
Hace solo unos días, en un salón de Londres, en el marco de una de las citas vitivinícolas más selectas del mundo, apareció en la pantalla gigante una etiqueta con la bandera argentina.
Ese instante coronó un recorrido de siete años que empezó en 2019, cuando José “Pepe” Morales llegó a Huentala Wines y, caminando un viñedo de Gualtallary, notó algo que todavía no podía explicar con palabras técnicas.
Ese hallazgo se convirtió después en microvinificación por parcela, en años de prueba y error en barrica y, finalmente, en el Huentala Calizo Albar Block 06 Malbec 2023, el vino que le arrebató a Francia el trofeo al mejor tinto del mundo tras cinco ediciones consecutivas de dominio galo -y otras tantas en manos de bodegas europeas-.
En una charla con Infocampo, el propio padre de la criatura reconstruyó, bloque por bloque, el proceso técnico detrás de ese resultado que colocó la vitivinicultura argentina en la cima de la élite mundial.
LA IMPORTANCIA DEL VIÑEDO
José “Pepe” Morales, una respetada y querida figura dentro de la vitivinicultura contemporánea en Argentina, llegó a Huentala Wines hace siete años después de haber trabajado en una bodega de Pedernal, San Juan, donde ya venía de una experiencia de estudio de suelos.
Esa mirada la trasladó a Gualtallary, donde en el recorrido por el viñedo encontró algo que lo sorprendió. “Recorriendo el viñedo veo que había cosas muy particulares”, contó.
Incluso antes de poder probar la fruta -ya que esa primera impresión se dio en el mes de septiembre-, la diversidad del lugar se notaba a simple vista.
“Cuando caminaba la finca, al principio sin saber nada, veía la misma diversidad que encontraba en Pedernal. No podías probar uva, pero veías que era todo distinto”, relató.
Esa observación derivó en la propuesta de un estudio de suelos junto al ingeniero Guillermo Corona, que la pandemia postergó, pero que en 2020 terminó confirmando lo que Morales ya intuía por catación.
El estudio marcó dos sectores puntuales dentro de la finca como especialmente distintos, el Block 3 y el Block 6, y esas dos parcelas coincidieron, a grandes rasgos, con las zonas que Morales venía señalando en sus recorridas.
LA PRIMERA DECISIÓN CLAVE
En ese momento, Huentala todavía no tenía bodega propia, es decir su establecimiento, y elaboraba en Finca Ambrosía, junto al enólogo Matías Macia. Morales le propuso separar esas parcelas del resto de la producción, algo que en un establecimiento sin infraestructura de sobra no fue una decisión menor.
“Le dije a Mati que necesitaba que esto lo hiciéramos por separado porque era diferente”, recordó. La respuesta fue pragmática, cuatro barricas de cada lote y control diario a cargo del propio Morales.
Los resultados de esas microvinificaciones llamaron la atención desde el arranque. Con el estudio de suelos ya validado a fines de 2020, la bodega decidió mantener separados los dos lotes, los vinificó en volúmenes acotados y los llevó a barrica sin mezclarlos con el resto de la producción.
ENTENDER LA COSECHA
El corazón técnico del proceso pasó por identificar con precisión el punto de cosecha, algo que cambia año a año según las inclemencias climáticas de cada temporada. Morales trabajó junto a Agustín Muñiz, enólogo de la bodega, y probó la uva en el viñedo antes de tomar cualquier decisión.
“Es probar permanente antes de la cosecha. Tenés ventanas muy cortitas, de dos o tres días”, explicó. La cosecha fue manual y selectiva, con Mauricio Levi, encargado de la finca, a cargo de capacitar al personal para hacer una selección en planta antes de que la fruta llegara a bodega.
Una vez definidos los polígonos de lo que en la bodega llamaron “la isla” del Block 6 y la isla del Block 3, cada parcela se vinificó por separado, en microvinificación, con control sensorial permanente para definir el tiempo de maceración.
“No hay nada extraordinario. Es más que nada sensorial y tratar de respetar las condiciones del lugar”, resumió Morales.
Después del descube, el vino pasó a barrica de roble francés, donde permaneció entre 22 y 24 meses. La bodega trabajó con varias tonelerías y tostado medio, y priorizó el segundo uso de la barrica antes que el primero, aunque la decisión puede ir variando según cada cosecha.
En el caso del 2023, por ejemplo, un porcentaje de barricas de primer uso funcionó especialmente bien, algo que no siempre se repite.
“Es entender cada cosecha”, señaló Morales, y agregó que también se ajustaron las proporciones de cada barrica según cómo evolucionó el vino, no solo según la parcela de origen.
EL FACTOR GUALTALLARY
El origen de este vino también juega su papel. No es ninguna novedad que Gualtallary es la cuna de varios de los mejores ejemplares de Argentina y el mundo. Desde hace tiempo, esta subregión dentro de Tupungato viene dando grandes alegrías a los viticultores y la explicación viene en parte por sus condiciones de suelo y su particular clima con una marcada y demostrada amplitud térmica.
Para Morales, la clave está en la combinación de una enorme diversidad de suelos en distancias muy cortas y una amplitud térmica marcada dentro del propio viñedo.
“Hay partes del viñedo que son un poquito más frescas que otras y salen vinos distintos”, explicó.
El objetivo de la bodega fue que esas diferencias, que el equipo técnico percibió en el campo, se trasladaran a la copa de manera amable, sin estridencias.
DE LA CATA A CIEGAS AL PODIO MUNDIAL
La 2023 fue, según Morales, una cosecha adelantada respecto de años anteriores, decisión que la bodega tomó ya con su propio establecimiento en funcionamiento desde 2022, lo que le dio más margen de maniobra para definir el momento exacto de cosecha antes de días de calor intenso.
Los primeros indicios de que esos vinos tenían un potencial fuera de lo común llegaron en 2023, con la primera añada -2020- del Block 6, cuando la bodega decidió enviar muestras al IWC bajo nombres separados, como una forma de probarlos en catas ciegas frente a jueces internacionales.
El resultado fue contundente, el Calizo Carmín obtuvo 97 puntos y el Calizo Álvarez 96, ambos con distinciones de primer nivel. A partir de ahí, la bodega consolidó la línea y empezó a calificar año tras año por encima de los 95 puntos con distintos críticos internacionales.
Ese recorrido llegó a su punto más alto en 2026, cuando el Huentala Calizo Albar Block 06 Malbec 2023 fue elegido IWC Champion Red Wine, el trofeo al mejor vino tinto del certamen, tras haber ganado antes el Mendoza Malbec Trophy, el Argentinian Malbec Trophy y el Argentinian Red Trophy.
Para Morales, el peso simbólico del logro estuvo justamente en el formato del concurso, donde los principales Master of Wine del mundo prueban a ciegas cada etiqueta.
“Cuando vos lo tapás, el vino va solo. No hay historia, no hay nada, es el vino el que se manda solo, con toda la calidad posible”, planteó.
Para Morales, el logro excede a Huentala Wines y marca un antes y un después para el Malbec argentino en el circuito de concursos internacionales más exigentes.
De cara al futuro, el enólogo remarcó que el trabajo en Gualtallary sigue siendo un proceso de aprendizaje permanente que aún guarda muchas alegrías para el futuro.
“Todavía no terminamos de interpretar el lugar, nos falta estudiar. Nos vamos a seguir topando con cosas muy buenas”, cerró.




