
La combinación de incendios forestales, olas de calor y contaminación del aire está elevando los riesgos sanitarios y ambientales en distintas regiones del planeta. Organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtieron que el deterioro de la atmósfera puede neutralizar parte de los avances logrados en las últimas décadas para mejorar la calidad del aire.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) alertó en un comunicado publicado junto con su Boletín anual sobre calidad del aire y clima que los incendios de vegetación asociados al cambio climático están elevando la presencia de partículas finas y otros compuestos nocivos en la atmósfera.
En paralelo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición por el Clima y el Aire Limpio (CCAC) señalaron en otro informe que enfrentar ambas crisis de forma conjunta puede generar beneficios sanitarios y económicos.
La OMM advirtió que los episodios de fuego extremo son cada vez más frecuentes y agravan los riesgos para la salud pública. El organismo indicó que, aunque en Europa y América del Norte las regulaciones lograron reducir parte de la contaminación generada por la industria y el transporte, la exposición a partículas finas asociadas a incendios sigue en aumento.

Entre los principales contaminantes figuran las PM2,5, partículas de menos de 2,5 micrómetros de diámetro capaces de penetrar en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo. Su presencia se vincula con actividades industriales que utilizan combustibles fósiles, la calefacción doméstica, la agricultura, el transporte, las tormentas de polvo y los incendios forestales.
La OMM advirtió que el humo de incendios agrava los riesgos para la salud
En el comunicado que acompañó su Boletín anual sobre calidad del aire y clima, la OMM sostuvo que “los incendios extremos van en aumento y provocan graves consecuencias para la salud debido a la elevada toxicidad del humo”. El organismo añadió que estos contaminantes siguen sin recibir un control suficiente pese a su amplia distribución y a su posible impacto sobre los ecosistemas.
Lorenzo Labrador, integrante de la red científica de Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM, dijo a AFP que la crisis climática y la degradación del aire forman parte de un mismo problema. “La calidad del aire y el cambio climático no se pueden tratar por separado. Si uno empeora, el otro también”, afirmó.

Labrador sostuvo que el humo de los incendios supone una amenaza especialmente seria para la salud, incluso por encima de otras fuentes de contaminación atmosférica, debido a la composición de las partículas que genera la vegetación al arder.
La advertencia abarca zonas más allá de los focos. La OMM señaló que las micropartículas pueden viajar largas distancias y afectar comunidades humanas y fauna lejos del fuego. También alertó que los modelos de riesgo basados en PM2,5 pueden subestimar hasta en un 93 % la mortalidad causada por incendios forestales.
Los episodios extremos de humo se triplicaron desde la década de 1990
Otro estudio citado en el boletín concluyó que los episodios extremos de humo se triplicaron en el mundo desde la década de 1990 y que entre 2010 y 2018 estuvieron relacionados con cerca de 100.000 muertes adicionales por año, una estimación que, según la entidad, podría incluso quedar por debajo del impacto real.

La OMM también puso el foco en el ozono a nivel del suelo, un contaminante que se incrementa cuando coinciden temperaturas elevadas, atmósfera estancada y radiación solar intensa. Ese patrón, indicó, ya se observó durante recientes olas de calor en China, Europa y el sudeste de Estados Unidos.
De acuerdo con el organismo, una mayor exposición al ozono puede causar decenas de miles de muertes prematuras adicionales, sobre todo vinculadas con enfermedades respiratorias. Ese escenario vuelve a poner de relieve el vínculo entre el calentamiento global y el deterioro de las condiciones sanitarias en regiones densamente pobladas.
El ozono y los aerosoles amplían el alcance de la contaminación atmosférica
El boletín además reclamó más vigilancia sobre aerosoles como el carbono negro (hollín) y los microplásticos. Estos compuestos pueden viajar hacia océanos y continentes alejados de su origen, modificar la forma en que la atmósfera refleja la luz solar, alterar propiedades químicas del suelo y del agua y afectar áreas que, en principio, permanecían relativamente limpias.
Como ejemplo, la OMM mencionó la deposición de hollín sobre nieve y hielo. Ese fenómeno reduce la capacidad de esas superficies para reflejar radiación solar y favorece el deshielo. Un contaminante atmosférico generado a distancia puede incidir sobre procesos físicos clave en regiones frías.

En cuanto a los microplásticos, el boletín señaló que se originan por la degradación de materiales plásticos bajo la acción de la luz solar y otros factores, y que ya están presentes en el aire, el suelo y los océanos. Una simulación incluida en el informe estimó 51 millones de toneladas en tierra y 22 millones de toneladas en el océano, que a su vez actúa como fuente de nuevas partículas para la atmósfera.
La OMM sostuvo que, a medida que siga creciendo la producción de plástico y persista una gestión deficiente de residuos, será crucial rastrear las trayectorias aéreas que transportan esas partículas hasta entornos remotos.
El PNUMA destaca los beneficios de actuar sobre clima y contaminación
En paralelo, otro informe difundido el 7 de septiembre por el PNUMA y la CCAC planteó que actuar al mismo tiempo sobre la crisis climática y la polución puede ofrecer una rentabilidad elevada. El documento concluyó que cada dólar invertido en medidas para el clima y el aire limpio puede generar un retorno de 15 dólares.
La evaluación incluye beneficios de mercado y no de mercado vinculados con salud, productividad y daños climáticos evitados. Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, afirmó que durante años la acción climática fue tratada como un costo y la contaminación como una consecuencia del desarrollo, pero que las pruebas presentadas por el organismo apuntan en otro sentido.

El reporte analizó emisiones de seis sectores: energía y combustibles fósiles, industria, transporte, agricultura y sistemas alimentarios, cocina y calefacción residenciales, y gestión de residuos.
Entre las 25 medidas propuestas figuran la expansión de energías renovables, mejoras de eficiencia energética, mayor adopción de vehículos eléctricos, combustibles marítimos con bajo contenido de azufre, uso más eficiente de fertilizantes, mejor tratamiento de aguas residuales y reducción progresiva de hidrofluorocarbonos.
Según el documento, la aplicación de este paquete de iniciativas permitiría reducir a la mitad las emisiones mundiales de dióxido de carbono hacia 2050 y evitar 144 millones de muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire.

