La propuesta de Ursula von der Leyen para que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea abre una fórmula de relación inédita entre Bruselas y un país no europeo: no supondría la adhesión al bloque, pero sí podría llevar la cooperación en comercio, defensa, energía, tecnología y materias primas a un nivel muy superior al actual. Este paso significativo llega en un momento en que Ottawa busca reducir su dependencia de Estados Unidos y Donald Trump amenaza con responder con nuevos aranceles si la iniciativa avanza. ¿Qué alcance concreto tendrá este vínculo?