Este jueves, Mario Pergolini abrió la puerta de su intimidad y se refirió a la dinámica que tiene con sus hijos. En una charla con Agustín Rada y Evelyn Botto, el conductor contó cómo cambió su manera de ejercer la autoridad en su casa, desde las parejas que bajan a desayunar hasta la decisión de quitar una puerta como castigo.
El intercambio comenzó en Otro Día Perdido (Eltrece) a partir de una broma de Rada sobre los encuentros inesperados entre parejas en un hotel alojamiento. Pergolini llevó el tema al interior de su familia y planteó que las costumbres de los jóvenes, así como la actitud de los padres, cambiaron con el tiempo. “Los más jóvenes ya no están... No, no está tampoco ese pudor. Antes a lo mejor en tu casa con tus padres era más complicado, las cosas han cambiado”, afirmó.
Botto señaló que los adultos se muestran “muy progres, muy progresivos”, pero Pergolini rechazó esa definición. “No, no, resignados. No, progres no”, respondió. Entonces recordó las ocasiones en las que él y su esposa se cruzaron en su hogar con parejas de sus hijos que no conocían.
“De estar así y que baja alguien y decir: ‘¿Y quién es?’. Claro, ¿no? ‘¿Y quién es esta chica?’. Tenemos tres, entonces claro. Entonces no tirábamos nombres nunca, ¿no? Porque... no sé, bajan a desayunar solas, hasta que un día dijimos: ‘Loco, ordenemos esto’”, relató el conductor.

Pergolini explicó que la situación podía continuar aun cuando el hijo o la hija ya se hubiera ido de la casa. “No voy a decir cuál de los dos, pero tengo que decir que se iba a trabajar igual y la dejaba, le decíamos: ‘¿Y tal?’. ‘No, no, se fue al trabajo y me dijo que lo espere acá’. Y nosotros como: ‘Mi amor, mi vida, mi cielo, la con... de tu hermana. Que tenés una hermana’. Y: ‘Que aprenda’. ‘No va a aprender nada’”, contó.
La conversación derivó luego en los métodos para fijar límites en la adolescencia. Pergolini cuestionó a quienes organizan las previas en sus casas con la intención de supervisar a sus hijos. “Están los padres de los compañeros: ‘Ah, no, nosotros hacemos la previa en casa porque así los controlamos’. Decís: ‘Igual están hechos pelota’. Bueno, controlalos mejor”, dijo.
También admitió que, con el paso de los años, empezó a preocuparse menos por las amistades de sus hijos que por los criterios de las familias que los reciben. “Voy a lo de Lilita, no te preocupás por Lilita, te preocupás por los padres de Lilita. ‘No, estuvo y nos presentó a la novia el papá’, me decían. Yo no quiero que te presente a la novia. ¿Qué tipo de familia te está mostrando este señor?”, ironizó.

Rada contó que había amenazado desde pequeña a su hija, Bianca, con intimidar a su primer novio junto a un grupo de amigos. “Toda la vida, Bianca, le dijimos con Agustín y todos sus amigos: cuando venga tu primer novio lo vamos a destruir. Desde que es chiquita. El primero lo vamos a hacer mierda con Fito, Larry, todos lo vamos a poner en ronda, le vamos a decir cosas. No pasó. No pasó”, reconoció.
Ante la pregunta sobre si alguna vez había retirado una puerta de su casa, Pergolini confirmó que lo hizo después de una discusión con uno de sus hijos. “Un hijo enojado, así, y yo: ¡pa!, portazo. Bueno, no dije nada. La segunda: ¡pa!, portazo. Fui a casa, saqué la puerta y dije: ‘Listo, cuando no pegues más portazos te la devuelvo’”, recordó.
Sin embargo, dijo que su enfoque cambió casi de inmediato cuando pensó en el futuro. “Pero después me di cuenta que va a elegir el geriátrico el tipo. Ahí me cambió por completo el concepto. A partir de ahí dije: las previas en casa. Y ahí es cuando aflojás, porque pensás a futuro, no en la ventaja del pibe”, señaló.
Botto intervino para sostener que las restricciones domésticas no siempre impiden que los adolescentes hagan lo que desean. “A corto plazo igual van a hacer lo que quieran. Estaba pensando lo de la puerta, yo les criticaba, pero en mi casa yo no había puertas, claro, por eso no podían sacar puertas. Vivíamos en un dúplex así todos juntitos, entonces no había puerta para sacar. Y yo hacía las cosas fuera de casa. No había puerta que me saquen”, expresó.
Pergolini cerró con un recuerdo de la autoridad de sus padres. “Yo siempre conté que mi mamá incluso me pegó un sopapo delante de mis hijos. Claro, para que vean lo que era esa señora, ¿no? ‘A mí no me hablás así’. ¡Pa!”, rememoró. Luego señaló que, aun en la adultez, la mirada de los padres conserva un efecto particular: “Te seguís sintiendo como niño, ¿no? Como diciendo: ‘Uy, cuando se vayan todos los parientes, la que me voy a comer acá’”.



