Más de 400.000 niños menores de cinco años presentan actualmente desnutrición crónica en Colombia, de acuerdo con las estimaciones de Abaco - crédito Nicolás Téllez/Colprensa

La desnutrición crónica infantil no desaparece cuando termina la niñez. Sus efectos pueden acompañar a las personas durante buena parte de su vida y, al mismo tiempo, representar un costo para la economía colombiana. Esa es una de las principales conclusiones de dos investigaciones presentadas por la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (Abaco) y la Contraloría General de la República.

El estudio de Abaco, titulado La huella demográfica de la desnutrición crónica infantil en Colombia, calcula que 5.269.088 personas que viven actualmente en el país estuvieron expuestas a esta condición durante sus primeros años. La cifra equivale al 15,9% de la población colombiana.

Los efectos de la desnutrición crónica durante la infancia pueden afectar la capacidad cognitiva y el desempeño educativo años después -crédito Fernando Vergara/AP Foto

Las consecuencias identificadas abarcan aspectos que van desde el desarrollo cognitivo hasta las oportunidades laborales. De acuerdo con la investigación, quienes sufrieron desnutrición crónica durante la primera infancia pueden presentar una reducción de hasta 14,6 puntos en el coeficiente intelectual, perder hasta cinco años de escolaridad formal y registrar una disminución de hasta 54% en sus ingresos durante la adultez.

El problema, además, continúa afectando a los niños que actualmente viven en Colombia. La estimación de Abaco señala que 432.953 menores de cinco años presentan desnutrición crónica. El cálculo fue elaborado con base en la prevalencia de retraso en talla registrada para 2024 y las proyecciones de población del Dane publicadas en 2025.

El impacto no se queda en los hogares. Las capacidades cognitivas y la productividad que pueden perder los trabajadores que atravesaron esta condición durante su infancia también tienen consecuencias para las empresas. Según Abaco, esas pérdidas hacen que las compañías colombianas dejen de vender alrededor de 4.200 millones de dólares cada año.

El impacto económico también se refleja en la vida laboral, con menores ingresos para quienes estuvieron expuestos a la desnutrición durante sus primeros años -crédito Carlos Ortega/EFE

A ese efecto se suma otro cálculo sobre el mercado laboral. La organización estima que los ingresos que deja de recibir la fuerza laboral del país por las consecuencias asociadas a la desnutrición infantil representan cerca de 2 billones de pesos mensuales.

Las cifras fueron presentadas junto con el estudio sectorial sobre Desnutrición Crónica en Colombia de la Contraloría General de la República, publicado en agosto de 2026 con apoyo técnico de Abaco. El documento pone el foco en una dificultad institucional: Colombia no cuenta actualmente con una política pública diseñada de manera específica para prevenir, detectar, monitorear, tratar y reducir la desnutrición crónica.

Aunque existen instituciones, programas y acciones que intervienen sobre los diferentes factores relacionados con esta problemática, el organismo de control identifica vacíos para atender de forma particular el retraso en talla. La Contraloría establece una diferencia frente a la desnutrición aguda, que sí dispone de rutas de atención clínica definidas. Para la desnutrición crónica, según el estudio, no existen metas nacionales unificadas, indicadores de resultado verificables ni asignaciones presupuestales exclusivas.

Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de Abaco, advirtió sobre el impacto de la desnutrición crónica infantil en el desarrollo del país -crédito ICBF/Colprensa

Esta falta de herramientas dificulta medir con precisión la efectividad de las acciones que se ejecutan y hacer seguimiento a los recursos destinados a atender a la población infantil. Por esa razón, los estudios plantean la necesidad de una respuesta que permita coordinar de manera más clara las intervenciones relacionadas con el problema.

Abaco sostiene que las experiencias internacionales muestran una característica común en los países que lograron disminuir rápidamente la desnutrición crónica: la convirtieron en una prioridad de Estado. Esas experiencias, según la organización, estuvieron acompañadas por metas definidas, liderazgo desde los niveles más altos y una mayor coordinación entre sectores.

Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de Abaco, insistió en que las cifras deben servir para dimensionar el alcance de una problemática cuyos efectos se extienden mucho más allá de los primeros años de vida. “Las cifras de estos estudios demuestran que la desnutrición crónica infantil es una emergencia silenciosa que nos está costando el futuro de millones de adultos y el desarrollo de nuestra economía”, afirmó.