Un informe de UNICEF analiza la fuerte caída de la natalidad en Argentina y advierte que el descenso no es homogéneo. Los nacimientos disminuyen con mayor intensidad entre mujeres de sectores medios y altos, mientras la fecundidad continúa siendo más elevada en los hogares vulnerables.

Foto: UNICEF

La Argentina atraviesa una transformación demográfica de enorme magnitud. Los nacimientos se redujeron casi a la mitad en apenas una década y, de acuerdo con las proyecciones de UNICEF, en 2036 el país tendrá casi un millón menos de niñas y niños.

Pero el dato que obliga a mirar más allá de las cifras generales es otro. Si la tendencia actual se mantiene, una proporción cada vez mayor de las infancias nacerá en hogares atravesados por condiciones de vulnerabilidad social.

El informe “Natalidad en Argentina. Descenso reciente y perspectivas”, elaborado por el Monitor de la Niñez y la Adolescencia de UNICEF, analiza las causas y consecuencias de un fenómeno que excede ampliamente la discusión sobre cuántas personas nacen en el país.

Los números muestran un desplome sin precedentes recientes. Los nacimientos pasaron de 777.012 en 2014 a 413.135 en 2024, una caída del 47%. El descenso duplica el promedio mundial, estimado en 21%, y se encuentra entre los más pronunciados de América Latina, apenas por detrás de Chile.

La tasa global de fecundidad también alcanzó un mínimo histórico. 1,3 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para garantizar, en términos demográficos, el reemplazo de la población.

La caída de la natalidad no afecta a todos por igual

El debate sobre la reducción de los nacimientos ganó espacio en la agenda política durante los últimos meses, incluso con intervenciones del presidente Javier Milei, quien llegó a responsabilizar a los movimientos feministas por la caída de la natalidad.

Sin embargo, el informe de UNICEF plantea un escenario bastante más complejo. No hay una única explicación ni una única experiencia frente a este cambio demográfico. Las desigualdades sociales, educativas, económicas y territoriales atraviesan de manera directa las decisiones reproductivas.

Una de las diferencias más marcadas aparece al observar el nivel educativo de las mujeres. Entre quienes tienen secundaria completa o más, la tasa pasó de 60,5 nacimientos cada mil mujeres en 2014 a 29,4 en 2024.

En cambio, entre las mujeres con primaria completa o menos, pasó de 105,5 a 47,3 nacimientos cada mil. Aunque también se trata de una reducción significativa, la fecundidad continúa siendo considerablemente más alta entre los sectores socialmente más vulnerables.

La misma desigualdad aparece cuando se mira el territorio. La magnitud de la caída varía considerablemente entre provincias. Santa Cruz registra el mayor descenso, mientras que Misiones presenta una reducción mucho más moderada.

Para UNICEF, esta heterogeneidad resulta central a la hora de pensar las políticas públicas. “La baja fecundidad avanza sobre un mapa provincial muy desigual”, señaló Carolina Aulicino, Oficial de Política Social de UNICEF Argentina, quien planteó la necesidad de orientar las intervenciones hacia las provincias, departamentos y grupos sociales que enfrentan mayores dificultades.

Un país con menos infancias, pero con mayores desafíos sociales

Las proyecciones para las próximas décadas abren distintos escenarios. UNICEF contempla la posibilidad de que a partir de 2030 se produzca una recuperación de la fecundidad. También considera posible que la tasa continúe en niveles bajos, entre 1,3 y 1,5 hijos por mujer.

Incluso si se produjera un repunte, el cambio demográfico ya tendría consecuencias importantes: para 2036, la cantidad de niñas y niños en Argentina sería casi un millón menor.

La cuestión, entonces, no pasa solamente por el volumen de nacimientos. Si la reducción continúa concentrándose entre los sectores medios y altos y la fecundidad permanece relativamente elevada en los hogares pobres, el mapa de la infancia argentina también cambiará.

En ese escenario, UNICEF anticipa demandas sociales más concentradas territorialmente. Es decir, menos infancias en términos generales, pero una mayor proporción de ellas viviendo en contextos donde las necesidades de acceso a educación, salud, cuidados, protección y condiciones materiales adecuadas son más acuciantes.

La discusión sobre natalidad también es una discusión sobre cuidados

El informe incorpora además una dimensión que suele quedar relegada cuando el debate se reduce a las tasas de fecundidad: las condiciones en las que se cría a las infancias.

Los datos recientes de UNICEF muestran que el 4% de los hogares argentinos donde viven niñas y niños de hasta cinco años delega tareas de cuidado en un hermano menor de diez años. La proporción asciende al 12% entre los hogares con niños y niñas con discapacidad.

La distribución de esas tareas también continúa marcada por las desigualdades de género. Las mujeres dedican más tiempo que los varones al trabajo doméstico y de cuidados, incluso cuando se comparan situaciones laborales diferentes. Una mujer ocupada destina, en promedio, 5 horas y 39 minutos diarios a cuidados familiares y domésticos, mientras que un varón desocupado dedica 4 horas y 3 minutos.

Menos embarazos adolescentes, uno de los datos positivos

No todo el escenario que describe UNICEF es negativo. Uno de los cambios más relevantes es la reducción a la mitad de la fecundidad adolescente. Se trata de un dato particularmente significativo porque una proporción importante de esos embarazos no son deseados.

Al mismo tiempo, el informe advierte que la postergación de la maternidad no necesariamente se traduce en una recuperación posterior de los nacimientos. Las decisiones reproductivas están atravesadas por las condiciones económicas, sociales y culturales de cada época.

Por eso, reducir el fenómeno a una supuesta falta de voluntad de las mujeres para tener hijos -o atribuirlo exclusivamente a determinadas corrientes políticas o culturales- deja afuera buena parte de las variables que intervienen en el proceso.

El desafío: dejar de contar nacimientos y empezar a mirar condiciones de vida

Frente a este escenario, UNICEF propone un cambio en la manera de pensar las políticas públicas. El foco debería desplazarse del número total de nacimientos hacia quiénes nacen, dónde y en qué condiciones.

Eso implica incorporar variables como pobreza, nivel educativo, inserción laboral de los hogares, acceso a sistemas de cuidado y diferencias entre zonas urbanas y rurales.

“El desafío será mirar a la niñez futura con una lógica distinta”, sostuvo María Elena Úbeda, Representante Adjunta de UNICEF en Argentina, durante la presentación del informe.

La pregunta, según planteó, ya no debería ser únicamente cuántas niñas y niños nacerán en Argentina, sino en qué hogares lo harán, cuáles serán sus condiciones materiales de vida y qué posibilidades tendrán de acceder a cuidados, salud, educación y protección.

Porque detrás del descenso de la natalidad no hay solamente una curva demográfica. Hay también una transformación de la estructura social argentina que, si no es acompañada por políticas públicas capaces de anticiparse, puede profundizar las desigualdades que ya existen.

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