Decenas de migrantes acampan en la playa del Trampolín, en Ceuta, el pasado 3 de septiembre. (Marcos Moreno - Europa Press)

Tras casi cinco semanas durmiendo a la intemperie en playas y parques, escondidos en el monte, sin dinero y con escasa comida, muchos de los jóvenes marroquíes que entraron a nado a Ceuta a finales de julio están regresando a su país. Conscientes de que no van a poder entrar legalmente en España, al no reunir las condiciones para acceder al asilo, han optado por volver al lugar del que huyeron, donde el desempleo juvenil limita sus oportunidades y donde buena parte de esa generación expresa su rechazo a la desigualdad, la corrupción, el autoritarismo y los abusos de poder. Según datos de la Organización Mundial de Trabajo, unos 2,9 millones de personas marroquíes de entre 15 y 29 años ni estudian ni trabajan.

A lo largo de estas semanas, muchos de los jóvenes se han enfrentado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y al rechazo de la población ceutí, que exige soluciones para recuperar la normalidad. Uno de los episodios más tensos se produjo el pasado 27 de agosto en una de las playas de la ciudad, cuando grupos organizados quemaron y destruyeron parte de un campamento improvisado en el que dormían decenas de migrantes. Y es que la solidaridad previa de buena parte de los vecinos se han transformado con el paso del tiempo en un creciente malestar ante “la falta de respuestas oficiales eficaces” para atajar la crisis.

Según han informado fuentes policiales a la agencia EFE este domingo, más de 700 migrantes marroquíes han abandonado de forma voluntaria la ciudad a lo largo de esta semana ante la falta de un lugar para poder dormir y la confirmación de que no serán regularizados. Algunos regresan solos por el mismo lugar por el que entraron, mientras que otros lo hacen junto a familiares o amigos que también cruzaron a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Muchos de ellos aseguran que tomaron la decisión alentados por mensajes difundidos en redes sociales y por el boca a boca, aunque también explican que los gendarmes marroquíes desplegados en la frontera “no les impidieron el paso”.

La cifra puede aumentar en los próximos días

Las fuentes policiales sostienen que esa cifra de jóvenes que decide salir de Ceuta podría incrementarse en las próximas semanas, sobre todo coincidiendo con las adversas condiciones meteorológicas, una situación que podría influir en la decisión.

El Ministerio del Interior calcula que en Ceuta quedan unas 5.000 personas migrantes mientras que el Gobierno ceutí eleva esta cifra a 9.000. La mayor parte de quienes no han podido acceder a alguno de los dispositivos de atención humanitaria habilitados por el Ejecutivo central están acampados en la playa del Trampolín o en las inmediaciones de la barriada de Loma Colmenar.

Por otro lado, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, ha asegurado que las carpas instaladas en el puerto de Ceuta para acoger a migrantes tendrán un carácter “temporal” y se desmontarán una vez que estas personas sean devueltas a su país de origen. “Las carpas son temporales, son casetas que van a ser desmontadas y, por tanto, no es para que se queden en Ceuta”, ha indicado Torres al canal 24 Horas de TVE en declaraciones recogidas por Europa Press.

Según ha explicado el ministro, este tipo de instalaciones buscan facilitar la filiación de los migrantes que aún permanecen en la ciudad y, en caso de que no reúnan los requisitos de protección internacional, serán devueltos. “Cuanto antes los filiemos, antes podrán ser devueltos”, ha detallado.

El ministro ha reprochado que se cuestionen de forma sucesiva las alternativas planteadas para alojar de forma provisional a los migrantes, mencionando en ese sentido el hospital militar, el acuartelamiento Fiscer, los polideportivos o la fábrica de harina, espacios que también han suscitado rechazo vecinal o institucional.