Paula Fernández
Santiago de Compostela, 27 ago (EFE).- Pese a vivir el invierno más lluvioso de los últimos 25 años, parte de Galicia está en alerta por sequía, una situación influida en gran parte por su geología y que ha reavivado el debate sobre las posibles soluciones, desde reducir las pérdidas de la red y estudiar las aguas subterráneas hasta construir nuevos embalses.
A mediados de febrero, la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, aseguró que en los 44 días previos había llovido tanto en Galicia como para abastecer a la comunidad durante 113 años.
Este verano, y tras varios meses muy secos, 32 municipios de las provincias de A Coruña y Pontevedra están en alerta por sequía y otros 59 en situación de prealerta por escasez moderada.
Esta aparente paradoja se explica porque la relación entre precipitaciones y reservas de agua no es tan lineal, y en Galicia está muy influida por su geología granítica, que no logra retener bien el agua de lluvia.
"Son rocas en general muy duras, están poco fracturadas, poco meteorizadas, entonces no existen los grandes acuíferos o embalses de agua subterránea que hay en otras partes de la península", explica a EFE el profesor de la Universidade de Santiago de Compostela Jorge Dafonte, experto en gestión de recursos hídricos.
A esto se unen las altas tasas de evaporación provocadas por las altas temperaturas de este verano, una red limitada de presas para abastecimiento orientadas a las ciudades y con embalses destinados sobre todo a la producción hidroeléctrica, el gran incremento de la población en la costa en verano y que los ríos en Galicia son muy cortos.
La sequía ha reavivado el debate sobre posibles soluciones y la conselleira de Medio Ambiente abogó recientemente por construir más embalses para almacenar más agua.
Esta medida es la que defiende el alcalde de Vigo, Abel Caballero, para resolver los problemas de escasez en la ciudad más poblada de Galicia y sus alrededores, puesto que hace tiempo que pide construir una nueva presa aguas arriba del río Oitavén.
Sin embargo, la solución no convence a todos. El profesor Dafonte señala que, si bien no descarta la construcción de embalses, debería ser "la última opción" por los costes económicos y ambientales que acarrea.
Antes, pide enfocarse en evaluar las pérdidas de agua en la red -en 2024 fueron del 18 %, según el Instituto Nacional de Estadística-, reducir los consumos y reutilizar el agua de depuradoras para baldeos o riego de jardines.
La conselleira también ve necesario trabajar en el estudio de las aguas subterráneas, algo en lo que coincide el experto, que propone crear una red de pozos a semejanza de lo que existe en Madrid.
Por su parte, la organización ecologista Adega tampoco es partidaria de más embalses y propone apostar por una nueva cultura del agua y una gestión sostenible basada en la reducción del consumo y la eficiencia.
La entidad ha apuntado además al impacto negativo de las industrias de alto consumo, el monocultivo de eucalipto, la ganadería intensiva responsable de la contaminación por nitratos y la pérdida de hábitats higrófilos como las turberas.
Mientras tanto, el verano seco ha dado paso a una semana de lluvias, pero todavía no han sido suficientes para que los técnicos de la Xunta levanten la alerta por sequía.
Según Dafonte, es necesario que la capa superficial se sature totalmente y el agua se filtre a zonas más profundas, para lo que tienen que caer al menos 100 litros por metro cuadrado a lo largo de varios días y no de forma torrencial.
No obstante, sí han servido para detener el descenso de los caudales de los ríos. EFE
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