
España ha demostrado durante años que, cuando existen medios, esfuerzo e interés, es posible sacar de la amenaza de la desaparición a las especies autóctonas. El lince ibérico —que continúa en estado “vulnerable”, pero que ha dejado atrás la categoría de “peligro crítico de extinción”— es el mayor ejemplo. Sin embargo, en nuestro país hay muchos otros mamíferos cuya situación es alarmante.
Es el caso del gato montés (Felis silvestris), un felino similar al gato doméstico, aunque con un aspecto más corpulento y un tamaño mayor. Presente en varios países de Europa, en la Península Ibérica sufre una gran fragmentación, a lo que se suman lagunas de conocimiento sobre su abundancia que suponen de por sí una amenaza para su conservación.
Tal y como señaló hace unos meses la Sociedad Ibérica para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) en un comunicado, mientras que con anterioridad la especie ocupaba casi toda la Península Ibérica, hoy hay grandes áreas vacías de este animal en España y en Portugal.

Los seguimientos realizados en los últimos años, cuyos datos para España se han obtenido gracias a un proyecto de monitorización financiado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), han permitido observar una pérdida superior al 30 % del área de distribución del gato montés en nuestro país. De hecho, se cree que puede haber desaparecido o haberse extinguido por completo de las provincias de Huelva, Cádiz y de la mayor parte de Sevilla.
La situación en Portugal también es preocupante. Se estima que la especie ha sufrido ya o podría sufrir en breve un declive poblacional del 20 %; además, tal y como señala la SECEM, deben quedar menos de 100 individuos en un área menor a los 500 kilómetros cuadrados.
El escenario podría ser incluso más grave, puesto que “la información disponible sobre la evolución de su distribución y abundancia está dispersa y no estandarizada, lo cual introduce un elevado grado de incertidumbre en estas estimaciones”.

En la Península Ibérica, además, hay dos situaciones diferentes con respecto al gato montés, según señaló hace unos años un grupo de 30 especialistas ibéricos. Mientras que en el norte y el noreste la especie está aparentemente bien distribuida y con densidades relativamente elevadas, en el sur y el centro peninsular hay una baja ocupación con una fragmentación extrema y una baja densidad.
Las amenazas a las que se enfrenta el gato montés
El futuro del gato montés está comprometido por varias amenazas crecientes, como se indica en la Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). La destrucción de su hábitat, el uso de métodos no selectivos de control de depredadores en los cotos de caza menor y las excesivas densidades de jabalí y ciervo que se alcanzan en las fincas de caza mayor —y que eliminan conejos y roedores, parte de su dieta principal, al igual que las aves— reducen significativamente sus poblaciones.
Además, el gato montés ha estado históricamente perseguido por el ser humano por ser considerado precisamente una amenaza para las especies cinegéticas, aunque actualmente se encuentra incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE). También puede ser atacado por perros y por el propio lince ibérico.

Algunos parásitos perjudican a la especie, que es sensible además a los virus que afectan a los gatos domésticos, como la panleucopenia o la coriza, potencialmente mortales para los individuos jóvenes.
Una especie clave para el funcionamiento de los ecosistemas
Asociaciones como la SECEM reclaman que el gato montés sea incluido en nuestro país en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría de “vulnerable”, mientras que en Portugal la situación se corresponde con el estado de “en peligro” según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
No solo eso, sino que también exigen que se redacten en nuestro país de forma urgente los planes de conservación autonómicos y la estrategia nacional para coordinar la conservación de este felino, así como que se ponga en marcha una estrategia ibérica conjunta entre España y Portugal.
Además, piden que se inicie el diseño y la planificación de un programa de conservación ex situ para salvaguardar el patrimonio genético de la especie como el que ya existe para el lince ibérico. Esto podría servir como complemento a las actuaciones in situ en áreas en las que el gato montés presente un elevado riesgo de desaparición por su reducido tamaño poblacional y su elevado aislamiento.
“Solo así será posible evitar la desaparición de una especie clave para el funcionamiento de los ecosistemas de la Península Ibérica y para el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que estos proporcionan”, señala la SECEM, que defiende que la extinción del gato montés supondría la grave pérdida para el patrimonio natural ibérico.


