Hay duplas que marcaron a fuego la historia de la radiofonía argentina, Fernando Marín y Marcelo Longobardi son una de ellas. En esta entrega de Proyecto 86 —el ciclo de entrevistas de Infobae Studio—, conductor y entrevistado se reencuentran para compartir una charla atravesada por la gratitud, el afecto mutuo y las memorias de un medio que cambió para siempre.

Longobardi viaja a 1986, el año en que Marín intuyó su talento en una pequeña audición de domingo y le entregó el mando de la primera mañana de Radio El Mundo. A partir de allí, la conversación recorre los altibajos de una trayectoria magnífica: la convivencia con “enemigos pesados”, el día en que Néstor Kirchner intentó agredirlo físicamente en la Quinta de Olivos, la censura y la decisión de dar un paso al costado cuando el cuerpo empezó a pasarle factura.

En un análisis filoso sobre la actualidad, el periodista reflexiona sobre el costo de haber dejado el liderazgo del aire, califica a Javier Milei como parte de un “gen autocrático” global y explica por qué las formas en la política siempre revelan el fondo. Un mano a mano imperdible que combina la trastienda del poder con el lado más humano del hombre que con su voz acompañó a los argentinos durante tres décadas.

Fernando Marín: Una de las alegrías mayores de los diez invitados que tuve en este ciclo… realmente lo quiero mucho y lo tengo muy cerca de mi corazón. Creo que hace como tres años que no nos veíamos la cara y antes nos veíamos todos los días. Yo creo que es un tipo realmente fuera de serie en lo que logró. Un día se me ocurrió, quizás como una locura —no debe haber sido tanta porque llegó a lo que llegó—, decirle de un día para otro: “Pibe, largate”. Pero ayudame a la memoria, porque después de los 40, a veces la memoria está, pero falla también…

Marcelo Longobardi: Bueno, primero que nada, un gustazo de verte. Yo también te quiero mucho y mi carrera no hubiera sido posible sin vos. En este medio todo el mundo sabe eso y yo me encargué, además, de que todo el mundo lo supiera, por si alguien no sabía... Primero tuyo, después de Romay, ¿no? Que son personajes que ya no hay más, ¿sabés? No hay más Marín y no hay más Romay. Y yo soy el producto de aquello. Yo tengo contabilizado exactamente cómo empezó nuestra relación. A ver: yo era productor de Bernardo Neustadt, ¿te acordás? Bueno, yo era un productor más o menos destacado y Neustadt era un tipo difícil, vos lo conociste muy bien. Muy, muy difícil. Entonces un día me prometió que yo iba a ser columnista en su programa, y creo que eso duró... no sé, un día.

FM: Al estilo Neustadt.

ML: Entonces yo empecé a hacer radio por mi cuenta y alquilaba un espacio en la vieja Radio América. Yo tenía veintipico de años. Me acuerdo hasta el día que me recomendaste que no me case… (risas)

FM: Yo tenía razón, porque te separaste y recién ahora estás feliz.

ML: Bueno, tenías razón. Puede ser. Pero no importa... Total que los domingos a la mañana, de 7 a 9, en tu Radio El Mundo —que era lo que hoy es Radio Mitre o Radio 10, era la radio más importante— tenía un espacio libre que yo te compré por muy poco. Tenía cuatro auspiciantes que me alcanzaban justo para pagar el espacio, y entonces adquirí el espacio por tres meses. Yo era muy malo, no sé qué viste en mí. La verdad es que no tengo idea.

FM: Tu interior. El exterior todavía no funcionaba bien. (risas)

ML: Entonces me acuerdo que un día se produjo un vacío en la mañana de El Mundo, porque se había ido Daniel Mendoza —con una tragedia—. Entonces me acuerdo que me llamaste. Vos eras... vos dabas miedo, te lo juro por Dios. Entrar a tu oficina, que me acuerdo toda gris… Todo el mundo sabía que llegabas porque José —tu chofer y secretario— avisaba por un walkie-talkie que salía en unos parlantes que había en los pasillos. Te decíamos “Gran Hermano”, ¿sabías?

FM: (risas)

ML: Un día vino alguien y me dijo: “Te llama el señor Marín”. Para mí era una cosa... tenía 25 años, ¿entendés? Me temblaban las piernas. Y tu oficina estaba llena de fotos tuyas, de recortes y artículos de toda tu trayectoria, que ya era una montaña hasta ese momento. Me sentaste ahí y me dijiste tres cosas. Me dijiste: “Pibe, el colectivo pasa una vez por día, el tren dos, y el jet pasa una vez en la vida. Te ofrezco la conducción de la mañana de El Mundo a partir del lunes próximo, todos los días”. Era un delirio. Era una cosa bastante delirante para mí, que era un principiante, que venía de ser productor y que conducía un programa de relleno los domingos a la mañana. Y me subí al jet. Eso fue hace 40 años, en 1986. Ahí empezó mi carrera de radio y la interrumpí recién cuando me fui de Mitre y de Rivadavia... estuve 30 y pico de años.

FM: Retomo cuando decís “¿qué viste en mí?”. Yo te escuchaba en esa audición chiquita porque le daba valor a toda la programación que tenía en El Mundo. Vos tenías un talento innato y hacías comentarios particulares que no los hacían otros ya afamados. Dije: “Este chico va a ser un talento el día de mañana”. Te llevabas todo por delante.

ML: Y tal vez en ese momento, cuando uno empieza… Yo no tenía opciones: venía de una familia súper humilde de la isla Martín García. Entonces por ahí no tenés más remedio que llevarte todo por delante. Inclusive te llevé por delante a vos también, que me echaste a la mierda. ¿Te acordás de eso?

FM: De eso no me acuerdo… Las cosas malas…

ML: Estuvimos peleados como tres años. Pero nos arreglamos.

FM: Cuando uno se pelea por laburo, por diferencias, porque el otro creció... Yo siempre tuve en cuenta que vos eras el fenómeno joven que venía a suplantar a los de toda la vida, y no me equivoqué. Si vos me decís: “Fernando, ¿qué músculo tuyo es el que más valorás cuando te mirás al espejo?”, es la intuición. La intuición aplicada al trabajo. Yo vi en Marcelo Longobardi un número uno a corto plazo.

ML: Adentro de mi cabeza pasan un montón de cosas que tienen que ver con la imaginación. La imaginación es la condición más extraordinaria que tiene una persona: la capacidad de imaginar. Me imagino todo el tiempo muchas cosas; algunas las logro hacer, otras ni cerca. Pero tal vez mi vida haya sido una consecuencia de la imaginación, ¿no? Porque si vos pensás de dónde yo vengo o de dónde vos me sacaste hasta hoy, creo que todo lo que pasó conmigo ha sido el producto de mi imaginación, para bien o para mal.

FM: ¿Y pensás que vas a terminar en este medio? ¿O en algún momento vas a decir, como Messi, “hasta acá llegué”?

ML: Casi lo hago, y me salió medio mal. Eso es jodido, porque hacer un cambio es mucho más complicado de lo que yo pensaba. Yo hice un cambio radical cuando me fui de Mitre: estaba cansadísimo de la radio. Eran 30 y pico de años haciendo lo mismo, y yo veía para adelante qué iba a pasar en los próximos 30 y pico haciendo exactamente lo mismo. Empecé a imaginarme otras cosas, a tener otros escenarios, otras ideas, otros proyectos. Me jugué y surgió un proyecto importante unos meses después de mi salida de Mitre, que finalmente estalló como consecuencia de que CNN explotó por los aires. Pero ahí aprendí que hacer un cambio —reinventarte, que es la palabra que se usó para explicar mi caso de “se reinventa a los 60”— es algo mucho más difícil de lo que vos te podés imaginar. No es tan sencillo. Para empezar a conversar, porque la gente te reputea: “¿Cómo que se va de la radio? Usted estuvo conmigo 25 años a la mañana, ¿ahora qué hago?”. Quería liberarme de eso, pero ahí sentí por primera vez en mi vida el rigor de la crítica. Yo siempre tuve una crítica muy favorable, no he tenido problemas en ninguna parte. No tengo problemas en la calle ni aun en los peores momentos del kirchnerismo, excepto una vez que me mandaron a pegar a propósito. Pero fuera de eso, voy a la farmacia, tengo una vida normal. Y después de tantos años de radio, la gente establece una relación mucho más potente de lo que yo me imaginaba.

La primera vez que yo viví eso fue cuando me echaron de Radio 10, que fue una cuestión política de Cristina Kirchner. Naturalmente se vendió y al poco tiempo me echaron. Entre otras cosas, el interés del Gobierno por quedarse con la radio era para echarme, cosa que hicieron, por supuesto. Y ahí fue el derrumbe de La 10. La gente nos mandaba comida a mi casa; a la guardia de mi barrio me mandaban tartas, una cosa extraordinaria. Y después, cuando me fui de Mitre, fue a la inversa. Ahí se presenta el dilema de “ser o no ser”. ¿Hago lo que quiero, hago lo que debo o hago lo que me indica mi pálpito, aunque mi pálpito pueda estar equivocado o mi corazonada pueda ser un fracaso? Seguí mi corazonada. Durante toda mi carrera mis corazonadas fueron exitosas; en este caso no es que no lo haya sido, porque yo no quería seguir haciendo radio todas las mañanas.

FM: ¿No sentís que destrozaste un poco la mística de Marcelo Longobardi, al que la gente amaba, y que te encontraste de repente como solo en la vida y en el aire? ¿No te confundiste?

ML: Es muy difícil que la gente entienda. Vos pensá que yo entre Radio 10 y Radio Mitre estuve en total 24 años. Yo después de El Mundo seguí en la radio: pasé por Radio América, después estuve en Radio Libertad con Romay —como yo trabajaba en el 9, Romay me obligó a trabajar en Libertad—, trabajé en Radio del Plata con Armando Pérez, el de Belgrano de Córdoba. Hicimos una radio donde estaba Guinzburg, estaba yo, Fernando Bravo y Santo Biasatti. Fue una lindísima época. Y después en Radio 10 con Daniel Hadad en el año 2000. Ahí estuve 13 años siendo líder todas las semanas, no hubo un solo mes que haya salido segundo. Después tuve diez o nueve años en Mitre. Mitre venía segunda —le habíamos ganado con Daniel durante 15 años consecutivos— y la pusimos primera en 40 días, y permanece primera todavía.

FM: ¿Hubo muchos medios, dueños de medios o políticos que pidieron tu cabeza?

ML: Sí, muchos. Néstor Kirchner todo el tiempo pidió mi cabeza.

FM: ¿Es verdad que te quiso pegar?

ML: Sí, sí. Daniel Hadad fue el que nos separó. Ellos creían que los periodistas éramos marionetas de los medio. Él no entendía que eso no era así. Con la edad tuve una independencia que se la debo reconocer a Daniel: durante 13 años hice lo que quise en Radio 10, inclusive en contra de muchas ideas de la propia radio, y Daniel sostuvo eso hasta que no pudo más. Kirchner lo llamaba todo el tiempo y le pedía mi cabeza. La última vez llamó y le dijo: “Echalo a ese hijo de puta que está promoviendo la fuga de capitales, ese hijo de puta de tu amigo...”. Daniel no tenía forma de soportar semejante nivel de presión y para apaciguar los ánimos inventó un contrato falso con una multa de 40 millones de dólares para decir que no me podía echar, una estupidez para parar la presión. Néstor Kirchner me odiaba. Y después fue peor con Cristina en Radio Mitre: llegamos a trabajar dos años con la calle Mansilla vallada.

Una vuelta vamos al café con Daniel Hadad. Nos citan y nos hacen esperar en un bar en la avenida Libertador, en Olivos. Éramos como de película, esperando los dos a que sonara el teléfono para ir a la Quinta de Olivos. En el medio, Daniel había dejado el auto mal estacionado, viene la grúa y se lo lleva. Nosotros le decíamos al policía: “Estamos esperando un llamado del Presidente de la Nación”. Un delirio total. Rescatamos el auto, fuimos, y apenas entramos al hall de la residencia de Olivos, aparece Néstor Kirchner por una puerta como una tromba, se me viene encima y me dice “hijo de puta” y me amaga una trompada. Fue un instante donde Daniel se interpuso.

FM: Entre un tipo como Kirchner que te tiró una piña y la locura que puede tener Milei de insultar, ¿ves diferencias o es lo mismo?

ML: Es un gen autocrático, la intolerancia. Hay una frase que citó Fernández Díaz de Víctor Hugo: “Las formas son lo que se ve del fondo”. Y yo creo eso: en el caso de Milei, como en el de Néstor o Cristina, las formas son lo que se ve del fondo. Milei es un autócrata.

Marcelo Longobardi tentado de risa posa junto a Fernando Marín

FM: ¿Y esto no es algo de moda? ¿Por qué insulta también Trump? Por ejemplo.

ML: Hay un clima de época que involucró a diversos dirigentes y procesos políticos, de Boris Johnson a Javier Milei, pasando por Viktor Orbán. Han interpretado una época de furia y enojo de la gente contra todo: contra los gobiernos, las empresas, los periodistas y los medios. Milei y Trump encarnan eso. Trump tiene mucha más responsabilidad porque conduce la primera potencia del mundo y está en un extravío generalizado, más cercano a Corea del Norte que a Canadá. Milei es hijo de su tiempo, asignado por el hecho de que ciertos órdenes políticos se cayeron; en Colombia, en Chile, en Brasil con Bolsonaro, y en Argentina la gente se hartó de un orden que duró 20 años.

FM: ¿Tenés en la cabeza enemigos que te han martirizado en la vida? ¿Te jorobaron en tu vida personal o económica?

ML: Es parte de esta actividad: no tener un enemigo debe ser casi imposible. Tuve enemigos pesados: Alfredo Yabrán, Carlos Menem, los Kirchner, el general Milani. Me he enfrentado con el jefe de la Maldita Policía, Klodczyk, que me mandó a balear la casa en Castelar, con mi primer matrimonio. Tuve enemigos pesados.

FM: ¿Te solucionó la terapia tus ataques de pánico?

ML: Sí. Siempre tengo en mi bolsillo la pastillita del ataque de pánico por las dudas. Nunca más me pasó, hace más de 20 años, pero siempre tengo conmigo una pastillita como salvavidas. La primera vez que me pasó fue espantoso en Radio 10: sentí literalmente que me moría.

Después que aprendí los síntomas, descubrí que había tenido por lo menos un par más unos años antes en situaciones en las que ocurría un cortocircuito entre el pensamiento y el comportamiento.

Se me tensaba el diafragma, quizás no fueron estrictamente ataques de pánico, sino que eran episodios de hiperventilación producto de tensión física en el diafragma. Yo viví muy estresado. Me he levantado a las 3:45 de la madrugada durante 30 años...

Con estos episodios aprendí que lo que no decís, el cuerpo lo expresa de una manera u otra. Mi cuerpo expresó un montón de malestares y estrés a través de la tensión en el diafragma. Fui mucho tiempo a reeducación postural (RPG) porque mi espalda está un poco torcida como consecuencia de la tensión acumulada en el diafragma. La tensión te dobla el cuerpo.

Fernando Marín entrevistó a Marcelo Longobardi en Proyecto 86

Descubrí también al identificar los síntomas que me pasó lo mismo en la casa de un personaje muy complicado: Emir Yoma. Estábamos negociando con Mariano Grondona el reportaje a Amira Yoma. Ella había sido tapa de los diarios durante 16 meses por la denuncia de narcotráfico de la revista Cambio 16. Amira resuelve ofrecer un reportaje, hablan con Romay, conmigo y con Grondona, y resolvimos entrevistarla juntos. Hicimos 52 puntos de rating. El reportaje para nosotros fue un fracaso, porque no dijo nada. Le decía: “Señora Yoma, ¿qué había en las valijas?”. Con cara de inquisidor…

FM: De Sherlock Holmes.

ML: Y ella me dijo: “Ropa”... Ellos estaban amenazando con que Amira hablara para extorsionar a alguien. Entonces en la casa de Amira Yoma me desmayé y terminé en la cama de Emir Yoma. Venían los médicos y me tomaban la presión; lo que tuve fue un ataque de pánico porque lo que pensaba no era acorde con lo que sentía que debía estar haciendo. Me resultaba inaceptable estar ahí.

FM: Pasó el tiempo, te veo, no te veo... La frase que puedo expresar hacia vos es “te quiero”. Realmente te quiero, porque es como haberte visto nacer, decirte “andá por acá” y agarraste ese camino y te fue muy bien.

ML: Yo me hacía chistes en la radio sobre tus consejos: “Pibe, siempre por la 9 de Julio, ni por Cerrito ni por Carlos Pellegrini”. Si los ves hoy, eran consejos geniales. Yo te agradezco muchísimo. Yo también te quiero mucho y somos muy buenos amigos. Cuando gané el Martín Fierro te lo dediqué.

FM: Yo estaba en la cama con Anabela mirando los Martín Fierro, y me sorprendió cuando te nombraron y me dedicaste el premio. Me dio una emoción de agradecimiento que no todos tienen y lagrimee. Gracias.

ML: Gracias a vos, Fernando.

Fotos: Adrián Escandar