Hugo Daivez tiene 75 años, se jubiló hace diez, a la edad que fija la ley y cobra un haber relativamente bueno, pero antes de eso vivió el drama de ser un adulto mayor desocupado, tras la quiebra de la papelera Massuh en la que trabajó 41 años. Tal vez sea esa dura experiencia la que lo impulsa a seguir luchando por resolver la situación de los muchos seniors que, desocupados a los 45 o 50 años, no consiguen trabajo porque la discriminación por edad está a la orden del día, y tampoco pueden jubilarse por no tener la edad requerida.

El edadismo es el prejuicio más tolerado; los reclutadores o los jefes lo proclaman sin rubor: “Tu problema es la edad”. Es la frase que reiteradamente han escuchado en su búsqueda laboral Esmeralda, Silvia, Benjamín y Jorge, los camaradas reunidos por Daivez en el Club Social de Berazategui para contar sus historias a Infobae, pero también su largo caminar en defensa de sus derechos y de los de todos los que como ellos se encuentran sin trabajo formal luego de años de servicio y sin poder jubilarse aún.

Daivez, que creó el Movimiento de Trabajadores Jubilados +30 AA (con más de 30 años de aportes), cuenta que a las autoridades de la Secretaría de Trabajo les llevaron su reclamo de que se restablezca la jubilación anticipada para quienes, con el tiempo necesario de aportes cumplido, están a 5 años de la edad de retiro que fija la ley.

En esta charla, detallan sus propuestas y señalan a los dos sectores que, para ellos, deberían encargarse de esta problemática: sindicalistas y legisladores.

Esmeralda Morey está a días de cumplir los 56 años. Hace poco que descubrió el Movimiento de Trabajadores Desocupados. Ella es una de las personas que podría acogerse al régimen de jubilación anticipada si se restablece. “Tengo 32 años de aportes, incluidos los tres que me corresponden por mis tres hijos, y en este momento soy monotributista. Trabajé años en relación de dependencia. En una fábrica y en un comercio en Capital”.

De esa experiencia aprendió que “uno es siempre empleado y empleador”. “Me decían que yo era de la familia. Hacés las compras, los cheques, la caja fuerte, todo, pero te pasaste el tiempo de lactancia y ya no sos de la familia”, dice. Luego de eso trabajó en el Country Abril, de 1998 a 2009, cuando de un día para el otro despidieron a todos. “Sin siquiera darnos tiempo de sacar nuestras pertenencias —dice—. Mis compañeros fueron a juicio, yo no. Desde 2009 estoy por mi cuenta. He hecho de todo, he salido con mi bebé a vender pan casero, pastafrolas”.

Sus últimos aportes son como monotributista, lo que suele tirar muy abajo la jubilación a la hora del cálculo. “Salvo que la gente que tiene más de treinta años de aporte y por ejemplo trabajó cinco como monotributista, puede desechar esos años. O sea, el problema es cuando con el monotributo completaste los treinta”, acota Daivez.

Desde aquel momento, Esmeralda hizo de todo. Con frecuencia la llaman propietarios del mismo country, para hacer servicio de moza en eventos particulares. “Pero eso muy de vez en cuando. Es decir, me da un extra. Hoy por hoy estoy limpiando casas particulares también”, dice Esmeralda, que es cabeza de familia. Divorciada desde el 2000, crió sola a sus tres hijos. “No es que me vengo a quejar del trabajo que hago, pero estoy en una edad en la que el cuerpo biológicamente se va deteriorando. Seamos sinceros. He tenido este año ganglios mamarios de tanto trabajar”.

Esmeralda Morey

Desde que la echaron, se postuló para distintos trabajos. ¿Incide la edad en que no la contraten? “Exactamente —responde—. He buscado en vigilancia, en otros countries, no consigo o me ofrecen condiciones que no puedo aceptar, como trabajar hasta las 3 de la mañana. No puedo llegar a las cuatro a mi casa, mi hijo queda solo”

No existen incentivos para la contratación de gente mayor, como sí los hay para los jóvenes, a pesar de que las personas de 45, 55, 55, suelen tener aún hijos a cargo, como es el caso de Esmeralda.

“Hay cupo para mujeres, para esto, para aquello, pero para mayores de cincuenta no hay. Ni de cuarenta y pico. Con más de cuarenta ya estás fuera del sistema”, señala Hugo.

Precisamente, en la reunión que tuvieron recientemente con la Subsecretaria de Seguridad Social y luego con el Subsecretario de Empleo, ellos propusieron que el trabajador desocupado con más de treinta años de aportes, pueda optar por renunciar a los aportes que le corresponderían en un trabajo en blanco, como incentivo para que lo contraten.

“Tenés que reinventarte todo el tiempo —advierte Esmeralda—. Muchos me dicen: “No podés estar haciendo ese trabajo”. Y, pero algo hay que hacer, yo necesito trabajar. A mí no me molesta. El trabajo para mí es dignidad. Sé que no es lo mejor, pero de momento...

Silvia Ortiz logró jubilarse cuando regía todavía regía el decreto de jubilación anticipada que venció el año pasado y no fue prorrogado. Pero antes de eso, vivió el via crucis de las personas mayores desocupadas. “Trabajé veinticinco años en la misma empresa. Me echaron cuando cumplí cincuenta. Me indemnizaron. Fue en 2015. Desde entonces busqué trabajo. Viste que en los currículums tenés que poner la edad. Bueno, no me llamaron jamás. Me fui defendiendo con ahorros que tenía, con el subsidio por desempleo”.

Silvia Ortiz

Hugo interviene para recordar que en la reunión con el gobierno también pidieron que se concedan seis meses más de seguro de desempleo a los que estén en condiciones de recibir la jubilación anticipada: “Sería por lo menos devolverle algo de todo lo que aportó en treinta años o más”.

“Desde que me despidieron, hace 10 años, no he trabajado de nada —dice Silvia—. No sirvo para emprender. Hay gente que sí. Yo no. Soy burro de carga, hago lo que me digas, pero me lo tenés que decir. No sirvo para generarme yo misma una entrada. Vivía en Capital, no pude seguir pagando el alquiler, me mudé a Quilmes donde mi hermano me acondicionó un departamento que tenía. Vivo ahí. Mi cuñada tiene un instituto de inglés, y entonces ahora trabajo con ella cuatro horas por día de lunes a jueves. Mi hermano me salvó la vida y hasta que me encontré con este grupo, no sabía qué iba a hacer”.

Gracias a ese encuentro, pudo tramitar la anticipada porque tenía los treinta años de aporte. “Hasta que encontré esto y me pude adherir a la anticipada, no tenía nada, cero ingresos. Tenía a mis hermanos y a mis amigos que me mantenían”, dice Silvia.

Con la jubilación anticipada, se cobra el 80% del haber que correspondería, hasta la edad jubilatoria y a partir de ahí se recibe el cien por cien.

Silvia Ortiz y Esmeralda Morey: una pudo jubilarse con la anticipada; la otra está a la espera de que salga el nuevo decreto

“Nadie entiende la situación desesperante del que tiene más de 45 y no consigue trabajo”, dice Silvia, que les preguntó a los reclutadores: “¿Cuál es el motivo por el cual no toman gente grande?”. Respuesta: “No puedo poner a una persona de cuarenta y cinco a trabajar con gente de veinticinco”.

“Es absurdo —dice—, yo tenía cincuenta y había gente de treinta y cinco trabajando conmigo. Otro argumento es ‘me vienen con muchas mañas’. ¿Qué mañas? Respetame, no soy un esclavo, creo que a eso le llaman mañas. Pero yo necesito trabajar y voy a hacer lo que se me diga que hay que hacer “.

La jubilación anticipada fue creada por el Decreto 674/2021 y prorrogada por el Decreto 558/2023. Venció en septiembre de 2025 y aunque el gobierno había anticipado la intención de prorrogarla un año más, eso no sucedió.

El primer DNU no incluía a los que habían pagado para completar aportes, cuenta Hugo Daivez: “Pedimos eso y que se incluyera el embarazo, las licencias por maternidad y el servicio militar. Esas tres cosas se cambiaron en el segundo DNU. La actual subsecretaria, Alexandra Biasutti, fue la que trabajó en los detalles y logró esta ampliación”.

“Acá somos dos históricos —dice Hugo Daivez, señalando a Jorge Bassano—. Digo históricos porque nos jubilamos en las edades indicadas por la ley, 65. En mi caso, quedé desocupado después de cuarenta y un años de aportes. Trabajábamos en la papelera Massuh, una de las más grandes del país. Como decía Esmeralda, uno aprende a separar los intereses del trabajador de los del empresario. Nos trataron igual a los que teníamos mucha antigüedad, como a los que no. Tuvimos cinco meses de conflicto en la calle tratando de defender la fuente de trabajo. Intervino el Estado como un comprador teórico. Nos hicieron contrato por tres años a todos, pero a los nueve meses dijeron ‘nos vamos’. Y a partir de ese momento quedaron debiéndonos las indemnizaciones, desde el año 2010, cuando se dio el cierre legal, y terminamos de cobrar el año pasado, 2025”.

Hugo Daivez

“Quince añitos tardaron”, señala Bassano.

“Financiamos la quiebra nosotros —sigue Hugo—. Y los compañeros que éramos más grandes teníamos casi la certeza de que trabajo formal no íbamos a conseguir. En uno de mis últimos intentos, había pasado el primer filtro, pero cuando fui al psicotécnico, estábamos un muchacho de 40 y yo. Perdí. A partir de ahí dije: no busco más empleo formal. Terminé trabajando en una gráfica de acá vendiendo en la calle, en los negocios. Cuando me jubilé a los 65, en la gráfica me dijeron: ¿Te querés quedar? Te dejamos los clientes. Yo había hecho como 300 clientes. Pero no acepté, quería estar un poco de mi familia, disfrutar de mis nietos, ocupar el tiempo en las cosas que me interesaban. Pude hacer un montón de cosas que nunca había podido hacer”.

El derecho de todo trabajador al jubilarse. Sobre todo con una trayectoria laboral tan larga. “Mi primer trabajo, a los 15 años, era en una metalúrgica muy grande, la vaciaron, se fundió y cobramos con juicio. Y la última, igual. O sea, lo mismo en las dos puntas de mi historia laboral. El empresario nunca tuvo problemas; las deudas se las llevó el laburante. Hay algo que falla en nuestra legislación, porque no puede ser que, con 50 años de diferencia, las consecuencias sean las mismas”, reflexiona Hugo.

Jorge Bassano, que también se jubiló a los 65 años, trabajó con Daivez en la misma empresa pero en diferentes especialidades. “Cuando cerró Massuh, yo tenía 36 años de servicio —cuenta Bassano—. No me dediqué a buscar empleo, porque una de las dos veces que lo intenté me pasó lo mismo que contaron ellos. Entonces decidí autogestionar laburos, ‘sé hacer esto, sé hacer lo otro’. Hasta de piletero hice. Instalaciones eléctricas. Soy técnico mecánico. Pero yo venía de otro ritmo, con otro nivel de vida. Y pasás a… sentís un vacío. Tenés que reinventarte como dicen ahora. Estudié electricidad, hice cursos de vidrio, en una buena escuela acá en el municipio. Eso también me ayudó a ocupar la cabeza. Y al final me encontré un laburo que ni yo pensaba que lo iba a hacer. En control de calidad. Estuve en blanco y junté cuatro años más de aportes”.

Jorge Bassano y Hugo Daivez

Y ahora, ya jubilado, ¿sigue haciendo algo?

“Sí, changas”.

El último testimonio es el de Benjamin Ariaudo: “Yo trabajé mucho, del noventa y pico a 2018, en editoriales. Trabajé en Planeta y en Distal. En 2018, por un conflicto familiar, Distal empezó a decaer y fueron despidiendo de a poco, hasta que cerraron por quiebra, en 2019. Me despidieron antes de la quiebra. Fui a juicio, pero todavía no cobré. Desde entonces, me pasó lo mismo que a ellas. Vas con la carpetita. Todo armadito. Gastaba viático, me movía por toda Capital, zona norte, zona oeste. En el ambiente editorial, yo tenía muchas chances, muchas posibilidades, como repartidor o despachante, en logística, para armar los pedidos. Tenía experiencia. Conocía todas las librerías de zona sur, de Capital, de La Plata. Iba librería por librería, a las distribuidoras, yo era apto, tenía los conocimientos, la experiencia. ¿Sabés lo que me decían? La edad. En Luongo, una distribuidora de libros, me conocían todos. ¿Sabés cuál es tu problema? La edad. Estaban tomando gente, pero me desplazaban por ese motivo. Hoy tengo 61, en ese entonces tenía 45, 46”.

¿Qué argumento en concreto daban sobre la edad?

“A él por ahí no se los dieron —interviene Silvia—, pero son los mismos argumentos. Venís con mañas de otros lados, no te comunicás bien con la gente joven. No entendés de tecnología. A ver, si me mandás a la NASA a despegar un cohete, capaz que no puedo porque no sé. Ahora, manejar en una oficina algo de tecnología ¿cómo no vas a poder?”

Hugo señala que hay también un motivo económico: “A los jóvenes por ahí les pagan menos, una persona grande tal vez no acepta. A los pibes les piden la experiencia. Nosotros, como decimos, somos viejos para trabajar, jóvenes para jubilarnos. Tenés los dos extremos: los ni ni jóvenes y los ni ni viejos.”

Benjamín Airaudo, la pesadilla de ser rechazado por la edad pese a tener la experiencia y el conocimiento

“Otro argumento es que estás sobrecapacitado —dice Silvia—. Vos ya sabés mucho para este puesto. No me importa. Si tengo que ir a barrer, barro.”

Muchos empresarios tienen el prejuicio de la edad. No ven que las personas grandes suelen ser más responsables. El que a esa edad busca trabajo es porque realmente lo necesita. No tiene la actitud del que viene a probar, a ver si le gusta o no. Tampoco se valora el conocimiento y la experiencia.

“Nosotros tenemos cultura de trabajo”, sostiene Hugo.

Airaudo evoca su estado de ánimo ante la frustración de una búsqueda sin resultados: “Cuando ya te cansaste de correr, venís mal, pero mal, mal. Me iba a las siete de la mañana, llegaba a las tres, cuatro de la tarde. Yo vivo acá en Quilmes. Me recorría todo, me iba a la mañana, volvía a la tarde mal. Sin comer. Colectivo para acá, para allá. No es que me quedé con los brazos cruzados después que me despidieron. Pero llegó un momento que me cansé. Dije: ‘Basta, ya está’. Empecé a caminar el barrio. Y unos amigos que tienen un emprendimiento cerca de casa me dieron trabajo”.

Airaudoi todavía no puede jubilarse pero es uno de los que se beneficiaría con la anticipada. “Tengo 61 años y 31 de aportes. Si no aprueban el decreto, tengo que esperar cuatro años”, señala. “Ahora lo que nos queda es hacer changas”, agrega, pero advierte que, aun jubilado, seguirá trabajando, porque no tendrá un ingreso suficiente.

“Es que uno viene de la comodidad —dice Silvia—: llegás al trabajo, fichás, hacés tu trabajo, te vas a tu casa. Tener que autogestionarte es otra historia. Tenés que poner el triple laburo, y está bien, pero ¿qué necesidad tiene uno de reinventarse a los 50? Si yo todavía podía dar un montón en lo que venía haciendo”.

Airaudo, Bassano y Daivez

¿Tuvieron que buscar algún tipo de apoyo desde el punto de vista anímico?

Silvia menciona a Diagonal, una ong donde asistió a varios encuentros: “Te asesoran, te enseñan a hacer un CV, pero más que nada es contención psicológica. Vi gente llegar muy desanimada, recuerdo a uno que era la imagen de la desolación. Te contagiaba la depre. Y la contención es muy buena porque él ya salió con otra onda. Ahí lo que te explicaban era: no sos vos el inútil. Que el mercado laboral crea que sos un inútil no implica que lo seas. Ellos te paraban en otro lado y salías con otra onda”.

Otro recurso fue la solidaridad, el crear un grupo para ayudar y ayudarse. Y reclamar a las autoridades.

Hugo admite que, a la edad en la que tuvieron que enfrentar la falta de trabajo, el problema fue la depresión. “Porque venís de una cultura de laburo, toda tu vida, y de pronto te encontrás en la calle, son muchos cambios que, en lo psicológico, si no te preparás, si no tenés ayuda… En nuestro caso, los cinco meses que estuvimos en la calle defendiendo la fuente de trabajo nos prepararon para lo que venía. No hay recetas para superar eso. Pero sí saber que te vas a encontrar afuera con una realidad muy jodida”.

Llevan varios años trabajando por su cuenta

Cortar pasto, pintar casas, lo que surja, dicen.

“No sabés qué hacer. Estás metido en un pozo... Te pone mal, mal. Yo te digo la verdad, tengo ansiedad”, dice Airaudo.

“Yo tenía baches —cuenta por su parte Bassano—. Cuando tenía laburo, pensaba: ‘¿Estoy pintando esto?’. Por momentos te preguntás ¿qué estoy haciendo acá?”

“A mí me agarró a los 59, cuando cerró la fábrica —dice Hugo— . Éramos mi esposa y yo, y mis hijos tenían cierta independencia. No es lo mismo para el de cuarenta y pico con hijos todavía chicos. Si teníamos que comer arroz todos los días, comíamos arroz todos los días, fideos todos los días. Nos achicamos, todo lo posible, el cable, lo que se te ocurra. Aprendés a valorar otras cosas.”

En el año 2013 formaron el Movimiento de Trabajadores Desocupados, nombre al que agregaron “con más de 30 años de aportes”, para definir bien la problemática. En esa calidad tuvieron una reunión con la subsecretaria de Seguridad Social de la nación, Alexandra Biasutti. “Somos entre cuatro y cinco mil personas con treinta años de aportes, y cinco años menos de la edad jubilatoria. A nivel nacional —dice Daivez—. Hay que tener en cuenta, que los trabajadores que están en esta situación, ya aportaron para su jubilación. Siempre hacemos hincapié en eso. No es que vas a entrar en una moratoria y empezar a pagar.”

Hace 10 años, Construir TV, el canal del sindicato de la Construcción, hizo un breve documental sobre el grupo con testimonios de varios de ellos. Este es un breve extracto:

En la reunión con las autoridades hicieron dos propuestas, sigue contando Hugo Daivez. Una, que el dinero de la jubilación anticipada se devuelva, en 60 cuotas, al llegar a la edad jubilatoria. Otra sugerencia fue que la quita sea proporcional a los años que faltan para jubilarse. Es decir que al que se jubile un año antes de la edad legal no se le aplique el mismo descuento que al que se jubila cinco años antes. “Esa fórmula no la inventamos nosotros, existe en Europa. Los países más avanzados tienen la anticipada en su legislación. Acá la pedimos solo por desempleo, en los otros países lo tienen libre”, aclara Daivez.

“Hay dos sectores hacia los cuales nos queremos dirigir —agrega—. Primero, los sindicatos, porque todo lo que nosotros hacemos lo deberían hacer ellos. Porque ellos tienen información de toda la gente desocupada antes que cualquiera. No puede ser que el sindicato te dé bolilla cuando aportás, y cuando no aportás, no. Se lo dije a Héctor Daer cuando era diputado, cara a cara: ‘Esto que hacemos nosotros, ustedes lo tienen que hacer’”.

El otro sector son lso legisladores: “No puede ser que los diputados, los asesores, no te contesten un mail. Lamentablemente vimos eso en los ochenta mil despachos que recorrimos. Lunes y viernes no hay nadie en diputados. Esto es lo que debería reformarse”.

Cree que en una futura reforma política habría que establecer mecanismos para constreñir a los legisladores y a sus asesores a dar repuesta en un tiempo dado a cualquiera solicitud de la gente. “No digo una solución inmediata, pero sí saber que te escucharon”, agrega.

Esmeralda Morey, Benjamín Airaudo, Jorge Bassano, Silvia Ortiz y Hugo Daivez

“En resumen, los dos sectores a los cuales apuntamos son el sindicalismo y los partidos políticos, el Congreso”, concluye Hugo Daivez y llama a adherir al Movimiento a través de la página de Facebook del grupo. Aclara que no son una asociación formal, pero están organizados en red en todo el país.

También están reuniendo firmas para una petición en Change.org.

Para contactarlos, se puede escribir al mail mtdmas30aa@gmail.com o a través de la página de Facebook Mtdmas30aa.