Entre globos, abrazos y la emoción visible del personal médico, Emir, un niño de 10 años oriundo de Piura, salió de alta del Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen tras someterse a una cirugía de alta complejidad que le permitió recuperar la capacidad de alimentarse por la boca después de casi una década. El menor, diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista, había perdido esa posibilidad cuando apenas tenía un año y siete meses.
El equipo de especialistas de EsSalud (Seguro Social de Salud del Perú) construyó una nueva vía digestiva mediante una técnica quirúrgica conocida como tubo gástrico, un procedimiento que reemplaza el esófago dañado con tejido del propio estómago del paciente. La intervención marcó el final de un largo recorrido de hospitalizaciones, tratamientos fallidos y adaptaciones familiares para sostener la alimentación del niño por una vía artificial.

La historia de Emir se remonta a un accidente doméstico ocurrido cuando tenía apenas un año y siete meses. En ese episodio, ingirió de manera accidental una sustancia corrosiva que provocó lesiones graves en el esófago y el estómago. El daño derivó en una estrechez progresiva del conducto esofágico, que con el tiempo impidió el paso normal de alimentos hacia el aparato digestivo.
Desde ese momento, la infancia del niño quedó marcada por controles médicos constantes y procedimientos orientados a preservar su nutrición. Durante ocho años consecutivos, Emir se alimentó mediante una gastrostomía, un dispositivo que traslada los nutrientes de forma directa al estómago sin que intervenga la vía oral ni el esófago.

Las dilataciones repetidas no lograron frenar el estrechamiento del esófago
En los años posteriores al accidente, los especialistas que atendieron a Emir intentaron restablecer el funcionamiento del esófago mediante sucesivas dilataciones, un procedimiento que busca ampliar mecánicamente la zona estrechada para permitir el tránsito de alimentos. Sin embargo, la estenosis reaparecía después de cada intervención, lo que obligaba a repetir el proceso sin lograr una solución definitiva.
A esta dificultad se sumaron complicaciones respiratorias recurrentes, causadas por el ingreso de saliva hacia las vías respiratorias del niño, además de problemas persistentes para mantener un estado nutricional adecuado. La combinación de estos factores llevó a que el caso de Emir fuera derivado a un centro de mayor capacidad resolutiva.

El equipo de EsSalud ejecutó un reemplazo esofágico con técnica de tubo gástrico
Cuando Emir ingresó al Hospital Almenara, los especialistas realizaron nuevos estudios diagnósticos que revelaron un compromiso casi total del esófago. Ante ese escenario, el equipo médico determinó que la única alternativa viable era un reemplazo esofágico completo, procedimiento reservado para los casos más severos de daño estructural del conducto digestivo.
La técnica elegida, denominada tubo gástrico, consiste en utilizar una porción del propio estómago del paciente para construir un nuevo conducto que conecte la boca con el aparato digestivo. La cirugía se realizó el 27 de julio de 2026 mediante abordaje laparoscópico, lo que redujo la invasividad del procedimiento pese a su complejidad técnica. “Es una cirugía de alta complejidad”, explicó el cirujano pediatra Ronald Gallegos, quien lideró la intervención y subrayó que el proceso de recuperación exigió el trabajo coordinado de un amplio equipo multidisciplinario.

La recuperación evolucionó de forma favorable en las semanas posteriores a la cirugía
Desde la intervención, Emir mostró una evolución favorable que permitió a los médicos autorizar el inicio de la alimentación oral. Actualmente, el niño ya puede ingerir alimentos líquidos y los tolera de manera adecuada, según confirmaron los especialistas de EsSalud a cargo del seguimiento posoperatorio.
De acuerdo con el equipo tratante, la incorporación de alimentos de mayor consistencia se realizará de forma progresiva hasta que Emir alcance una dieta similar a la de cualquier niño de su edad. En su atención participaron profesionales de cirugía pediátrica, pediatría, neumología pediátrica, cardiología, infectología, cuidados intensivos pediátricos, nutrición clínica y gastroenterología pediátrica, un despliegue que refleja la magnitud del caso.

Para la familia de Emir, el alta representa el cierre de ocho años de lucha
Para Zeneida Mezones Velasco, madre del niño, la salida del hospital significó mucho más que el fin de una hospitalización. “Fueron ocho años de lucha consecutiva para poder tener una mejor calidad de vida”, recordó la mujer, que acompañó a su hijo durante cada etapa del proceso médico.
“Yo soy la mamá más feliz que puede haber en esta vida”, afirmó Mezones al describir el momento del alta. Aunque Emir se comunica con pocas palabras debido a su condición dentro del espectro autista, su madre aseguró que basta con observar su sonrisa para comprender su estado de ánimo. “Es un niño muy luchador, y formamos un buen equipo con él”, concluyó.