ecuador, en plena selva amazónica.
En una antigua escuela convertida en vivienda, las jornadas transcurren entre clases, cultivos y cuidado de animales. Los mayores tienen responsabilidades concretas, mientras que los más pequeños se incorporan gradualmente a las actividades cotidianas.
La historia fue documentada por los creadores ecuatorianos Josué y Elie en su canal de YouTube. Sus videos permiten conocer no solo cómo se organizan los Porter, sino también el vínculo previo de William con Ecuador y los motivos que lo llevaron a regresar décadas después.
La historia de la familia Porter
William conocía la selva ecuatoriana mucho antes de instalarse allí como adulto. Llegó al país cuando tenía cinco años junto a sus padres, Michael y Natalie, y vivió en una finca hasta los 15. Aquel período transcurrió en una zona apartada, en contacto permanente con el entorno natural.
Tras regresar a Estados Unidos, permaneció allí alrededor de 25 años. Más tarde decidió volver, esta vez acompañado por su esposa y sus seis hijos. “Me encanta la selva. Yo me crié en la selva, entonces para mí la selva es donde me siento en casa”, contó en el documental.
El regreso también involucró a sus padres. Michael y Natalie habían vivido durante años en Ecuador antes de volver a Estados Unidos. Una vez jubilados, decidieron instalarse nuevamente en la región y actualmente residen en la misma finca. En total, 10 personas comparten el lugar.
La familia se instaló en una antigua escuela que fue adaptando como vivienda. Allí organizaron los espacios para vivir y mantuvieron una de las salas como aula para las clases de los chicos.
La recuperación del espacio fue progresiva. Incorporaron un taller de carpintería para fabricar muebles y otros elementos de uso diario e instalaron un biofiltro que trata el agua proveniente de una cascada cercana.
También recuperaron una piscina que había quedado oculta bajo la vegetación. Después de limpiarla y volver a llenarla, comenzaron a utilizarla para criar tilapias.
Por qué eligieron vivir en la selva
La decisión de regresar a Ecuador también estuvo atravesada por la crianza de sus hijos. “Quería también que mis hijos tengan esta misma oportunidad que yo tuve de venir, vivir en el Ecuador, aprender bien el español y aprender otra cultura”, señaló ante las cámaras.
La casa está ubicada en una zona aislada y el río Napo funciona como la principal vía de llegada. “Sí, nuestra carretera. No tenemos otro acceso aquí a la casa. Es por el río nomás”, explicó William durante el recorrido.
Ese aislamiento también condiciona la organización cotidiana. Los chicos disponen de grandes espacios para jugar, recorrer el terreno y realizar actividades al aire libre. Algunos pasan tiempo en el bosque y otros utilizan materiales disponibles para fabricar sus propios objetos.
Para sus padres, ese entorno ofrece la posibilidad de integrar el aprendizaje con responsabilidades concretas y con una vida en la que gran parte de las actividades se desarrollan fuera de la casa.
Natalie contó además que siempre quiso tener una familia numerosa y destacó la colaboración de sus hijos a medida que fueron creciendo. Según explicó, participan en las comidas, el cuidado de sus hermanos y distintas tareas necesarias para sostener la rutina.
Cómo son las tareas de cada miembro de la familia
El trabajo se distribuye de acuerdo con la edad y las posibilidades de cada hijo. Los cuatro mayores tienen asignado el cuidado de uno o más animales, entre ellos vacas, patos, gallinas y peces.
Natalie explicó que buscan incorporar esas responsabilidades de manera gradual. Durante los primeros años, muchas actividades comienzan como un juego y luego pasan a formar parte de sus obligaciones. “Como familia necesitamos su ayuda. Yo no podría hacer todo por mí misma”, señaló.
Los dos hijos mayores, Tomás y Jared, se alternan para atender a la vaca. Durante un día, uno de ellos se ocupa de ordeñarla por la mañana, trasladarla hacia otra zona de pastura y repetir la tarea por la tarde. En la jornada siguiente cambia el turno. La leche se aprovecha para beber y para preparar mantequilla, yogur y queso.
Samuel, uno de los hermanos menores, aparece en los videos alimentando a las tilapias y carachamas. Otros participan en el cuidado de las aves o colaboran con los cultivos. En la finca producen alimentos como banana, yuca, papaya y cacao. Aproximadamente una vez por semana recorren los sembradíos para recoger aquello que está listo para consumir.
Sin embargo, no viven exclusivamente de lo que producen. Los Porter explican que todavía compran determinados alimentos y otros artículos fuera de la finca. También tienen electricidad, aunque el servicio puede sufrir interrupciones.
Otra parte de la rutina pasa por el taller. Allí los chicos trabajan con bambú, madera y materiales reutilizados para fabricar juguetes y distintos objetos. “Van aprendiendo, no es solo diversión”, resumió William al mostrar el espacio.
La educación de los más jóvenes
La enseñanza formal también se desarrolla en casa. Durante el ciclo lectivo, los chicos tienen clases cuatro días por semana, según explicó William en el video de Josué y Elie.
Una de las salas de la antigua escuela volvió a utilizarse como aula. Allí realizan actividades de lectura, ciencias y otros proyectos, mientras que el resto de la finca funciona como escenario para aprendizajes vinculados con los animales, las plantas y el uso de herramientas.
En ese proceso interviene también la abuela paterna, Natalie, quien trabajó durante 26 años como profesora de matemáticas y ciencias en Estados Unidos. “En los días de escuela, yo enseño a los niños también”, relató. Luego explicó que actualmente ayuda a su nuera con la educación de sus nietos.
El español constituye otro aspecto de la formación. William utiliza el idioma con sus hijos y asegura que todos pueden comprenderlo, aunque los mayores son quienes se expresan con mayor facilidad.
De este modo, las clases conviven con las actividades necesarias para sostener la vida cotidiana. Estudiar, cuidar animales, cosechar alimentos y trabajar con distintos materiales forman parte de una misma rutina en una casa que, antes de recibir a los Porter, había sido precisamente una escuela.



