
La estudiante cubana Liz Marien Luque enfrenta cada jornada académica como un desafío doble. Más allá de la exigencia propia de la carrera de Medicina, la joven debe sobreponerse a las restricciones crecientes que impone la crisis social y económica en Cuba.
La falta de electricidad y las limitaciones de acceso a internet se han convertido en obstáculos diarios, según relata a través de redes sociales. Su experiencia refleja la realidad de miles de universitarios en la isla, quienes deben buscar alternativas para continuar con sus estudios en un entorno marcado por la precariedad.
El acceso a la educación superior en Cuba se promociona como un derecho garantizado, pero la experiencia cotidiana de los estudiantes contrasta con el discurso del régimen. Por medio de un video, Liz Marien explica que cada mes dispone de un paquete de datos móviles que difícilmente cubre las necesidades académicas.
“Aquí le compramos el Etecsa (empresa de telecomunicaciones) por 370 CUP (aproximadamente USD 15), seis gigas y en el mes no puedes volver a comprar. Y a los universitarios nos dan seis gigas más, por lo que suman doce, pero créanme, eso no da ni para quince días porque todo es digital y a veces ni señal hay”, cuenta. El acceso limitado a internet obliga a muchos jóvenes a depender de recargas enviadas por familiares desde el exterior, un recurso del que no todos disponen.
Apagones eléctricos dificultan el estudio y el descanso de los estudiantes
La situación se agrava con los apagones eléctricos, un fenómeno recurrente en la isla. Liz Marien recuerda noches en las que, agotada, terminaba dormida sobre la mesa, iluminada apenas por un pequeño bombillo mientras intentaba avanzar en sus resúmenes.
“No le puedo explicar la cantidad de veces que me he quedado dormida en la mesa haciendo mis resúmenes en plena oscuridad, alumbrando solo con un bombillito. Y esto no es una queja, es la realidad mía y de muchos cubanos”, afirma la joven. La interrupción constante del suministro eléctrico afecta tanto el descanso como el rendimiento académico de los estudiantes, quienes deben reorganizar sus rutinas para aprovechar los escasos momentos de luz.

La conectividad limitada no solo impacta en el acceso a materiales académicos, sino que también dificulta la comunicación con profesores y compañeros. Las plataformas digitales, convertidas en herramientas esenciales de aprendizaje, resultan inaccesibles durante buena parte del mes para quienes no cuentan con apoyo financiero externo. “El que no tenga un familiar que le recargue del exterior tiene que ver cómo se inventa para poder sobrevivir al mes”, señala Liz Marien.
La crisis energética en Cuba ha generado protestas y reclamos en múltiples provincias. Las autoridades reconocen dificultades para mantener el servicio, pero insisten en que los fundamentos del sistema educativo permanecen intactos. No obstante, testimonios como el de Liz Marien y otros estudiantes universitarios evidencian una realidad en la que la gratuidad formal de la educación se enfrenta a barreras materiales insalvables.
“Ya me estoy preparando psicológicamente para la batalla, pero no contra mi carrera porque la amo, sino contra la crisis que presenta mi país”, resume Liz Marien en su testimonio.